Vivir en el país de las milanesas

Felipe Fernández es Licenciado en Comunicación, Forlán lo llevó a Danubio y hoy ataja en Austria
"Bienvenidos al país del Wiener Schnitzel", rezaba el cartel que recibió a Felipe Fernández en Viena.

Y la curiosidad le ganó por goleada. Preguntó, le explicaron, no entendió y decidió probar.

No pudo sentirse más en casa cuando se enteró que Wiener Schnitzel era una carne rebozada en
huevo y pan rallado.

A miles de kilómetros de distancia, se encontró comiendo una milanesa.

Fernández está, virtualmente, de los dos lados del mostrador, porque por un lado vive del fútbol bajo los tres palos y, por otro, colabora como periodista para diferentes medios uruguayos.

Recibido como licenciado en Comunicación por la Universidad Católica del Uruguay, Felipe llegó a las formativas de Danubio de la mano de Pablo Forlán, donde nunca pudo atajar: "En esa Tercera estaban Mauro Goicoechea, Nicolás Gentilio y Guillermo Reyes. El técnico era Luis Matosas y no tuve ni un solo minuto AUF jugado".

Luego de ese pasaje por filas danubianas, Fernández recaló en el fútbol playa de River Plate y Peñarol, hasta llegar a la selección de la Liga Universitaria, donde estuvo entre 2007 y 2013.

Hasta que llegó el momento de optar por un destino para su señora, que es diplomática, y se inclinaron por Viena: "Fue el primer destino que elegimos, porque los diplomáticos tienen que elegir uno cada tres años. Era un buen lugar laboral para ella y estaba en el centro de Europa que nos iba a permitir viajar con facilidad. La embajada de Uruguay en Austria es chica, tiene solo tres diplomáticos y mi señora es encargada de negocios".

Una vez instalado y sin conocer a nadie más que a su pareja, Fernández buscó un equipo que le permitiera ganar algo de dinero: "Llegué con la idea de probar suerte sin conocer a nadie. Mi primer equipo fue uno formado por latinos, Alianza Latina, pero se fundió. Jugaba en la Sexta División de Austria en un nivel muy bajo, pero ya pagaban por jugar".

En ese club conoció a un español que hacía el curso de entrenador y lo llevó a Post, su segundo equipo, donde por primera vez en su vida tuvo que pelear por un salario: "Ahí conocí al presidente que me preguntó cuánto quería ganar. El tipo puso un número muy inferior y fue toda una negociación. Ahora aprendí cuánto se gana en esa divisional".

En su actual club, Gersthofer, entrena tres horas por día y el resto lo dedica a su otra pasión, el periodismo: "Entrenamos cuatro veces por semana y el resto del tiempo lo dedicó mucho a leer y trabajar. No sé hablar alemán todavía, entonces me quedo en casa aprovechando el tiempo".
Fernández colabora con el portal Por Decir Algo y tiene dos columnas radiales, una en Radio Nacional y la otra en AM Libre.

Durante el invierno los días son muy cortos y a las cuatro de la tarde ya es noche, cae mucha nieve y las temperaturas son difíciles de soportar, por eso el equipo entrena en un gimnasio techado con cancha sintética.

En otoño la temperatura promedio es de 15 grados. El nombre del equipo corresponde al barrio: "El clásico lo jugamos con Post y es como un Miramar Misiones-Central Español porque las canchas están muy cerca. Jugamos los domingos de mañana ante 100 o 150 personas".

Viena, como todas las ciudades, tiene ventajas y desventajas. El estar en el centro de Europa le permite a sus habitantes estar en cualquier punto del Viejo Continente en pocas horas, pero el clima y los precios de algunos alimentos conspira contra las costumbres típicas de Uruguay: "En invierno a las cuatro de la tarde es noche y la comida cambia. Se come mucho más carne de cerdo que en Uruguay, porque es lo más barato. La carne vacuna es muy difícil encontrarla y además sale muy cara. En Viena se come mucha comida de olla y como buen país vecino a Alemania hay mil versiones de salchichas, de todos los colores, hay unas italianas muy ricas. Pero todavía no encontré chorizos uruguayos".



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