Vivir en el oasis del gol

Facundo Peraza juega en Calama, una ciudad donde llueve cada cuatro años y es todo desierto
Arena y calor por todas partes. No hay otra cosa. El vuelo que conecta Montevideo y Calama solo divisa un mar seco que deprime hasta al más optimista.

"En Calama es todo desierto, el clima es muy seco, hay altura y el promedio de lluvia es una vez cada cuatro años. Todo eso hace que en el día haga mucho calor y mucho frío en la noche. Eso para jugar es complicado porque te tocar jugar con la boca y la nariz seca. Hay poca humedad y mucho sol", cuenta desde el otro lado de la cordillera Facundo Peraza.

Nacido en Juanicó, con un pasaje de tres años por las formativas de Nacional y criado en una familia de periodistas, Peraza mudó sus goles a Cobreloa, equipo enclavado en la árida región de Antofagasta, donde Uruguay debutó por la Copa América ante Jamaica.

Antofagasta es conocida como la ciudad que cimenta la economía chilena, ya que su producción minera –a base de cobre y litio– la hacen el principal motor financiero del país por encima de la pesca y la industria vitivinícola.

Semejante nivel de vida atrae a miles de inmigrantes que se mudan a esta ciudad de poco más de 600 mil habitantes. Según los últimos registros, entre los pobladores chilenos se cuentan 12 mil colombianos, cinco mil ecuatorianos y varios centenares de argentinos.

Es una ciudad que hay muchos colombianos. "Los servicios son casi todos colombianos. Hay muchos que son ilegales incluso. Los chilenos no quieren mucho a los colombianos, tampoco a los extranjeros en general creo", dice Peraza y deja caer una risa.

Cobreloa actualmente está en Segunda División, pero conserva el caudal de gente que corresponde a un equipo grande: "Estamos en la B por primera vez en la historia de Cobreloa. Cuando vine a mitad de año el equipo ya había descendido y ahora por suerte está segundo. El hincha es muy fanático. Es el cuarto equipo grande después de Colo-Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica, y tenemos la particularidad de que jugamos los partidos como locales a las tres de la tarde, para aprovechar lo duro del clima. Acá sufren los futbolistas visitantes y extranjeros".

Luego de la Copa América, los ánimos entre chilenos y uruguayos no quedaron del todo bien, pero eso no es motivo de discusiones en el vestuario de su club: "Los compañeros hacen bromas todo el tiempo con este episodio. Ahora están con el pecho inflado, tienen mucha confianza. Había llegado hace poco a Chile y me tocó ver la final de la Copa América. En la calle hay dibujos de Cavani, los timbres de las casas tienen fotos de Cavani y todos están esperando el partido en el Centenario".

Peraza vive con Florencia, su pareja y sostén anímico para no extrañar: "La relación es fundamental. Tengo 23 años y todo lo que se vive en el exterior es diferente. La vida acá sería muy difícil sin ella porque siempre me está apoyando. Nosotros entrenamos casi siempre de mañana, por la tarde voy al gimnasio con mi pareja y después no hay mucho que hacer. Está el centro, hay un shopping que se recorre en dos minutos porque es muy chico y poca cosa más".

Su principal diversión es juntarse con los argentinos del plantel: "Somos siete extranjeros: seis argentinos y yo. Nos juntamos entre nosotros. Hay buena relación con los chilenos, pero fuera de la cancha tenemos más similitud de costumbres con los argentinos. Lo primero que se extraña son los asados porque la carne que venden acá es muy mala. Hicimos un asado y nada que ver".

El periodista que extraña lo dulce
"Pude estudiar hasta segundo año de Ciencias de la Comunicación. Cuando me fui a Ecuador (jugó en Aucas luego de pasar por Boston River) tuve que dejar la carrera y no pude retomarla. Mi padre es periodista, tiene un diario en Juanicó y Progreso. No me gusta mucho que mi padre ponga cosas mías en el diario porque me da un poco de vergüenza, pero cuando vivía allá muchas veces lo ayudaba para estar metido en la profesión. De mi vieja extraño mucho la comida porque es repostera y es imposible no extrañarla (risas)", cuenta Peraza que, antes de viajar, vivía con sus padres.

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