Vírgenes, santos y chorizos

La utilería De Racing está pegada al vestuario que tiene una estufa donde el Pato Sosa hacía las comidas
Cada utilería tiene su historia. La de Racing está pegada al vestuario. Y en el medio del camarín hay una estufa a leña. Allí el Pato Sosa daba la orden de que, cuando terminara el entrenamiento, estuvieran los chorizos arriba de la parrilla. Y Sosita organizaba comidas descomunales con la orden de que "si pasa uno por Millán, y tiene hambre, le dan de comer". Sin embargo, el detalle que nunca puede faltar, es el desgastado calzoncillo que el goleador Líber Quiñones se pone de cábala.

No hay dudas, el recinto sagrado de la escuelita de Sayago es distinto al resto. Hay una estufa que divide en dos el vestuario. A eso se suman las vírgenes y santos que hablan a las claras de un plantel plagado de creyentes.

De la tribuna a la utilería

Al Peludo se le dio por pasar por el club. Recién había terminado una temporada que lo había tenido como protagonista desde la tribuna. Cargando las banderas, tocando el bombo y cantando para alentar al cuadro.

El Peludo andaba con Eduardo Almada cuando se le ocurrió que de pronto le podía dar una mano al canchero. Los dos se ofrecieron a trabajar a cambio cuota social.

Claro, jamás imaginaron lo que les esperaba. Corría el año 2000 cuando los dirigentes de Racing habían decidido nivelar la cancha, disminuir la famosa bajada del Roberto. Al otro día aparecieron en la cancha cuatro camiones de tierra. El sol rajaba la cancha. La sensación térmica era como de 40º. El Ratón Almada huyó espantado. "No muchacho, por la cuota social este laburo no, si la cuota vale $ 80", dijo antes de retirarse.

El Peludo Julio Aguilera se quedó. "El tema es que, de cuatro camiones ¡pasamos a 40!", recordó en charla con Referí. Entonces se acordó pagarle 100 pesos por día.
El tema es que el trabajo era manual. En pleno verano. "Empecé a entrar la tierra a pala y trabajaba con una zaranda hasta que vino un dirigente y me dijo 'no muchacho, es un trabajo de preso ese'. Entonces me trajeron tierra de la buena y unas máquinas", recordó Julio.

Su amor incondicional por el club lo puso a prueba. Al tiempo de estar dando una mano al canchero le consiguieron un trabajo como sereno en el Roberto.
"Entonces arreglamos que yo trabajaba de noche y hasta el mediodía del día siguiente ayudando al canchero hasta que se recuperara la cancha. Entonces me daban los 100 pesos más el sueldo de sereno", expresó.

Al poco tiempo lo llamaron y le dijeron que faltaba gente en la utilería de las formativas. El tema es que la tarea era por amor al arte. "Me dijeron que no había dinero, pero lo hice igual. Todo un año sin cobrar", contó.
De la utilería de juveniles al lavadero fue un simple paso. Allí tomó contacto por primera vez con el equipo principal.

Pero claro, al Peludo lo conocían todos. "El día que vengo me encuentro con Mauricio (Larriera) que me dice 'así que vos eras el que andaba gritando atrás del arco...'. Recordando el hecho al Peludo le brota una carcajada.

Al poco tiempo se fue el canchero y allá fue el Peludo. "Puf... riego, marcado de cancha, corte de paso, arreglo de tribunas. Todo, había que hacer todo. Hasta que agarré la utilería y acá estoy. Pero hago de todo, porque sigo con la cancha, le cubro el descanso al sereno, y ahora el de la oficina, que trabaja de 9 a 12, se toma licencia y lo tengo que cubrir. Entre otras cosas estoy de Intendente acá", expresó en charla con Referí.

Durmió en la utilería

La utilería de Racing está separada del vestuario por una simple puerta. El territorio está marcado porque arriba del marco hay un cartelito que dice: Peludo.
"Me paso todo el día acá adentro. Termino muy tarde y no me voy, si bien no vivo muy lejos porque estoy acá en el Prado en un apartamento, muchas veces me quedo a dormir acá".

¿Por qué se queda? "Tengo una moto y se me complica para subirla al segundo piso del apartamento. Entonces cuando termino tarde me quedo. Ahora duermo en la concentración pero antes me tiraba un colchón en el vestuario".

El Peludo acota: "no he salido de licencia porque no da, en el verano está el sembrado de la cancha, ahora hace poco instalaron el riego automático y eso me da un poquito de alivio. Días de descanso no hay. Esa es la vida que tengo".

De Sosita al Pato Sosa

El Peludo comienza con los cuentos y las historias que encierra la utilería del elenco de Sayago.
"Son muchas cosas las vividas acá adentro. Cuando vino Larriera me miró sorprendido y me dijo: 'Peludo, si te veo atrás del arco me voy'. Esa me pasó cuando trajeron a Ruben Sosa. Me lo presentan y me dice: "vos sos el que gritás atrás del arco", dijo Julio Aguilera.

Y luego acotó una historia que le quedó marcada con Sosita. "A Ruben lo vi con acciones como traer zapatos de regalos y organizar comidas que eran un disparate. Yo le decía: 'bo Ruben, esto es un disparate de comida'. Y el loco te decía: 'si pasa uno por Millán, y tiene hambre, le dan de comer".

El utilero de Racing se acuerda de otro Sosa. "El Pato, que personaje. Era el primero que venía a entrenar y siempre compraba los chorizos para hacer ahí (dice mientras señala la estufa a leña del vestuario). En invierno se utiliza mucho la estufa. Pero con el Pato, terminaba la práctica y tenía que estar eso prendido con los chorizos arriba".

Mientras se desarrolla la charla, en el camarín queda reflejada la confianza en el Peludo. Por todos lados hay celulares, llaves de autos, billeteras.
"El jugador cuando viene tiene todo pronto acá. En la parte de abajo de su locker tiene la ropa que va a utilizar. Si hay doble horario le dejo la otra ropa en el extremo superior", cuenta.

Y luego agrega un detalle de la convivencia: "Si ellos están acá yo me voy, no estoy acá. Trato de estar lo menos posible. Muchos vienen una hora antes a tomar mate. Pero cuando ellos vienen los dejo solos. Cuando terminan están los canastos donde dejan cada prenda en su lugar. El vestuario es para ellos".

Hoy la charla la da el Peludo

Julio Aguilera sigue sacando recuerdos del baúl de su mente. No olvida lo que le pasó previo a un partido frente a Peñarol en el Centenario. El nerviosismo flotaba en el ambiente.
Los jugadores se vestían y se aprestaban a escuchar al técnico. Y en eso Larriera sorprende diciendo: "Hoy la charla la da el Peludo. Y todos me miraron. Claro, Mauricio siempre me embromaba con que dirigiera yo. ¿Qué hice? Empecé a hablar y a marcar las jugadas en el pizarrón (dice a las risas) pero al rato Mauricio brindó la charla".

El Peludo guarda el cariño de los jugadores, la amistad. "A mi marcó una historia con Líber porque tenemos una afinidad muy grande. Tuvo un problema familiar y se desahogó conmigo. Más de una vez lloramos juntos". Sus ojos brillan y corta diciendo: "mejor vamos a hablar de otra cosa porque me emociono".

La cábala de Líber

El Peludo Julio Aguilera reveló que el goleador histórico de Racing, Líber Quiñones, tiene una cábala muy particular. "Líber viene acá y si no está el calzoncillo que utiliza siempre para los partidos se pone loco. Viene muchas veces a preguntarme por el calzoncillo y le digo: 'No sé donde está, agarrá otro'. Pero no, no hay caso, tiene que ser ese y arma un revuelo bárbaro. Está bastante deteriorado pero tiene que ser ese.", contó el utilero del equipo de Sayago a Referí.

Del capitán al Loco

Los lockers del vestuario los pagó Juan Pablo Rodríguez. "Ese fue un gran capitán. Un profesional al 100%. Era el que tenía más zapatos de fútbol porque decía que era su herramienta de trabajo", dijo Aguilera. A otro que no olvida es al Loco Contreras. "Un día sale fuera del arco y lo clavaron. Lo sacaron. Entonces pasaron tres o cuatro partidos y al Loco no le gustaba comer banco. Al tiempo lo vuelven a poner, entra y a los pocos minutos se manda una igual. Le salían de adentro esas cosas".

En el corazón

Aguilera tiene tatuado el escudo de Racing. "Fuimos a jugar con Corinthians en Pacaembú y los vestuarios quedan lejísimo. Tranqué todo con los candados y me fui a la cancha. Cantaron el himno y, cuando terminaron, Ostolaza y Cauteruccio me dicen: "Peludo tráeme los zapatos intercambiables que empezó a lloviznar". Y arrancó al vestuario. Cuando paso por al banco Taramasco (ayudante técnico) que me dice 'Mirá allá'. Levanto la vista y el tablero decía Corinthians 0 – Racing 1. No lo podía creer". Luego nos pasaron por arriba.

Multas

El Peludo revela que "hay multas por llegar tarde. Hay que estar media hora antes de cada entrenamiento. Si no estás citado y no venís a ver a tus compañeros, si te suena el teléfono, dejar zapatos o ropa en la cancha. Con las camisetas, cuando empieza el campeonato hacen una lista y me dan las que quieren para ir cambiando a lo largo del campeonato. Esas que piden se las dejan a precio de costo. Si se pasan de eso se les cobra algo más. Hay dos juegos de camiseta por jugador".



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