Escalada de la pelota al poder

Eugenio Figueredo empezó jugando al fútbol y alcanzó la vicepresidencia de la FIFA

Para Eugenio Figueredo el mundo del fútbol es su “sistema de vida”. Así lo definió en una entrevista con El Observador hace nueve años, cuando todavía era presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), organismo que presidió desde 1997 a 2006.

Para el uruguayo, que también es estadounidense, de 83 años, ese “sistema de vida” empezó con una pelota, como lateral derecho en Huracán Buceo, y terminó con la vicepresidencia del máximo órgano del fútbol a nivel internacional, la FIFA. Antes había trabajado en una automotora en la calle Ejido.

En 1971, dejó la pelota por el sillón y accedió a la presidencia de ese club.

Más de dos décadas después, en 1993, el sillón se agrandó y Figueredo accedió a la vicepresidencia de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), bajo la presidencia de Nicolás Leoz, una de las más largas de la historia, hasta 2013.

A dos años de haber asumido la presidencia de la AUF, otorgó los derechos de la televisión a Tenfield, y marcó un precedente en la historia del fútbol uruguayo por tratarse del primer contrato de ese tipo. Junto con la firma del contrato, vinieron las acusaciones de haber favorecido a la empresa de Francisco Casal aunque su oferta era menor que la del Grupo Clarín, que hasta ese momento poseía los derechos. El presidente de Liverpool, José Luis Palma, dijo que negoció “a escondidas de los clubes” los derechos de televisión que hoy posee Tenfield.

El fin de su presidencia en 2006 fue impulsado por el gobierno del presidente Tabaré Vázquez, que pidió “calidad, pero transparencia”. “Me voy, me pudrieron”, fue la frase con la que Figueredo puso fin a sus más de 10 años al frente de la Asociación.

Durante ese período, montó el complejo de la AUF e impulsó la integración del fútbol del interior y la selección uruguaya clasificó al Mundial de Corea y Japón 2002, pero fue eliminada en la primera fase.

Luego de la eliminación de Uruguay, “el equilibrista”, como algunas lo denominan, contrató a Juan Ramón Carrasco, pero el propio Figueredo decidió cesarlo luego de perder con Venezuela 3 a 0 en el Estadio Centenario. “Juan se la jugó y le salió mal. Mala suerte”, dijo a El Observador. A Carrasco le siguió Fossati, que no pudo con Australia para ingresar al Mundial de Alemania 2006. Así fue que designó a Óscar Tabárez como director técnico.

A pesar de que una de primeras acusaciones que recibió fue por haber “jugado” a favor de Casal, en 2013 los aliados pasaron del amor al odio, cuando la Conmebol rechazó las ofertas del dueño de Tenfield por los derechos de televisión de los torneos sudamericanos. Varios clubes uruguayos, con Casal por detrás, realizaron una denuncia penal y pidieron una investigación de los fondos. Los dirigentes fueron sancionados por la administración de Figueredo.

A principios de marzo de 2015, el fin de la era Figueredo comenzaba a anunciarse. Luego de un intenso congreso, la Conmebol decidió cesar al vicepresidente de la FIFA.

Su salida de la organización fue más abrupta de lo que podía pensarse. Ayer, a 48 horas de que dejara definitivamente su cargo, fue detenido en Suiza junto a otros seis altos mandos de la FIFA, acusados de haber recibido sobornos de más de U$S 100 millones.


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