Uruguay y el hábito de crecer en las difíciles

Al partido con Paraguay se llegó con un lastre duro de digerir pero el grupo sacó la cara siendo fiel a si mismo y pasó una prueba bisagra
El partido del martes ante Paraguay no iba a ser uno más para la selección uruguaya porque, cualquiera fuera el resultado, tendría una caja de resonancia por el contexto.

En la cara brillante de la moneda, el equipo de Óscar Tabárez llegaba en la zona alta de la tabla, invicto en el Estadio Centenario, con la menor cantidad de goles recibidos y con la chapa de ser el más goleador del certamen.

En la cara oscura, los celestes tenían el lastre de arrastrar tres derrotas en los últimos cuatro partidos (cayó ante México y Venezuela en la Copa América Centenario, ganó ante Jamaica ya eliminado y volvió a perder ante Argentina en Mendoza) y falencias en la creación que se arrastran desde la Copa América 2015.

Por eso el partido ante Paraguay era bisagra entre seguir con un rendimiento colectivo en caída o ajustar detalles en buscar de optimizar rendimientos. La virtud celeste fue mantener rasgos propios y sumar los que se imponían para ganarle con autoridad a Paraguay en la noche del martes.

Si hay algo que se elogia de Uruguay es que su última línea es difícil de vulnerar y como testigo de ello el Centenario está invicto en puntos y goles en contra.

En ofensiva, donde el equipo tuvo mayores problemas, goleó a rivales directos en busca de la clasificación como Chile y Colombia, que incluso tienen una propuesta más arriesgada que la de Uruguay.

"Tenemos jugadores que están haciendo sus primeras armas y otros como Maximiliano Pereira, Matías Vecino y Álvaro González que no pudieron estar. No somos los peores de América", Óscar Tabárez.
En las cuatro eliminatorias del nuevo siglo, Uruguay terminó en la quinta posición con 27 puntos (para Corea-Japón 2002), 25 puntos (para Alemania 2006), 24 puntos (para Sudáfrica 2010) y 25 puntos (con dos partidos menos para Brasil 2014 ya que el anfitrión no disputó el certamen).

Quizás la lectura más positiva es que a falta de un partido para que termine la primera ronda el equipo está en una situación de privilegio con 16 unidades.

A futuro quedan los duelos con Venezuela (primero local y luego visitante), recibir a Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia y visitar Colombia, Perú, Paraguay y Chile.

El proceso es indiscutible

La victoria ante Paraguay ahuyentó fantasmas y temores por la importancia de un partido bisagra. Si se perdía, la racha negativa sería un lastre difícil de digerir y la victoria haría relucir la cara brillante de la moneda. Pero hay algo claro. Para criticar al proceso de Óscar Tabárez desde 2006 a la fecha, hay que acusar una ceguera total en cuanto a contextos, manejos de situaciones, resultados y actitudes grupales.

Tabárez depuró a una selección acostumbrada a las derrotas y obligó al periodismo, que hasta 2006 se esforzaba en explicar fracasos, al ejercicio de pensar a largo plazo, aún cuando las píldoras del exitismo son una tentación.

"Teníamos que hacer cosas que propiciaran otro resultado, jugar por las bandas, con la pelota al piso y hacerle llegar la pelota a Suárez y a Cavani que son los que jugaron más arriba", Óscar Tabárez.
Dentro de la cancha y en estos 10 años, el grupo celeste tuvo su pico más alto en el Mundial de Sudáfrica, ganó una Copa América y se dio el gusto de, aún a través de la repesca, estar presente en los dos Mundiales que se jugaron.

El proceso también se explica hacia abajo con la clasificación sistemática a los Mundiales de todas las selecciones juveniles. Se apostó, desde las bases, a una renovación conceptual y a la formación integral de jugadores. De ahí el perfil de "jugador del proceso" que viene nutriendo al grupo principal desde hace varios años.

Fuera de la cancha, Tabárez moldeó a una generación con valores indelebles que no dudó en plantarse para defender derechos en busca de una selección abierta, transparente y genuina.

¿Eso significa que Tabárez sea inmune en todas sus posturas? No, aunque hay matices y Uruguay, un país futbolizado a la potencia, debe encontrar el equilibrio entre los contrastes de pedir jugadores ante un tropezón y evitar la obsecuencia con un grupo de profesionales que tiene brillo propio.

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