Y después de la pelota quieta, ¿qué?

El ataque uruguayo sigue en el debe y los dos goles que anotó en el certamen fueron a balón detenido
Enviado a Chile

Luis Suárez se extraña más que nunca. Sus goles en liga española y Champions League con Barcelona eran motivo de orgullo para Uruguay a lo largo de la temporada. Pero también de futura desazón. Su ausencia en la Copa América ya estaba dictada por la FIFA. Y la Celeste todavía no se hace a la idea de jugar sin su jugador estrella.

Pasaron los tres partidos del grupo y la selección de Uruguay se clasificó a duras penas con apenas dos goles anotados en 270 minutos.

¿Quiénes los anotaron? Cristian Rodríguez, volante, y José María Giménez, zaguero. ¿Cómo? De pelota quieta. Con la inmemorial receta del fútbol uruguayo.

¿Los delanteros? En el debe. Todos los que han jugado.

En primer lugar, Edinson Cavani, de quien se espera que asuma el liderazgo de la ofensiva uruguaya.

Después, Abel Hernández y Cristhian Stuani. El primero jugó ayer como titular por cuarta vez en su historial celeste de 21 partidos. Pero no anduvo. Intentó de arranque con un remate de media distancia, sufrió una amonestación y al entretiempo salió.

El ingreso de Stuani no modificó el panorama. Acaso tuvo mayor presencia en el área para rematar dos veces al arco. Primero con un cabezazo que se fue apenas afuera. Después, con una definición pifiada tras un buscapié del Cebolla Rodríguez. Otra definición defectuosa, como en el partido debut ante Jamaica donde se perdió un gol increíble solo frente al arco.

¿Rolan? Él mismo se sacó responsabilidad en la previa al partido ante Paraguay diciendo que está jugando como volante y no como delantero.

Lo cierto es que Uruguay ganó ayer en volumen de juego comparando con su magra presentación ante Jamaica y su postura ultra defensiva en los primeros 60 minutos ante Argentina.

El tándem Maximiliano Pereira-Carlos Sánchez por derecha generó un circuito bien aceitado de juego que generó más pelotas quietas que asistencias claras al centro del área.

Hay algo que es claro. A Cavani no se lo ha asistido bien en estos primeros tres partidos.

Y el hombre de PSG, que no se guarda nada a la hora de solidarizarse en el esfuerzo defensivo del equipo, vive de la asistencia.

Basta con recordar cómo se generaron las tres chances que tuvo ayer y no pudo capitalizar.

En la primera recepcionó de espaldas al arco un tiro al arco mordido de Rolan. Giró y remató rápido de puntín. La pelota se fue apenas afuera contra un palo.

En el segundo tiempo, Maxi Pereira le puso un buen centro. Su cabezazo se fue cerca.

Y la tercera opción de gol que tuvo provino de un saque de banda con una peinada al segundo palo. Se acomodó y le embocó al arco por primera vez en lo que va de la Copa. Pero Justo Villar estaba bien ubicado y evitó la conquista.

Uruguay no es PSG. Obvio. Ahí Cavani es una máquina de marcar pases al vacío para que asistidores de la talla de Marco Verratti o Javier Pastore lo habiliten en largo.

Lo suyo no es jugar de espaldas al arco como Suárez que es capaz de sacarle jugo a cualquier pelotazo –léase el segundo gol contra Inglaterra en el Mundial del que ayer se cumplió un año–. Necesita de una mejor calidad de asistidores. Y Uruguay, pese a la mejoría exhibida ayer, sobre todo en el primer tiempo, todavía no está fino en la materia.

Tabárez es consciente de esta situación. Desde que comenzó este ciclo que él ha autodenominado como de la "renovación", dijo que Uruguay está incorporando nuevos conceptos, sobre todo de mitad de cancha en adelante con la posesión de la pelota.

Lo cierto es que eso toma tiempo, y por ahora, la Celeste sigue viviendo de la pelota quieta.


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