Y un día Da Silva se ganó el crédito del hincha

Luego de mucho batallar durante 15 meses, el Polilla se metió en la piel de los seguidores manyas

Treinta y siete días pasaron desde aquellos insultos lacerantes en el Franzini ante este mismo Defensor. Todos los hinchas de Peñarol que estaban allí destilaron bronca aquel domingo de noche. Se había perdido, se venía el clásico y muchos pensaban que también se venía la noche. Hasta él llegó a pensarlo porque si perdía ante el archirrival, se iba.

Pero justamente ese clásico lo marcó a él y al campeonato. Tanto fue así que en lo que el martes era una final para Peñarol, logró florearse ante un gran rival que no se encontró en la cancha. No es fácil jugar así una final.

Entonces el Polila Da Silva el martes finalmente, se ganó el crédito del hincha. Un outsider de Peñarol logró el título y es uno de los dos que logró ser campeón uruguayo con un equipo en desarrollo (Defensor) y con uno grande (el otro es Gerardo Pelusso) ganando finales.

No le tembló el pulso desde el clásico en adelante para dejar fuera del equipo al goleador del Uruguayo, Juan Manuel Olivera, así como también mantuvo a Enrique Bologna en el arco. Demostró su personalidad, claro, porque le salió bien. Si no, seguramente hubiera sido el dueño de más insultos.

Ganó el Apertura –que hacía 16 años que el club no conseguía–, la Tabla Anual y la final con el equipo con más goles a favor por lejos. Cumplió.

El martes, a los 78 minutos sacó a Zalayeta para que recibiera la ovación como los viejos negros de Peñarol de hace más de 40 años. La gente se puso de pie para aplaudir como en el teatro, reconociéndolo quizá como el mejor jugador del campeonato.

Otra vez, en otro encuentro determinante, volvió a demostrar que es un técnico de equipo grande, algo que muchísimos pusieron en tela de juicio.

El clásico lo ganó él con la conformación del equipo y con los cambios. A Defensor lo paseó por la cancha. ¿Cuánto tiempo hacía que no se veía a un plantel violeta ser tan inferior a un rival? Habría que tener mucha memoria.

El Polilla sigue siendo el mismo que jugó en 1997 aquella final del Campeonato Uruguayo pero con la camiseta de Defensor. Aquella noche perdieron 3-0 con Peñarol que ganó su segundo quinquenio. Entró para jugar el segundo tiempo y solo pudo hacerlo media hora porque lo echaron. En aquel equipo violeta también jugaban Tabaré Silva –el técnico actual de los del Parque Rodó– y Andrés Fleurquin, quien el martes también lo hizo.

Mientras tanto, en aquel Peñarol jugaron Pacheco y Zalayeta y casualmente, el Tony hizo uno de los tres goles.

Pero la cara del martes era muy diferente a aquella de noviembre de 1997. Era una felicidad medida, con mayor madurez.

Ni bien terminó el partido, con mucha calma y sin alharacas se abrazó con su hijo Jorge a quien sumó en este 2013 al cuerpo técnico y por supuesto, con Sergio Cabrera, su hermano de la cancha, su ayudante, su confidente.

“Muchas gracias”, dijo cuando se abrazó con el Tony quien tenía a su hijo Benjamín en brazos. Fue la primera vuelta olímpica -de las ocho por el Uruguayo- que el jugador dio con su primogénito.

Solo dos palabras. Solo con eso resumió lo que había sido todo un campeonato, toda una lucha.

Llegó al vestuario y fue el común denominador de los saludos, los abrazos, los llamados y hasta las fotos que se subieron a twitter. El Polilla también supo disfrutar su noche y emocionarse como pocas veces. Es que la procesión va por dentro y en algún momento hay que aflojar para no reventar.

Ya dijo que no va a hablar con los dirigentes aún acerca de su futuro, más allá de que el presidente Juan Pedro Damiani indicó que se reunirán el lunes que viene. Tiene contrato hasta fin de año, pero se tomará unos días de descanso.

Sus frases cortas dejan ver entre líneas que quizás se despida del club.

“Disfruté mucho estos 15 meses, no fueron fáciles. Tengo una decisión tomada, no es momento de hablarlo”, dijo luego del partido. ¿Se va? Es una gran posibilidad, como también lo es irse de esta manera, campeón y dejando la puerta abierta para el futuro.

El Polilla luchó y lo logró. Se ganó el crédito del hincha.


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