Razones del fracaso de Uruguay

Falta de sentido de urgencia, subestimación, nulo fútbol y reacción anímica inexistente marcaron la salida
Tras 10 años de proceso Tabárez, la selección uruguaya había acostumbrado a los hinchas a algunos puntos innegociables. La entrega, el orden, la capacidad para levantar situaciones casi imposibles. Lo hizo ante Ghana en el Mundial 2010, lo hizo ante Argentina en la Copa América 2011. Ante Italia e Inglaterra, nada menos, en el Mundial 2014. Ante Venezuela o Perú en las Eliminatorias 2010 y 2014 cuando estaba casi desahuciado.

Pero esta fue una copa especial. Desde la primera conferencia de prensa previa, el Maestro Oscar Tabárez le sacó la importancia al torneo. Casi no es una copa una Copa América, dijo esa tarde en el Complejo Uruguay Celeste quejándose de las distancias, las duras condiciones de competencia y el hecho que no era una copa igual a las anteriores.

Lo mismo repitieron dirigentes durante el torneo. Sin sacarle importancia, pero marcando una posición clara, por ejemplo, en la no inclusión de Luis Suárez: si fuese un Mundial, seguramente Suárez hubiese entrado. Pero no se lo iba a arriesgar en un torneo en el que a Uruguay no se le iba la vida.

A Uruguay no le faltó entrega. O por lo menos es difícil decirlo sin estar adentro del plantel. Como mínimo, el equipo no mostró en la cancha del Lincoln Financial Field ese sentido de urgencia, ese sentimiento de final del mundo bajo el cual ha jugado mil partidos.

Pero ayer la celeste fue un equipo perdido. Le faltaron esos atributos a los que ha recurrido cientos de veces. Seguramente no haya sido porque hayan menospreciado la copa. Pero seguramente haya influido para no poder encontrar las respuestas que encontró en otros momentos.

Uruguay jugaba con una carta que siempre ha tenido: tiene malos inicios y luego se levanta. Lo hizo en el Mundial, y eso le permitió levantarse de una derrota ante Costa Rica y ganarle a dos campeones del mundo. Pero todo eso se termina algún día. Y ese día fue ayer.

Las razones
Tras la eliminación, enseguida empezarán a buscarse las causas profundas de la eliminación. Ayer, en la conferencia, Tabárez no las podía encontrar, y se mostró "sorprendido" por el rendimiento (ver nota aparte).

Es que Uruguay se había podido recuperar de situaciones mucho más adversas. Para empezar, desde hace dos años se demostró que era posible vivir sin Suárez. No lo pudo hacer en la Copa América, donde lo extrañó en demasía, pero cuando empezaron las Eliminatorias encontró respuestas. En las pelotas quietas, en rendimientos individuales altos que fueron apareciendo en cada partido, hasta llegar al liderato de la Eliminatoria. Quizás, en un torneo más corto, donde hay menos tiempo para planificar cada partido, la falta del as de espadas haya sido demasiado peso, como en Chile 2015.

Los rendimientos individuales tampoco estuvieron a la altura. Quizás se salve el triángulo final: Muslera fue un bastión en ambos partidos, mientras que Godín y Josema fueron claves en ambas áreas ante México y ante Jamaica no pudieron desnivelar en ataque.

Del resto, muy poco. Quizás el desgaste de la temporada pasó factura, aunque lo mismo se podría decirse de James o Cuadrado en Colombia, o Di María o Mascherano en Argentina.

Lo que sí es seguro es que, ante la necesidad de salir a atacar, nuevamente se demostró una enorme falta de fútbol. Ese punto del debate históricamente había sido ganado por Tabárez, porque el equipo se había salido con la suya en los resultados, defendiendo su estilo: cerrarse atrás y aprovechar las pocas chances de gol que se generaban.

Esta vez faltó todo: el orden defensivo se terminó deflecando en la desesperación de ambos partidos, pero además, a Uruguay le faltó el poder de fuego que con Suárez es casi una garantía. No tuvo ninguno de sus planes B: ni Cavani, ni las pelotas quietas (solo el gol del empate transitorio ante México). Así, expuesto a ir a buscar el partido, Uruguay desnudó su enorme falta de juego ofensivo.

Hasta ahora, la celeste siempre había ganado la pulseada del discurso a base de resultados. Tanto en eso de remontar situaciones difíciles, como en ganar teniendo menos la pelota y atacando menos que todos sus rivales. Todo eso iba a terminar algún día. Y obligará, al menos a un ajuste en el estilo de juego, con o sin Suárez.