Volver a empezar después de una fractura

Walter Olivera y Nelson Olveira relatan cómo vivieron sus lesiones y cómo resultó el regreso a las canchas

"Un día, cuando me recuperaba de la tercera fractura en menos de dos años, me encaró Schiaffino (el técnico de Peñarol en ese momento) y me dijo: ‘Usted váyase para su casa y cuando esté completamente recuperado y en condiciones para jugar, vuelva. Hasta entonces no lo quiero ver por aquí. Y quédese tranquilo que va a tener su lugar en el equipo’. Todavía tenía el yeso, porque en esa época no se operaba como ahora, e iba todos los días a Los Aromos, a hacer lo que no debía en la recuperación de una fractura. Quería volver, por la ansiedad y el apuro de querer estar otra vez. Después de esa sugerencia me vine a Salinas y me recuperé en la playa”, relata Walter “Indio” Olivera, a El Observador a casi cuatro décadas de los días más difíciles que le tocó vivir en el fútbol.

En la actualidad, a sus 60 años, cuenta como una anécdota la recuperación de la serie de fracturas que comenzó el 26 de abril de 1974 en Australia, en un partido ante la selección local en la gira previa al Mundial de Alemania y cuando Olivera se había ganado un lugar en el combinado.

“El día de la fractura de peroné sin desplazamiento (en la pierna derecha) salí caminando de la cancha con un dolor bárbaro. Me bañé y subí como pude al ómnibus. A esa altura el dolor era terrible. Recuerdo que después del partido nos trasladamos a otra ciudad. Recién al otro día me sacaron unas placas y confirmaron la fractura. Me enyesaron y seguí la gira con la selección, pero me perdí el Mundial”, recuerda. Su lugar en la selección lo ocupó Eduardo Gerolami.

Al retornar a Montevideo hizo reposo un tiempo en la casa de sus padres, porque Olivera en ese momento tenía apenas 21 años, y cuando pudo comenzar a movilizarse con muletas, un amigo lo llevaba todos los días a Los Aromos. “La ansiedad y el apuro empujaban a volver cuando aún no era tiempo”, destacó.

Sin la recuperación adecuada, volvió en un partido amistoso, y se fracturó la tibia de la misma pierna derecha. A los casi siete meses de la primera fractura, sumó cuatro meses más de recuperación. Y otra vez la misma película: volvió antes y esta vez se fracturó tibia y peroné.

“No estaba bien asesorado”, recuerda, hasta que Schiaffino le dio el mejor consejo. En 1975 regresó a las canchas. “Cuando volví, la verdad, lo hice con mucho miedo, incluso cambió hasta mi forma de jugar. Antes era un poco más técnico y hasta me animaba a salir jugando, después fui mucho más cuidadoso de mi físico, iba más agresivo y leal a la pelota. Y siempre iba con la pierna fuerte”, confiesa.

El caso de Olveira
Diferente fue la historia de Nelson Olveira, también zaguero de Peñarol, quien el 18 de marzo de 1998, a la hora 21.30 sufrió fractura de tibia en el Estadio Centenario. El Canario, por entonces de 25 años, quedó tendido en el piso después de una grosera infracción de Gallegol Ramírez.

“Lo primero que le pregunté a Rienzi (el médico de Peñarol), cuando me sacaban en camilla del Estadio, fue si podía volver a jugar. En ese momento no me dijo nada porque no veía bien la pierna”, rememora. “Y ahí de lo primero que tenés que agarrarte es de los que te rodean y que están bien cerca. En mi caso de mi señora y mi hija”, agrega, y cuenta con emoción: “Llevaba una semana en casa cuando de pronto un día llaman a la puerta. ¡Era Fernando Morena! Ese fue el mayor espaldarazo que podía recibir, por lo que significaba él”.

Después, confiesa Olveira, sufrió el sacrificio de la recuperación. “Todos los días nos levantábamos con mi señora a las 6 de la mañana e íbamos a la playa, me metía en el agua helada y después iba a lo de Rienzi para hacer la fisioterapia”, recuerda.

A los seis meses se sintió físicamente como para volver, el médico Rienzi le dio el alta, así que encaró al técnico Gregorio Pérez y le dijo que quería jugar un partido ante Flamengo. Pero el técnico no lo dejó. Primero tuvo que realizar una puesta a punto físico, y volvió dos meses después.

“El día que volví me emocioné cuando pisé el Estadio. Estaba loco de la vida, porque regresaba a una cancha, y el día que me fui fracturado no sabía si podía volver a jugar”, explicó. “Eso sí, a partir de mi regreso nunca jugué con miedo y desde ese momento, cada vez que iba a trancar, trancaba más que nunca”, subrayó Olveira.

Y recomienda: “Lo fundamental en estos casos es no ponerse fechas para regresar. En el momento menos pensado ya estás de vuelta”.


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