Uruguay, entre sueños y realidades

Desde 2010 el espejo de la selección devuelve ilusión; sin embargo, el equipo olímpico carga con el deseo del hincha y el escaso tiempo de preparación

Desde el Mundial de Sudáfrica 2010 el fútbol de la selección solo admite triunfos, título, show de goles, espectáculo, figuras que brillan a todo nivel, estadios llenos. Con esa imagen, el hincha de la celeste se sentó el domingo frente al televisor, porque la mayoría no fue al Estadio Centenario a despedir al equipo olímpico, y se desayunó con que el conjunto que dirigirá Óscar Washington Tabárez en Londres 2012 no promete el mismo nivel de excelencia que el combinado absoluto, aunque lo intente y algunos de sus integrantes sean los mismos en ambos seleccionados.

Por esa razón: la primera sensación fue de desilusión. Porque cuando esperó que desde la cancha surgiera esa personalidad avasallante que transmite el conjunto capitaneado por Diego Lugano, recibió tímidas señales de un equipo en formación, carente de la dinámica que brinda un proceso a largo plazo y con jugadores que van sumando a partir de la experiencia y continuidad la confianza que necesitan para desarrollar un juego capaz de brindar la tranquilidad que el hincha espera de su selección.

Es lógico que el hincha pida, que quiera ver a Uruguay con la medalla de oro en el pecho o en la final del torneo de fútbol olímpico. Se acostumbró a disfrutar cantidad y calidad en torno a todo lo que gira en la selección. Por el modelo que impuso el técnico Tabárez a pesar de todas las dificultades que pudieran surgir en el camino, y porque encontró una generación que cambió el rumbo del fútbol uruguayo. Por los 17 partidos sin perder, las victorias ante los grandes de Europa, las actuaciones que intimidan al más pintado del planeta fútbol. Todo eso elevó el listón de las aspiraciones de los que lloran por Uruguay y obligó a redoblar la apuesta en cada presentación.

Es por esa razón que frente al desempeño de la selección olímpica, que no solo se reduce a la actuación ante Panamá –también frente a Chile–, la reacción inmediata fue de vacío futbolístico.


Tabárez tiene el equipo
Los partidos que los celestes disputaron en la breve e intensa etapa de preparación, permitieron a Tabárez empezar a encontrar el equipo y las variantes en busca de lograr la formación que más le rinda.

Su primera decisión fue optar por los tres mayores (Egidio Arévalo Ríos, Edinson Cavani y Luis Suárez), y en ese momento descartó al golero Fernando Muslera, el otro mayor reservado para los Juegos Olímpicos. El entrenador confió en los sub 23 que tenía y le brindó toda la confianza a Martín Campaña (Cerro Largo).

En la defensa empezó con cuatro, pero el domingo encontró en la línea de tres (que pasa a ser de cinco) la seguridad que estaba buscando.

Ramón Arias, Alexis Rolín y Sebastián Coates conforman un triángulo final que bien respaldado por las bandas, brindó el cero en el arco. Jonathan Urretaviscaya por derecha y Emiliano Albín completan el quinteto.

Urreta le da al entrenador de la selección la posibilidad de disponer de un jugador con fútbol y marca, por la velocidad que tiene en su juego y por el sacrificio para defender. El ex futbolista de River Plate maneja muy bien la banda, y eso le permitió ganarse un puesto en el equipo en lugar de Nicolás Lodeiro. El sanducero trabaja más por adentro y le brinda otras opciones, menos defensivas y más agresivas en el ataque.

En el caso de Albín, el polifuncional defensa de Peñarol, que el domingo se soltó y apareció en ofensiva con peligro, apuesta a la experiencia y a la posibilidad de utilizarlo por izquierda con tan buen suceso como por derecha.

El entrenador montó el mediocampo con marca y fútbol.

La contención de Egidio Arévalo Ríos, a partir del que gira todo el andamiaje de contención, y su ladero, el tricolor Maximiliano Calzada, brinda a la estructura de la selección un buen cernidor.

Calzada completa por estos días un gran semestre, que incluyó una buena campaña en Nacional, con el que se consagró campeón del Uruguayo.

El ataque está en manos de los más experientes y de los que ilusionan al hincha. Gastón Ramírez, Edinson Cavani y Luis Suárez conforman el trío, que puede ser cuarteto si Tabárez decide incluir a Lodeiro en la formación ofensiva. Ramírez se encarga de la elaboración, en tanto Cavani y Suárez de la ejecución del resto, por velocidad y olfato goleador.

El director técnico también maneja otras alternativas para brindar al equipo variantes. La de Tabaré Viudez es una que le seduce, por la velocidad que le puede dar el delantero tricolor a los últimos metros del ataque de la selección. Y allí aparece para pelear por un lugar Abel Hernández, que en los amistosos respondió con goles.
Tabárez tiene el equipo, el diseño de lo que quiere y trabaja sobre la misma fórmula, que fue madurando en los seis partidos amistosos que disputó. También prueba con variantes tácticas, para lograr la dinámica que necesita Uruguay para sortear con éxitos los obstáculos que le presenten en los Juegos Olímpicos Emiratos Árabes, Senegal y Gran Bretaña en la primera fase de la competencia.

En el corto proceso de preparación que lleva la selección –que comenzó en marzo con los futbolistas que actúan en los equipos del medio, se interrumpió en mayo y trabaja con todo el plantel desde el 28 de junio– le quedan solamente seis días de trabajo, los otros se irán en viajes y en la espera del día previo al debut con Emiratos Árabes Unidos previsto para la hora 13 de Uruguay del 26, para conseguir que desde la cancha los olímpicos le devuelvan, como los jugadores de la mayor, sueños hechos realidad.

Y en ese escenario de ilusiones y sueños, de las fantasías que despierta en el hincha un ataque integrado por Lodeiro o Urreta, Ramírez, Cavani y Suárez, el gran asunto que tendrá que resolver la selección olímpica será saber manejar el peso de la responsabilidad de representar a un país futbolero, que rápidamente se acostumbró a lo bueno y que no quiere admitir otro final que acompañado por el éxito.


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