Wimbledon, su amuleto de la suerte

En el césped londinense, donde escribió parte de su gran trayectoria, Roger Federer clasificó a la final de tenis en un juego épico y ahora va por el oro

Se conocen muy bien; por esa razón no es extraño que el postergado sueño de una medalla olímpica en el torneo de singles, que ya lleva cuatro ediciones de los Juegos Olímpicos, se concrete en Wimbledon. Después de 4 horas y 26 minutos de la prueba más dura que tuvo que rendir en su recorrido por Londres 2012, en las que el argentino Juan Manuel Del Potro le tiró como para que no pasara al último partido del torneo, de recibir una ovación del público que colmó la cancha principal de Wimbledon, de responder a las preguntas en la zona mixta, de saludar a sus fanáticos que en un par de centenares esperaban que cruzara un puente (que une la zona mixta con la sala de conferencia de prensa), Roger Federer se sienta frente a un centenar de periodistas y confiesa: “Me siento muy emocionado, fue un gran partido y lamentablemente en esta clase de partidos solo gana un jugador”, dice, mientras los periodistas de todo el mundo, que son su platea por unos minutos, escuchan en absoluto silencio.

Atrás había quedado el partido más emocionante de la historia del tenis olímpico, histórico por donde se mire, cautivador y emocionante. Fue la más pura expresión del tenis. Brillante. Por la actitud y la calidad de los golpes, por la intensidad y las fortalezas anímicas para sortear todas las dificultades que se plantearon en un encuentro que se resolvió después que el suizo y el argentino jugaron 163 minutos (¡sí, 163!) en el último set. Fue tan histórico que protagonizaron el partido de tenis a tres sets más extenso de los Juegos Olímpicos y de la historia del tenis mundial, porque el encuentro superó las 4 horas 3 minutos de Djokovic-Nadal en el Masters de Madrid de 2009.

Federer venció a Del Potro 3-6, 7-6 (5), 19-17, en una de las semifinales del torneo de tenis de los Juegos Olímpicos, que se jugó el viernes en la cancha principal de Wimbledon. Ahora el suizo definirá ante Andy Murray el oro el domingo en Londres 2012.

La fiesta del tenis
Luego de una hora de ómnibus para llegar a Wimbledon, después de ver correr a Andrés Silva en el estadio Olímpico, ingresar al inmenso complejo londinense es comenzar a respirar el más puro aire del tenis. Lo más selecto. Lo más auténtico. Las imágenes, que perpetúan en las paredes la figura histórica de Federer sirven de preámbulo para el espectáculo que espera.

El sector de prensa está repleto. La expectativa por ver a Federer superó todos los pronósticos. Inmediatamente habilitan otros lugares de la tribuna, en sectores en los que no se comercializaron todas las entradas.

“Segundo piso, 205”, dice una de las encargadas de la puerta de ingreso número 105 que cuida celosamente el sector de la prensa para que nadie ingrese a la cancha porque, ya no queda más lugar y porque la semifinal está en juego.

Ascensor, transitar a paso rápido casi 100 metros y otra vez esperar a un descanso para acceder a la tribuna. Quedan muy pocos lugares y hay que ocupar el primero libre. Fila ZE; no había más nada arriba, solo el techo. El partido ingresa en la segunda hora de juego cuando disputan el tercer set. Pero queda mucho camino por recorrer y muchas emociones para disfrutar.

Un periodista argentino, que está en la misma situación porque no encontró lugar, me actualiza y me cuenta que el tandilense fue superior y marcó el ritmo en los primeros puntos. Así aprovechó varios errores del número uno para ganar el primer set 6-3.

También me dice que fue diferente el segundo set, porque Federer arrancó mejor e impuso toda su clase. Fueron a tie-break y ganó el suizo 7-5.

De ahí en más fue la fiesta del tenis, por las emociones propias y extrañas. Había que ver a una francesa, simple espectadora que quedó a mi derecha: todo el partido fue un saco de nervios. Se tapaba la cabeza con el buzo, se acomodaba el pelo, gritaba, saltaba. Ni le cuento cuando ganó Federer. Igual que todo el estadio, que se rindió ante el suizo.

Del Potro jugó un partidazo. Otro periodista argentino me dijo que fue el mejor del año, y que solo se puede comparar con lo que rindió en la final de Copa Davis del año pasado ante España. Pero le costó una enormidad defender cada punto, mientras Federer resolvió los suyos sin grandes sacrificios, especialmente en el tercer set.

El estadio, que casi no tenía huecos libres, rindió un homenaje a los dos héroes de la semifinal en cada punto, pero no pudo disimular la preferencia por Federer, que los espectadores argentinos matizaban, previo a cada saque y cuando se instalaba el silencio obligatorio para continuar con algún: “Vamos Martín”, “Aguante Argentina”, “Argentinaaa”, “Dale Juan”.

En el último set, fueron más de dos horas de tenis en los que no se dieron tregua, y con las más variadas emociones, porque cuando Del Potro quedó 0-40, cuando sacaba y el partido estaba 10 iguales, el argentino puso en cancha todo el corazón para salvar el punto y seguir en carrera. Y otra vez le sucedió lo mismo en el punto 29 del tercer set y con marcador igualado en 14. Así estuvieron, con Federer resolviendo sin grandes dificultades sus puntos y el argentino transpirando la gota gorda, hasta quedar iguales en 17. Quebró Federer y aseguró el triunfo con su saque. Así llegaron a ese 19-17 histórico, a que el estadio se viniera abajo, al abrazo y reconocimiento del vencedor al vencido y el reconocimiento del público al tandilense.

De todas formas, Wimbledon es el amuleto de la suerte de Federer y el número uno del mundo se colocó en la puerta de conseguir lo único que le falta en el tenis: la medalla de oro olímpica. 


Fuente: Luis Inzaurralde, enviado a Londres

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