Urunday Universitario, la joya del Prado

El club fusionado transitó durante seis décadas como un equipo de fútbol y de básquetbol hasta que hace 20 años inició su tranformación

Los hinchas más viejos de Urunday Universitario, los que veían al club como un equipo de fútbol y de básquetbol, tienen que mirar dos veces para dar crédito a lo que ven cuando se detienen frente a la fachada de Suárez 3093. Tienen razones de sobra para que suceda eso. El club del Prado, que durante décadas fue una cantina –que se llovía– con una cancha de básquetbol techada, sufrió una profunda transformación en los últimos 20 años que condujo al modelo de institución deportiva actual, con más de 4.000 socios, 6.000 metros cuadrados construidos y una propiedad e infraestructura que multiplicó por 1.000 su valor de mercado.

No son extraños, ni esos primeros 60 años, ni las dos últimas décadas. Porque eso es el deporte uruguayo bien puro. El del folclore de jugar por una camiseta, de compartir un grupo de amigos y de tener un equipo de fútbol o de básquetbol, de la primera etapa, en donde los resultados estaban por encima de cualquier aspiración de crecimiento institucional, y la de la apuesta a los ladrillos en los últimos tiempos.

Urunday Universitario es la fusión de dos clubes: de Urunday, fundado el 16 de agosto de 1931 por un grupo de ex alumnos del Colegio Seminario, y Universitario, creado el 13 de marzo de 1946 por alumnos de la Facultad de Medicina. En abril de 1978 unieron sus caminos.

El hecho de que hayan unido fuerzas no significó que juntos pudieran aspirar al crecimiento institucional que se registró años después. Por el contrario, siguieron los mismos rumbos, peleando por los principales torneos de fútbol de la Liga Universitaria y compitiendo sin gran suceso en los torneos de la Federación Uruguaya de Básquetbol.

Antes de que llegaran los ladrillos, Urunday Universitario creció dando vueltas olímpicas: ganó 16 campeonatos de fútbol en la Liga, dos veces se quedó con el trofeo en propiedad y ganó la primera edición de la Copa Libertadores.

“En la década de 1980 los dirigentes adoptamos una decisión firme: no podíamos seguir avanzando de la forma en la que lo hicimos hasta ese momento. Entendíamos que el objetivo no podía limitarse a seguir juntando dinero para financiar un equipo de fútbol o de básquetbol. Fue por esa razón que incursionamos en las obras por convenio”, dijo Nelson Silva, secretario del club desde 1982 y vinculado a Universitario desde 1958.

“De la piscina del club se hablaba desde la década de 1960 y cuando definitivamente nos propusimos empezar a avanzar, la sede tenía una construcción deteriorada, que se llovía. Empezamos las gestiones con el Ministerio de Transporte, llamamos a (Jorge) Sanguinetti y una noche el (entonces) ministro visitó la sede. Ese día nos dio el primer baño de realidad: ‘Para hacer una piscina necesitan un entorno distinto’, nos dijo, y en cierta forma nos ubicó en el lugar y, al mismo tiempo, nos obligó a cambiar el rumbo”, explicó Osvaldo Dohir, presidente de los fusionados desde 1982 en forma ininterrumpida. Antes había dirigido a Urunday entre 1975 y 1978. Aquellas palabras de Sanguinetti tomaron cuerpo en un club que a esa altura solo tenía una sede en ruinas: nada más.

Entre la década de 1990 y la actual no ganaron ningún título: el último de la Liga fue en 1990, pero hicieron crecer los ladrillos.

La transformación de la doble U fue un trabajo de hormiga y en silencio, agudizando el ingenio, porque sin un peso en 1989 iniciaron las gestiones para adquirir un predio de más de 1.204 metros cuadrados sobre la calle Cuaró. La compraventa se formalizó en 1994 en US$ 36.000 que pagaron en cuotas mensuales de US$ 500. Y cuando recibieron el predio, tampoco tenían dinero para construir; así que hipotecaron lo que habían comprado y con una campaña de socios vitalicios construyeron la primera piscina que inauguraron el 14 de diciembre de 2000.

Con el crecimiento edilicio llegaron los socios. En 2005 se inauguró la segunda piscina.

Y fueron por más. Antes de la crisis intentaron adquirir el predio lindero de 1.860 m2 por Suárez, pero le pidieron al presidente US$ 300.000. En marzo de 2004, en plena crisis, fue a remate y lo compraron US$ 120.000.

En 1990 el club tenía 250 socios. Con la primera sala de musculación incrementó a 600, con la primera piscina llegó 1.000 y trepó a los 2.000 con la segunda piscina. Hoy tiene más de 4.000, un área de terreno de 4.539,57 m2 y el total edificado es de 6.200 m.

En 1998 la infraestructura del club fue tasada en US$ 1.000.000, en 2006 en US$ 2.400.000 y en 2010 US$ 11.300.000.

Al fin y al cabo, estuvo a la sombra de los éxitos, pero creció en silencio para solidificar las bases que lo proyectan al futuro. Cada uno elige su camino.


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