Rivero, el extranjero del año

El desconocido argentino, que trabajó como pintor de obra, brilló en Plaza
Germán Rivero hizo las juveniles en Argentinos Juniors y pasó por Tigre, Flandria y Fénix de Argentina sin poder ganar fama ni renombre en la vecina orilla.

En setiembre llegó a Plaza Colonia luego de salir a trabajar con su padre, albañil, como pintor.
Era de los que llegaba a entrenar en bicicleta, al igual que Alejandro Villoldo. La humildad en la fibra.
Debutó en el tramo final del Apertura y para el Clausura se ganó un lugar como titular.

Hizo sentir el físico (1,82 m) amoldándose a la perfección al rústico juego que se practica en Uruguay donde el balón largo al 9 grandote está en el manual. Jugó 17 partidos y marcó ocho goles.

El éxito lo hizo marcharse en silencio. Los gerenciadores le perdieron el rastro pese a que tiene contrato y a sus compañeros no les constesta los mensajes de Whatsapp. Señales claras de la codicia ajena por sus goles y condiciones luchadoras.

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