Volvió el River de JR

El darsenero retomó su esencia ofensiva y fue un torrente de juego que superó a un Peñarol sin rumbo


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Juan Ramón Carrasco parecía un técnico más. Su River Plate logró una histórica clasificación a la fase de grupos de la Copa Libertadores defendiendo con uñas y dientes y el DT se aferró a esa idea para afrontar el torneo internacional contra equipos pesados. Pero este domingo River volvió a ser el River de Carrasco. Audaz, imaginativo, vertiginoso. Firme en la convicción. Letal en la ejecución. ¿Resultado? Padecimiento para el que estuvo enfrente, Peñarol.

Con su vuelta a las raíces conceptuales y el rescate de su filosofía de juego vistoso y ofensivo, el darsenero le ganó 2 a 0 a Peñarol en un partido que por momentos tuvo tintes de paseo.

Es cierto que el comienzo fue parejo y que el aurinegro asumió un mayor protagonismo al inicio con las criteriosas subidas de Diogo Silvestre –en su retorno a la titularidad–, el pivoteo de Mauricio Affonso y un par de conexiones entre Luis Aguiar y Diego Forlán.

Con tres delanteros por cada lado, fue Peñarol el que movió mejor el bloque hacia el campo enemigo en los 30' iniciales. Pero ya en ese lapso, River mostró su ambición ofensiva pasando a la velocidad de la luz de defensa a ataque.

Así, mientras Forlán disparó dos veces al arco empezando a erigir en figura a Nicola Pérez, y Affonso metió una media vuelta de zurda en el área, River respondió con dos intentos de Pedroso y un cabezazo de Darío Flores.

Después de esa media hora Peñarol se pinchó. ¿La razón? River lo partió al medio con el impresionante desgaste ejercido por su doble cinco conformado por Ángel Rodríguez y Fernando Gorriarán.

Este último borró del partido a Aguiar y le atacó la espalda intentando conectar con un Nicolás Schiapacasse que se movió todo el partido inteligentemente por detrás de la línea de los tres delanteros de River Plate.

El retrato de esa sociedad se dio al minuto 36' cuando Matías Aguirregaray le sacó de la línea un gol a Gorriarán.

El peso de esa circunstancia derivó cinco minutos después en un penal del Vasquito a Schiappacasse transformado en gol por Michael Santos.

El primer tiempo terminó con siete opciones de gol generadas por un River veloz y punzante en ofensiva y solo aquellas tres del aurinegro que en defensa volvió a ser un equipo frágil y vulnerable.

Una jugada en el arranque del complemento graficó el alarmante estado de situación defensiva de los de Jorge Da Silva: Aguirregaray recuperó posición al trotecito mientras César Taján le picó en modo Usain Bolt. La pelota derivó tras un rebote al lateral aurinegro quien no tuvo mejor idea que lanzarla al medio para Tomás Costa, rodeado por cinco rivales. Un pase al compañero peor ubicado conforme al posicionamiento rival. River recuperó y se fue derechito al gol. La jugada terminó en un remate de Sebastián Ribas que se estrelló en el palo.

Los cambios ensayados por Da Silva no dieron frutos. Hernán Novick no fue más que un Maxi Rodríguez reiteradamente errático en el último pase y Federico Valverde no pudo convertirse en eje de distribución al no encontrar movilidad en sus compañeros ni precisión en el pase.

Aguiar fue el más fiel reflejo del equipo: entreverado, impreciso y nervioso falló una y otra vez en el armado sin aportar repliegue ni contención. Albarracín no llenó ese vacío.

Peñarol intentó reaccionar a través de impulsos individuales de Forlán que entre los 56' y los 79' intentó tres veces de distancia.

Pero sin un patrón de juego definido, esa reacción solitaria jamás prendió en un colectivo que lejos estuvo siquiera de llevarse el triunfo a peso de camiseta.

La mera presencia numérica de tres delanteros fijos de River Plate, asistidos de atrás por Schiapacasse, fue determinante para abrochar el triunfo.

Primero porque Taján por derecha contuvo salida y desdoble ofensivo de Diogo.

Después porque cada vez que el equipo pasó de defensa a ataque logró triangulaciones veloces ante una defensa endeble que ni siquiera se mostró firme cuando River salió en largo desde el fondo encontrando en el pivoteo de Ribas una eficaz válvula de escape a su frenético ritmo de juego.

El hijo del Gladiador las ganó todas por arriba. Ni en ese panorama favorable a su condición Carlos Valdez mostró solvencia.

Cuando el partido se terminaba, River le puso el broche de oro a su partidazo. Rodríguez abrió una pelota como si fuera un libro de fantasía, Santos la cruzó al medio y Tajan la empujó. Como el partido pedía: a lo River de Carrasco.



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