Yo corrí una maratón

Sensaciones, sentimientos y anécdotas de la primera prueba de 42,195 kilómetros realizada en Montevideo, contada desde adentro por un periodista que se animó a correr esa distancia por primera vez

El entrenamiento terminó y llegó el día de mi primera maratón, la prueba reina del atletismo que todo corredor –con cierto nivel de locura para el resto de los mortales– sueña con hacer, seducido por su mítica distancia de 42,195 kilómetros.

Este domingo a la hora 5 sonó la primera de las varias alarmas que puse. Dormirse hubiera sido imperdonable. A las 6.10 salí a la vereda, estaba fresco para andar de short y arranqué rumbo al Palacio Legislativo, el punto de largada. Como era de esperar a esa hora, cuando cierran los boliches en la zona de Avenida del Libertador, recibí algunas palabras de aliento difíciles de descifrar.

En las escalinatas del edificio del Parlamento se había montado una fiesta con fuego, música y animadores, todo a un altísimo volumen y recién eran las 6.30 de la mañana. Los vecinos estarían contentísimos. Con puntualidad inglesa, a las 7, largó. “Estoy corriendo mi primera maratón”, pensé al dar los primeros pasos. Fue un momento de mucha euforia y energía entre todos los corredores.

Los primeros metros fueron en la bajada de Libertador. Un veterano entrado en canas corrió un rato al lado mío y me pasó. “Ya vamos a ver a la llegada”, pensé en decirle, pero no se lo dije. Luego, el repecho. Gritos, mucha charla, distensión en el pelotón. Claro, recién empezaba todo, había piernas y mentes frescas.

Llegamos a 18 de Julio, doblamos hasta Roxlo y vuelta. Hay mucha gente en la calle para esa hora. Retornamos y aparece el personaje de la carrera: un gaucho con una bandera de Uruguay corriendo con bombacha de campo, camisa, chaleco, sombrero. ¿Championes, botas? No, alpargatas con suela de goma.

Luego, se hace la circunvalación por Plaza Independencia y por primera aparece un rival que, como se esperaba, iba a estar: el viento.

La batalla de la rambla

Bajamos por Ciudadela y de pronto, la calidez de las paredes de edificios comenzó a desaparecer y allí estaba la rambla, esperándonos. Había viento, por momentos complicado, pero tampoco que hiciera imposible correr. Así fueron pasando los kilómetros: aplausos en el Parque Rodó, grupos de corredores que animaban y ofrecían bebidas y frutas, además de la de los puestos de la organización, músicos de samba por Malvín y espectadores alentando.

Y también comenzaron a aparecer los dolores. Me recomendaron hacer los primeros 10K en 56 minutos y mantener el promedio para completar los 42 en cuatro horas, pero, con la algarabía de la largada, los hice en 50. Grave error. Comí unos ticholos para ver si me daban energía, pero de poco sirvieron. Los gritos y las bromas eran historia al llegar a Carrasco, donde volví a ver al gaucho que ya había corrido una gran distancia, al menos 26k, los que se cumplieron al dar la vuelta en la Escuela Naval.

Cuatro kilómetros más y aparece el segundo enemigo: “El Muro”, la sensación que los maratonistas sienten a partir de los 30 kilómetros, cuando bajan los nutrientes, se pierden fuerzas y la carrera pasa a ser una cuestión más mental. Había leído sobre el tema y fue tal cual: ritmo inferior, en cada puesto de hidratación tomaba agua como si estuviera en el desierto y me pasaban todos los corredores, sin importar sexo o edad. “Vamo’ botija”, me gritó otro veterano.

En ese tramo, fue destacable el aliento de la gente, cuyas palabras realmente daban fuerzas para avanzar. “El dolor se va, el orgullo queda para siempre”, decía una pancarta. Luego de caminar en los últimos dos repechos, un señor me aconsejó que corriera bien suave.

Y le hice caso, también porque ya no podía hacerlo de otra forma. Pasó Kibón y los 42,195 estaba ahí. Últimos esfuerzos ¿Y dónde está la meta, che? Y allá la vi. Último “pique”, brazos arriba, aplausos, medalla y el beso de mi novia, quien enseguida me tuvo que ayudar por los calambres. ¿El tiempo? Es lo de menos.

Así fue mi primera maratón. Cuando entrenaba, pensaba que en la llegada iba a llorar de emoción, pero se ve que no tenía fuerzas ni para lagrimear. Pero, al recordarlo, ya un poco recuperado, se me empañan los ojos.

“Experiencia positiva”

Pablo Sanmartino, presidente de la Confederación Atlética del Uruguay calificó con esas palabras la primera Maratón de Montevideo. “Colmó las expectativas desde el punto de vista de la participación. Además de la 42k; en la de 21k se anotaron 700 y muchos de ellos irán por su primera maratón el año que viene”, dijo a El Observador. “Hay mucho para ajustar, pero se debe a la inexperiencia de nunca haber hecho una maratón”, comentó. Para 2015, la prueba será a fines de abril y se pretende que tenga certificación internacional, clasificatoria para Panamericanos y JJOO.

450 Corredores. El número de participantes que completó los 42,195K. Se esperaban 400 inscriptos y se anotaron 500 competidores.

Posiciones de la maratón:

Hombres

1- Aguelmis Rojas - 2h.19.33

2- Martín Cuestas - 2.29.42

3- Ángel Portela - 2.33.23

Mujeres

1- Laura Bazallo - 3h.06.34

2- Laura Del Puerto - mismo tiempo

3- Nelly Portillo - 3.15.59.


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