Uruguay y la táctica del milagro

El planteo ultradefensivo tuvo fisuras careció de contragolpe y se volvió fallar a la hora de la generación de juego

Enviado a Mendoza, Argentina

Si algo se puede decir a favor del planteo que Óscar Tabárez utilizó anoche para jugar ante Argentina como visitante es que el entrenador no traicionó su estilo. Todo lo demás es criticable: desde la ejecución del plan en su misma esencias hasta las bases conceptuales que alimentaban la ilusión de llevarse algo más que una ajustada derrota, sea un empate o un triunfo.

Cautela, defensa y especulación en estado puro signaron la actuación uruguaya en el Malvinas Argentinas de Mendoza.

Diez jugadores arrinconados contra su área y Luis Suárez como llanero solitario alimentado por esporádicos pelotazos largos y anunciados.

Así se paró la selección de Uruguay después de unos minutos iniciales donde intentó presionar a Argentina lejos de su arco. Un espejismo. Porque en la medida en que la pelota empezó a circular bajo los pies de Javier Mascherano –sí, claro, bien lejos del arco de Fernando Muslera–, Argentina se adueñó del partido.

Entonces, Lionel Messi y Paulo Dybala comenzaron a retroceder y asociarse para llevar el componente de peligro sobre el arco uruguayo.

A partir de ahí, el 4-1-4-1 que paró Tabárez empezó a flaquear. No tanto por la defensa de la extrema retaguardia. Ahí Jorge Fucile, muy exigido por las circunstancias, tuvo un par de cierres oportunos mientras Josema Giménez se tiró con el alma a trabar un remate de Messi en el corazón del área. El problema insoluble se dio porque en el veloz manejo de pelota de los argentinos se fueron abriendo espacios en la zona media desde donde los locales probaron con remates de media distancia.

Ahí, en la zona donde Egidio Arévalo Ríos debía pasar el plumero como volante tapón por delante de la línea de cuatro, primero fue Paulo Dybala el que castigó el vertical izquierdo con un misil. Y después fue Messi el que probó y encontró suerte en un involuntario desvío de Giménez.

Así, el escenario de complejidad defensiva dispuesto para Messi y compañía se desmanteló. Una vez más el plan duró lo que tardó en abrir la cuenta el rival.

Primero porque este tipo de planes siempre dependen de la eficacia del rival. Y después porque para redoblar su solidez se necesita contar con un contragolpe que lleve al rival a dudar a la hora de lanzarse dejando espacios al descubierto.

La parte B de ese plan falló estrepitosamente. Mucho más que el de la firmeza defensiva.

Porque Uruguay fue un equipo estirado con 10 hombres de un lado y uno solo del otro, Suárez.

Con Cavani recostado a la banda izquierda para hacer su habitual tarea de recorrido y sacrificio, con Lodeiro cuya única acción de destaque en el primer tiempo fue tirarse a los pies de Lucas Pratto para recuperar una pelota que el centrodelantero rival le había ganado de igual modo a Diego Godín, y con un Carlos Sánchez que nunca entró en juego, el equipo padeció una alarmante falta de tenencia de pelota.

Según los números de Data Factory –proveedor de estadísticas oficial de la Conmebol–, Uruguay intentó en el primer tiempo apenas 53 pases de los que acertó 27 fallando los 26 restantes. Números realmente penosos que reflejaron el juego del equipo.

Es cierto que la posesión de la pelota es un bien de valor relativo en esto del fútbol. Pero el 71% a 29% de Argentina (288 pases intentados, 263 correctos) se tradujeron en un equipo protagonista que plasmó su supremacía en la red y otro que solo atinó a defenderse sin ser lo suficientemente sólido ni saber cómo hilvanar un sol contragolpe limpio.

La roja a Dybala, sumado al gol de ventaja, cambiaron el trámite para el segundo tiempo obligando a Uruguay a jugar en el escenario que más incómodo le queda: el de protagonista.

Tabárez modificó inicialmente la posición de Cavani mandándolo como segunda punta junto a Suárez pero con la tarea táctica de seguir a Mascherano en las salidas argentinas.

Pero no fue hasta el ingreso de Gastón Ramírez cuando el equipo mostró signos de recuperación futbolística.

Ahí Uruguay encontró un hombre claro, con desmarque y responsabilidad para mostrarse, pasar y filtrar pases.

No alcanzó. Por falta de socios e idea. Y otra vez por acordarse tarde de buscar el arco rival.


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