...Y un día se terminó la hermandad

Los mismos hinchas argentinos que hace un año le tiraban elogios a sus pares uruguayos en Mendoza, porque estaban indignados por la actitud de su selección, el viernes respondieron con insultos y provocaciones

Cómo cambian los tiempos… estos mismos que hace un tiempo te paraban por la calle y te decían “aguante uruguayo, ojalá que salgan campeones ustedes”, el viernes te miraban de reojo y te insultaban con las canciones en un estadio que se convirtió en una verdadera caldera debajo de la cordillera.

Así es el fútbol. Ayer amor, hoy odio. Que lo digan los argentinos que hasta el año pasado insultaban a cualquiera que se pusiera la camiseta de su país. Los jugadores, que eran hostigados, silbados, insultados, hoy recobraron los elogios y los aplausos.

Y era obvio. Aquello de la Copa  América de 2011 fue una especie de espejismo. Porque al margen de que los argentinos son hinchas de los uruguayos, esta es otra historia. Las Eliminatorias son una especie de guerra de nacionalidades.

Todo es diferente. El entorno, el sentido de pertenencia, el nacionalismo y, claro, la rivalidad. Y si habrá cuentos de luchas y peleas dentro de la cancha entre estas dos naciones separadas por el Río de la Plata.

La previa fue caliente. Un puñadito de uruguayos fue colocado en un rincón del estadio Malvinas Argentinas y, al margen de las vallas, ahí fueron blanco sencillo de cánticos hirientes de los argentinos.

“No se escucha, no se escucha, sos amargo, uruguayo hijo de puta”, cantaron los argentinos que fueron silenciados por una respuesta que les duele: “Dale campeón, dale campeóooooon”.

Pero al margen del duelo de hinchadas en esta lucha de las naciones sudamericanas por clasificar, el local maneja absolutamente todo. Y no hay hermandad que valga. La ventaja está a la vuelta de la esquina.

En Mendoza no se dejó nada librado a la suerte. Después que los uruguayos terminaron el calentamiento alguien dio la orden de que ingresaran los bomberos a regar la cancha. Era obvio. Aprovechar la velocidad de los argentinos que se mueven como pez en el agua en un terreno rápido.

Después se brindó la formación de los equipos. Y el locutor hizo la pausa justa para que los hinchas silbaran a cada uno de los jugadores visitantes. Cuando llegó a Forlán, el Malvinas Argentinas se partió en silbidos.

Cuando salieron los equipos, una cohetería infernal sacudió la montaña. Como en aquellos viejos tiempos en el Estadio Centenario, cuando a la celeste la recibían con una abundante carga de fuegos artificiales.

El himno uruguayo no fue respetado porque cuando se empezó a entonar lanzaron la parte más intensa de la cohetería. Para colmo, los periodistas argentinos ni tuvieron la delicadeza de pararse. “El 80% de la prensa argentina está sentada mientras entonan el himno uruguayo, unos atorrantes”, gritó el relator de radio Oriental, Javier Máximo Goñi, indignado por la falta de respeto de los anfitriones en una instancia en la que los hinchas uruguayos suelen ser como marca la tradición.

No se pueden imaginar lo que fue el himno argentino. El futbolero lo hizo canción de tribuna desde el estribillo, entonces la gente se prende de una forma particular.

Para aquellos que pensaban que esto iba a ser un paseo de salud y que Uruguay con la base de las Eliminatorias tenía poco menos que el boleto al Mundial de Brasil 2014 adquirido, se deben estar desayunando que esta guerra no termina. Quedan aún muchas batallas por librar.


Fuente: Enviado

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