“Viejos tapabocas” de Peñarol

Los veteranos carboneros eran los más criticados, pero en el clásico brillaron

Que ese plantel es un geriátrico. Que son todos viejos que están de vuelta. Que se arrastran por la cancha. Que no pueden con sus piernas. Todas conjeturas que se fueron elaborando durante el torneo, al compás de un flojo rendimiento de Peñarol, pero que tuvieron su contracara justo cuando más se necesitaba.

Muchos hinchas y actores dictaron “cátedra” como sentencia. Nacional ganaría el clásico por la savia nueva, la cantera inagotable, el hambre de gloria de los pibes y las piernas frescas.

Pero, como en todos los órdenes de la vida, a los “viejos” nunca se puede subestimarlos. La trayectoria jugó su partido. La extirpe clásica también. Si no que le pregunten a Antonio Pacheco, quien estaba relegado en la consideración de Jorge Fossati y apareció su versión clásico con su máximo esplendor. Ese ídolo, que muchos dijeron que “estaba de vuelta”, dio una clase teórica y práctica de cómo jugar un partido ante el rival de siempre.

El clásico de Pacheco

En la semana previa, cuando los rumores sobre una posible titularidad iban para un lado y otro, el capitán mantuvo la calma. La experiencia acumulada de 20 años de trayectoria le dio un plus. Se entrenó como nunca. Igualó el trabajo de sus compañeros más jóvenes y corrió a la par del pibe de Tercera División que sueña con un lugar entre los convocados.

La cancha le agradeció tanta entrega. Fue el gran factor diferencial. Se tiró a los pies dos veces para frenar ataques Gastón Pereiro, se metió entre Sebastián Píriz y Luis Aguiar cuando el rival tenía la pelota para lanzar a Marcelo Zalayeta y Jonathan Rodríguez en velocidad, tapó huecos volcándose a la izquierda cuando Jorge Rodríguez apretaba el acelerador y asistió a Sandoval para escalonar en la marca a De Pena. Encima, como si todo eso no valiera, participó activamente en los primeros tres goles de Peñarol. No tuvo acción en los últimos dos, porque estaba festejando desde el banco de relevos. Ese “viejo acabado” que la crítica deportiva consideraba “de vuelta”, volvió a hacerlo, frotando el pie derecho para regalarle alegrías a sus hinchas.

El de Zalayeta

Pero no fue el único. En la ofensiva, Tony tuvo un socio de lujo: Marcelo Zalayeta. Como en 1997, cuando la dupla explotó para regalarle el quinquenio al hincha. Esta vez volvieron a confabular para otro quinquenio, pero en 90 minutos. El delantero tuvo una tarde de ensueño. Le salió todo.

Darío Rodríguez vio desde afuera lo que seguramente, a sus 39 años, sea su último clásico. Pero en la cancha, Damián Macaluso y Joe Bizera, otros dos a los que les recomendaron dejar la pelota y agarrar el bastón, sacaron hasta al aire.

Si faltaba uno para recibir aplausos, llegó Sergio Orteman. El volante tuvo un rol protagonista en el Uruguayo 2010 que ganó Peñarol. Pero su vuelta al club comenzó de la peor forma. Falto de físico, erraba pases, estaba impreciso en el manejo de la pelota y los entrenadores de turno le quitaron la confianza. Fossati lo resucitó y el rapado volante metió una pelota perfecta para el cabezazo de Aguiar que bajó la cortina.


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