Wanderers tuvo su premio: el mejor equipo del año

Wanderers se quedó corto para obtener el título, pero fue valiente y estableció una pequeña revolución en el torneo local

En un fútbol tan resultadista como el uruguayo, que los periodistas consideren como el mejor equipo de la temporada a uno que no haya sido campeón es noticia. Y sí, es cierto que Wanderers perdió la copa por un penal, en una increíble final que hasta el minuto 120 ganaba. Sin embargo, el solo hecho de haber sido el mejor del año es uno de los mayores triunfos de su escuela.

Toque, más toque y posesión. La escuela del Barcelona como premisa. Es cierto que en el Mundial esa corriente de la posesión total y asfixiante sufrió un revés, y que en el fútbol internacional asoma otra versión liderada por Alemania, en la que todos corren, todos marcan y todos crean. Pero Alfredo Arias impulsó una pequeña revolución en el fútbol uruguayo, y se quedó apenas a un paso de coronarla. De todos modos sembró una semilla que, de mantener ese rendimiento, seguramente prenderá en muchos.

¿Cómo decidió llevar adelante ese estilo? Tras quedarse con el Clausura, Arias respondía: “Un poco intuitivamente, mirando el fútbol que se jugaba en estos últimos tiempos, de posesión. Con esa idea arranco en formativas. Y tuve la suerte de que en este período ganaron equipos que priorizaron la tenencia de la pelota. Entonces, mirando y copiando”.

No tiene problema en poner claro su referente: Pep Guardiola. “Por favor que no quede como que quiero compararme porque me daría mucha vergüenza. Pero lo admiro porque para mí es un antes y un después en España. Apreciaban esa furia española, pero no le ganaban a nadie. Y a mí me llamó muchísimo la atención cómo pasa a ganar España con una cosa en las antípodas, pasan a un juego técnico, atildado, de tenencia de pelota, con jugadores chicos como Iniesta, Xavi, Pedro. Entonces me dije que si España, que no tiene nuestra historia, pudo pasar de la furia a esto, nosotros no podemos estar ajenos. En los genes no puede estar escrito que no podemos pasar bien la pelota”.

Vaya si Wanderers lo cumplió en esta temporada. Jugando sin miedo, aun cuando los resultados no acompañaban, y cuando fue clave la paciencia de la directiva para no bajar al cuerpo técnico. Jugando al fútbol se quedó con el Clausura, pese a que en el partido final ante El Tanque los nervios pesaron más y el equipo hizo lo que su DT justo no quería: tirarse atrás y aguantar.

Las finales fueron duras, y Danubio exigió a fondo a ese esquema de toque, marcándolo en toda la cancha. Asfixiándolo con presión, obligando a buscar nuevos caminos. Pero así y todo, en la finalísima el equipo apostó al fútbol, resumido en el golazo de Diego Riolfo para el empate, apilando gente y tocando hasta encontrar el espacio.

Sí, Wanderers se quedó corto después, y una jugada casi fortuita lo dejó sin copa. Pero marcó que, como quería su técnico, es posible jugar a otra cosa en Uruguay. Los genes no están escritos.


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