Se destapó la bestia Argentina

El equipo de Martino se floreó ante un Paraguay que duró solo un tiempo y se derrumbó en el segundo: 6-1

A Argentina no podés jugarle de igual a igual. Eso se sabía hace tiempo. Pero quizás a partir de ahora haya que agregarle otro aprendizaje: contra este equipo de Messi, quizás solo se pueda jugar como Uruguay en la primera fase de esta Copa América: con 10 defensas replegados en el área.

Ayer Paraguay intentó sorprender y presionarlo en toda la cancha, y aunque hizo 20 minutos perfectos terminó sucumbiendo: fue goleada 6-1 para enfrentarse en la final a Chile, con un continente detrás, hinchando porque la "copa de la sospecha" no termine en manos locales.

Enorme primer tiempo
El primer tiempo emocionó. Porque mostró todas las variantes que puede tener un partido con dos equipos convencidos de los suyo, y jugando a alto nivel.

Paraguay arrancó dando un valiente argumento táctico de cómo jugarle al equipo del mejor futbolista del planeta: presión arriba, en la mitad de la cancha o más adelante. Rapidez para anticiparse a los pases a Pastore, Di María y sobre todo Messi, a quien le hicieron una jaula táctica zonal que impidió por varios minutos que siquiera tocara la pelota.

Encima, el equipo de Ramón Díaz hacía la otra parte del libreto: adelantarse rápido, en dos pases, abriendo la cancha y probando centros o diagonales, lo que le daba un par de llegadas claras.

Pero claro, hacer eso contra Argentina es difícil de mantener durante 45 minutos. Entonces, sin poder tener la pelota y jugar, el equipo de Martino supo ponerse el overol y llegar al gol por la vía "paraguaya": pelota quieta de Messi y definición de Pastore en la segunda pelota para el 1-0.

Y más difícil se le hizo luego a Paraguay, golpeado por la mala suerte, o el precio de ese supremo esfuerzo físico: Derlis González y Santa Cruz, dos de las máximas figuras guaraníes, se fueron lesionados en pocos minutos.

Argentina aprovechó ese cachote y se fue arriba haciendo lo que mejor sabe: con más espacios, con un Paraguay ya no tan intenso, hizo correr la pelota, sobre todo entre Messi y Pastore, y llegó la magia: a los 26, un gran pase del 10 terminó en gran definición del de PSG para el 2-0.

Y después llegó el baile, con 10 minutos donde Argentina se floreó. Pero perdonó, y Paraguay lo fue a buscar. Sin el orden del arranque, pero con un enorme corazón, para el 1-2, y lograr que Argentina terminara el primer tiempo con cara de mucha preocupación y pidiendo la hora.

Segundo tiempo arrollador
Pero... Argentina es grande. Y con la oreja mojada durante todo el torneo por su falta de definición, por terminar sufriendo partidos que dominaba, porque se le pusiera en duda su fútbol arriesgado y generoso, por fin aceleró. En un duelo de fuerzas desiguales, que equiparaba el amor propio guaraní, el equipo de Messi desparramó fútbol. Y fue con Pastore, criticado por muchos, recuperando una pelota en mitad de cancha y aguantando hasta pasar justo a Di María para el 3-1.

Paraguay, exigido al límite, se quebró. Fue una lucha de concentración tanto como física. Tantos minutos jugando más allá del límite pasaron factura: presión en mitad de cancha con tres defensas contra Messi, como si faltaran cinco minutos, Lio que pasa, y el resto un trámite: cuatro contra uno y gol de Di María para el 4-1. Luego fueron uno de Higuaín y otro de Agüero, para el 6-1 final.

Ahí terminó el partido, y el resto fue un floreo albiceleste, y la única preocupación para Martino de que no le amonestaran a Messi, Mascherano y Aguero. Fue un argumento para quienes, como el DT de Uruguay, piensan que a Argentina no se le puede jugar golpe por golpe, o corriendo con la intensidad paraguaya de los primeros 2'. Poco le importará eso a Argentina, que, en el partido antes de la final, desató a la bestia.

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