Traición a la idea

El ultraofensivo Argentina pagó el precio de su conservadurismo en la final de la Copa América y sufrió un doloroso golpe que aumenta su sequía de títulos
Argentina se despertó ayer con el sinsabor de otra derrota en una final. Pero la del sábado fue especialmente dolorosa. No tanto por la instancia –la de la final del Mundial dejó un sabor casi a irreparable, por lo difícil que es llegar hasta allí-, pero la de la Copa América ante Chile dejó el dolor de la traición a sus ideas.

Tras apabullar con fútbol durante toda la Copa América, Martino, y Argentina toda, se achicó en la final. Esa fue la lectura que hacían ayer muchos analistas en la vecina orilla, que no podían creer como la albiceleste abdicó de todo lo que la había llevado hasta ese partido decisivo.

En el camino hasta la definición, el equipo albiceleste mostró la prepotencia del talento que mostraba su fútbol. Messi fue el titiritero, Di Maria y Pastore sus partenaires. Pero además apareció Agüero para definir, los laterales Zabaleta y Rojo para subir y mostrarse como socios, Mascherano y Biglia para ser el equilibrio de un equipo que tenía la pelota. No siempre se tradujo al score, como ante Colombia, pero el equipo mostraba un poder de fuego llamativo, y sobre todo, un convencimiento en su idea.

En síntesis: Argentina jugó durante todo el torneo a tener la pelota más que al rival, a no prestársela. Así asfixió en posesión, y haciendo correr más al rival pudo generar los espacios para ganar, a veces golear y llegar hasta el partido definitorio. Pero allí abdicó de todo: apeló al respeto al rival, a ceder la pelota en grandes tramos, a renunciar a ganar los partidos por tener más fútbol que su rival.

Era una apuesta valiente la de Martino. Luego que su antecesor Alejandro Sabella llegara a la final del Mundial con un planteo francamente conservador, no había mucha razón para cambiar. Pero el DT se animó a romper esquemas, apoyado en tener al mejor jugador del planeta. Los amistosos pre copa dejaron la idea bien clara, y la frase de "Tata nos pide ataque ataquemos y busquemos por abajo" se convirtió en mantra.

"Nuestra tendencia siempre es el riesgo. Nos centramos en esa idea", dicho Martino al inicio de la copa. Y la Copa le dio la razón. Hasta la final, Argentina fue el segundo equipo con más posesión con 66%, con más tiros por partido (16 en promedio), con más goles macados (15), siempre detrás de Chile. Pero números se derrumbaron en la final (ver cifras).

¿Mérito chileno? Por supuesto: se planteó cortarle todos los circuitos al rival. Pero no abdicó de lo otro, y por eso ganó la batalla táctica.

En el fondo, lo de Sampaoli, no fue muy diferente: en el choque de trenes ofensivos de esta Copa América también apostó, ante todo, por no ceder espacios. Pero le agregó varios argumentos para ganar la batalla táctica: aplicó presión alta sobre los defensas de Argentina para obligarlos al pelotazo. Y tuvo más velocidad para recuperar posiciones defensivas y no dejar crear a Argentina.

Con espacios nulos, los circuitos de Argentina desparecieron. Y el equipo de Martino optó por jugar a la individual: una sucesión de corridas de Messi, de Pastore, de Di María, y el mejor ejemplo fue la lesión del jugador de Manchester, en una jugada individual.

Así y todo, con menos llegadas, Argentina generó casi el mismo peligro, por el peso de sus individualidades. Pero no le alcanzó con eso, y por eso el triunfo de Chile fue el triunfo del equipo.
"De mitad de campo hacia adelante nos tuvieron controlados, pero Valdivia y Alexis Sánchez también. Los dos equipos nos neutralizamos bien", fue la frase de Martino después de la final, mostrando que había corrido dramáticamente el eje táctico.

La pregunta quedará escrita por siempre, como quedan cada vez que un equipo pierde una final: ¿Qué hubiese pasado si Martino hubiese confiado en el enorme talento del que disponía, y hubiese ido hacia adelante? La pregunta seguramente carcoma al DT.

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