Viaje de iniciación

Charrúas XV cayó 38-18 ante Argentina XV y empezó a sentir el ritmo internacional

Fue un viaje de iniciación a la copa del mundo. La derrota ante Argentina XV 38-18, en el cierre de la UruCup, fue una muestra de lo que, multiplicado por 10, tendrá que enfrentar  Uruguay en setiembre durante el Mundial.

Es que los dos primeros partidos del torneo no habían sido real medida. Eran los encuentros ideales para empezar a entrar en caja, ablandar el cuerpo, pasar a la cancha lo hablado durante estos meses en los cuales el foco estuvo en crecer en volumen de juego y en empezar a cambiar el sistema para poder pararse frente a los más poderosos en setiembre.

En el primero ante Sudamérica XV (derrota 21-18) no se pasó la prueba, en gran medida porque al equipo le costó encontrar la actitud necesaria, y con ello el juego faltó a la cita. En el segundo ante Chile (victoria 42-5) se recuperó eso, pero el nivel del rival era demasiado bajo como para sacar conclusiones mundialistas válidas.

Pero el Argentina que se vio el sábado ya fue algo más aproximado. Es cierto, es el tercer equipo –el segundo está disputando la Pacific Cup–, pero años de Plan de Alto Rendimiento de la UAR le han dado el ritmo y la intensidad parecidas a la del primer mundo.

Fue duro, y por tanto, las conclusiones sirven. Cuando Uruguay no tackleó, o perdió la intensidad en las reposiciones de juego o en las formaciones fijas, en síntesis, cuando dio un milímetro de ventaja, la pasó mal. Argentina le jugó de toda la cancha, liberó rápido, hizo valer su potencia física, le robó pelotas del line y hasta del scrum, esa cédula de identidad uruguaya, para hacerle tres tries en 15 minutos, que pusieron a Charrúas XV 17-0 abajo a los 21’ y enfrentando un duro panorama.

Pero luego llegó la reacción. Y como dijo  luego Pablo Lemoine en conferencia de prensa, algunas señales que van a quedar pegadas en una cartelera como para apuntar hacia allí en el camino hacia el Mundial. Más específicamente, el final del primer tiempo y el inicio del segundo, cuando Uruguay recuperó la intensidad, tackleó a destajo, le enlenteció pelotas al rival, y cuando la tuvo se animó a jugar con una velocidad parecida a la del rival, para hacer dos tries y dos penales y pasar al frente a los 61’.

Era una pelea desigual, porque todo lo que a Uruguay le costaba esforzarse hasta el límite, Argentina parecía hacerlo mucho más fácil. Entonces, bastó con que Charruas aflojara un segundo, o errara un par de tackles, para perder 80 metros de terreno y pasar a defender. Así llegaron los tres tries del final: uno de una corrida de toda la cancha, otro un scrum robado y el octavo levantándose ante la mirada de la defensa, y el último un penal rápido en el que el equipo no reaccionó. Los mismos errores se habían visto ante Chile, pero el rival era demasiado poco como para aprovecharlos.

Así se fue la UruCup. Aprendizaje, y más aprendizaje. La actitud, lo básico, se recuperó durante el torneo. Ahora queda mirarse al espejo, consciente que lo que falta para trabajar antes de llegar al Mundial es mucho, pero las respuestas se saben y están al alcance.


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