Wanderers y un lema: Prohibido traicionarse

La suspensión sirvió como excusa para conocer la intimidad de un equipo que no negocia su identidad
"Flaco ni me muestres la acreditación y pasa directo que está imposible. ¿Quién va a querer colarse a un partido así?", dijo el portero que custodiaba una de las vías de acceso al Estadio Luis Franzini, donde Wanderers debía jugar ayer ante Zamora por la Copa Sudamericana, mientras se tapaba los ojos para evitar la arena que volaba desde la playa.

La alerta naranja suspendió el fútbol pero levantó un centro perfecto para que Referí pudiera conocer la intimidad del único equipo uruguayo que no negocia el libreto del buen juego.

El valor de la identidad

"La situación emparejaba hacia abajo, nos perjudicaba a nosotros y también a ellos que son un muy buen equipo. Se volaron carteles y el viento no nos dejaba jugar. En la charla técnica hablamos mucho del viento, de la arena, la lluvia y el terreno rápido. Cuando vino el cuarto árbitro a revisar la indumentaria nos dijo que estaba complicado y creo que primó la lógica", dice el estratega de Wanderers, Gastón Machado, en un pequeño cubículo donde las pelotas descansan bajo techo.
Wanderers es un equipo destinado a destrozar los paradigmas del exitismo y la excusas.

Siempre expuesto a ser un equipo en construcción, ya que vende a sus figuras y debe apelar a juveniles, la principal virtud del bohemio es mantener procesos.

Machado sabe mucho de eso: "El sello Wanderers es importante y para trabajar acá hay que tener una identidad. Después está la capacidad individual. Alfredo (Arias) tuvo una importancia enorme, Daniel (Carreño) es un sello auténtico y Salvador Capitano tuvo su aporte pero hay nombres menos conocidos como Faber Ros, el Loco Acosta o Mario Delgado, que nos permitieron ir perpetuando en el tiempo una marca registrada de Wanderers, de jugar con volantes de buen pie y a partir de ahí edificar equipos. Rivero y Castro eran una apuesta de hace un año sabiendo que Gastón Rodríguez se iba y hay muchos igual. Eduardo Millán hace más de 25 años que trabaja en la captación y tiene un paladar exquisito. Ahí aparecen los jugadores como Nicolás Albarracín, Adrián Colombino o Matías Santos".

La inmediatez del resultado es un factor de tiranía para desarrollar procesos y más en Uruguay. Por eso la victoria ante Peñarol fue una inyección anímica.

El carbonero le compró a Wanderers los solistas, pero no las partituras y el dominio fue claro: "Ganarle a un grande no es común y menos como se le ganó. Igual tuvimos un disfrute muy corto porque al otro día estábamos entrenando a la mañana para este objetivo de la Sudamericana".

Según Machado el secreto fue la confianza: "Nadie creía en nosotros y el campeonato está para cualquiera, todos soñamos con ganar y trabajamos para eso, el problema es que esa condición se le da a un equipo solo. El mérito de este grupo es que son muchachos muy maduros, tienen los pies en la tierra y son muy dóciles. El resultado ante Peñarol fue gratificante porque siempre buscamos el resultado, pero lo mejor fue como sostuvieron la idea".

Sergio Blanco, capitán del equipo, también da su versión sobre la integración del plantel: "Tenemos un plantel de jóvenes maduros, porque la mayoría tiene 23 o 24 años y ya se conocen, salieron campeones y jugaron copas internacionales. Tenemos juventud en edad, no en madurez".

A la hora de buscar motivación para pelear ante rivales que, con un mayor poderío económico, imponen las condiciones en el fútbol doméstico, Machado se las ingenia: "De la misma manera que se fue Maximiliano Olivera de Peñarol se nos fue a nosotros, dos días antes de empezar un campeonato y el día anterior se nos había ido Kevin Ramírez a Nacional. La motivación pasa por la permeabilidad de los jugadores para adaptarse y el desafío de mantener la idea histórica del club".

Blanco está de acuerdo y confirma esa postura: "Hace mucho se habla de la identidad de Wanderers pero hubo que tener paciencia porque este estilo de juego te lleva a veces a perder alguna pelota, a recibir algún gol y hay que bancarse el ambiente. Por suerte después dio sus frutos. Nosotros estamos convencidos y disfrutamos de jugar así".

Para ejecutar esa propuesta, Wanderers sumó a un director de orquesta privilegiado que durante mucho tiempo estuvo lejos de su potencial pero que, en buenas condiciones físicas, comenzó a demostrar: "Ignacio González es un jugador de una jerarquía y adaptabilidad excepcional. Está feliz y lo demuestra con su nivel".

Wanderers se juega hoy una parada importante para seguir avanzando en la Copa Sudamericana y, cualquiera sea el resultado, el camino recorrido es positivo. La recompensa estará en no traicionarse y antecedentes para sostener su libreto le sobran.

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