Uruguayos ¿dónde fueron a parar?

El Observador lanza una serie de entrevistas a jugadores cuasi anónimos que cuentan anécdotas y su vida en los destinos exóticos en los que terminaron

Son cientos los futbolistas uruguayos que cada año emigran en busca de un destino mejor. Algunos, como Luis Suárez o Edinson Cavani, son noticia día por medio y ganan cifras multimillonarias. Pero de la mayoría de los jugadores que se van poco se sabe. Algunos tienen que vivir momentos de angustia económica y a veces de soledad en zonas tan distantes como China, Azerbaiján o Bielorrusia.

En los próximos días El Observador comenzará a presentar notas con futbolistas que les tocó jugar en destinos exóticos. Algunos aún están allí, otros han regresado y los hay que de un destino inesperado pasaron a otro que lo era más aún.
 
Carlos Eduardo Peppe, por ejemplo, es un uruguayo que hace más de cinco años vive en Andorra. Ante la falta de oportunidades en el fútbol local debió emigrar a Europa y pese a no conocer prácticamente nada del país, decidió instalarse allí.

El fútbol fue su excusa para arribar al pequeño país ubicado entre Francia y España, pero la falta de profesionalidad del mismo lo obligó a buscar otro empleo para poder hacer una diferencia económica.

Por las mañanas trabaja de camarero en un hotel cinco estrellas y los lunes, miércoles y viernes sale del empleo para entrenar con su equipo o la selección andorrana, donde puede jugar gracias a que se casó con una lugareña. “En mi vida iba imaginé poder enfrentarme dentro de una cancha con Xavi”, expresó a El Observador.

Otro de los uruguayos que incluirá la lista de entrevistados, buena parte de ellos vía skype, es Danilo Cócaro. Con 20 años decidió emigrar a Bielorrusia para mejorar deportiva y económicamente su vida. “No conocía nada del país. Busqué algo de información cuando me dijeron de ir allí. Fui lleno de abrigo porque me imaginé que hacía mucho frío y me morí de calor”, contó entre otras anécdotas de su estadía en tierras lejanas. 

Pier Luigi Bogni, de 22 años, es un futbolista que nunca tuvo la chance de jugar profesionalmente en Uruguay, pero que luego de un gran pasaje por el fútbol universitario consiguió una oportunidad en la séptima división del fútbol alemán. “Al principio me asusté bastante porque no es fácil cambiar de cultura de un día para el otro, pero luego me adapté y aquí estoy. Me imaginaba otra cosa”, dijo el jugador a El Observador, que además indicó que si por él fuera se quedaría allí por mucho tiempo más.

Mientras, un trota mundo como Walter Guglielmone cuenta entre una de sus tantas experiencias el tener que vivir en Azerbaiján, un país en que la disciplina es ley, tanto así que el robo se castiga con la mutilación de los dedos, y en el que se negocia con los taxistas para que te trasladen a un lugar. “La experiencia de vivir allí es increíble. Hay que rebuscársela todo el tiempo para llevarla de la mejor manera. Para comunicarme tuve que mezclar varios idiomas y señas para que me entendieran. Es una vivencia importante que me permitió crecer mucho culturalmente”, dijo Guglielmone, quien antes había jugado en China. (Próximamente serie de "Uruguayos ¿dónde fueron a parar?".


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