Yo tengo el poder

Opacado por Michael Phelps en los Juegos Olímpicos de Londres, Ryan Lochte volvió a demostrar en el Mundial de pileta corta de Estambul –donde obtuvo ocho medallas– que es otra bestia acuática

De padre estadounidense y madre cubana, nacido en Nueva York pero con toda su carrera hecha en Florida, Ryan Lochte volvió a golpearse el pecho con el orgullo de sentirse uno de los mejores nadadores de los tiempos que corren.

Es cierto que los Juegos Olímpicos no fueron su gran torneo a pesar de que ganó el oro en los 400 m combinado y en la posta larga (4x200 m libre). Pero la gran actuación fue de Michael Phelps –su compañero, rival y amigo–, quien ganó cuatro oros y alcanzó el récord histórico de 22 preseas olímpicas.

Es más, su oro de 400 m combinado también fue opacado por la adolescente china Ye Shiwen, quien en el remate de la misma prueba femenina puso un parcial inferior al suyo, en una gesta asombrosa.

Pero el hecho de no revalidar su oro en el 200 m espalda (fue bronce), la derrota ante Phelps en el 200 m combinado (fue plata) y sobre todo, la forma en que el francés Yannick Agnel le pasó por encima en el remate de la posta 4x100 m libre, le dejaron a Lochte un gusto a poco.

Sobre todo porque en los trials olímpicos salía de la piscina tras derrotar a Phelps exclamando: “Esta es mi era”.

Pero en Estambul todo volvió a la normalidad de los dos años previos a Londres: todos a la sombra de Lochte.

El neoyorquino de 28 años fue el primero, en diciembre de 2010, que le ganó a la tecnología al batir los récords mundiales de 200 y 400 m combinado en el Mundial de corta de Dubái con mallas textiles desde que en enero de 2010 se prohibieran las mallas de poliuretano.

El viernes, Lochte rebajó la barrera del 1.50 en la primera de esas pruebas al llevar su récord a 1.49.63, primera plusmarca en caer en el certamen.

El sábado, en las semifinales del 100 m combinado mejoró el crono del esloveno Peter Mankoc (50.76) imponiendo un 50.71.

Y ayer ganó las finales de 100 m combinado y 4x100 combinado, y dio la sorpresa siendo segundo en 200 m espalda. 

En 2011, en el Mundial de Shanghái en pileta olímpica (50 metros) fue sencillamente implacable: seis medallas, cinco de ellas de oro (200 m libre, 200 y 400 m combinado, 200 m espalda y 4x200 libre) y una de bronce (4x100 libre, donde solo corrió la serie clasificatoria).

Derrotó en dos finales a Phelps (200 libre y 200 combinado) y estableció un nuevo récord mundial en la segunda prueba, superándose a sí mismo en 14 centésimas.

Fue ese el primer récord de la era textil en pileta larga. Lochte, una vez más, era el encargado de ganarle a la tecnología.

Pasado el tifón de Phelps en Londres, el hombre que se declara “orgullosamente estadounidense” asume su condición de heredero del mejor de todos los tiempos. 

Regaló sus medallas

Ryan Lochte ha develado una curiosa costumbre. El estadounidense repartió sus medallas entre sus admiradores: “Una de las razones por las que estoy en este deporte son los seguidores. Me han apoyado durante muchos años, así que quise ponerles las medallas en su cuello y ver lo que sus caras significan para mí”. Lo hizo con varios niños.


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