Uruguay, preparate para el infierno de Barranquilla

El calor y la humedad agobian, tanto como la euforia de los locales que esperan optimistas la victoria de la selección colombiana; Uruguay llega esta tarde a la sede del partido

Apenas el periodista sale del aeropuerto Ernesto Cortissoz de Barranquilla, el calor lo abrasa, el sol lo estruja y mientras seca con la palma de la mano la frente que ya gotea, entiende por qué la Federación Colombiana de Fútbol eligió esta sede y la hora 15.30 para el partido de mañana frente a Uruguay por la séptima fecha de las Eliminatorias para el Mundial de Brasil. Los 35 ºC sofocan y los colombianos intentarán sacar ventaja en los primeros minutos del partido cuando el bochorno golpee a los uruguayos. Es que ya quedó claro en las Eliminatorias pasadas –cuando los celestes vencieron 1-0– que la altura de Bogotá no le provoca el miedo de antes al combinado de Óscar Washington Tabárez, por eso los locales cambiaron la estrategia.

De todas formas, el cuerpo técnico de la selección nacional tomó recaudos y el plantel entrenó cuatro días en Panamá, con un clima similar, para mitigar el horno del Atlántico.

Pero no solo dentro del campo de juego va a padecer la selección. También el bullicio de la tribuna le jugará en contra. Barranquilla se pintó de amarillo, rojo y azul. El pueblo vive la semana con euforia porque el argentino José Néstor Pekerman eligió esta ciudad con la intención de sumar puntos. Una bandera del país flamea al frente del hotel Interamericano, ubicado en pleno centro, donde los bocinazos, las frenadas, los buses multicolores y la gente con poca ropa y rostros felices pintan la escenografía del más puro barranquillero. Es una muestra de la euforia. Otra es que las camisetas tricolores se venden en las esquinas tanto como la sopa en los restaurantes. Pese al calor, acá todo el mundo toma sopa.

En el estadio de básquetbol, al frente del estadio de fútbol Romelio Martínez, cuna del Junior, la gente hace colas para comprar las últimas entradas para el partido de mañana. Cuando se abrieron las boleterías por la mañana quedaban 9.000 boletos. Y los revendedores también aprovechan la ocasión y cantan sus ofertas, entre puestos de dulces de distintos colores y aromas, banderas, sandía y melón... debido a que todo sirve para calmar la sed y la ansiedad.

Los ómnibus lucen con orgullo el cartel luminoso “Bienvenida selección” en su destino. La música de Joe Arroyo se escucha más que la de Shakira, a la que no quieren “porque niega que es barranquillera”, le cuentan al periodista en el hotel con cierto dolor. Sin embargo, caminando por estas calles, las caderas se mueven solas. Eso sí, nadie es ciego, sordo y mudo. Este pueblo es alegría y así esperan el gran encuentro que se disputará en el estadio Metropolitano.

“Les ganamos 2-0”, es la frase recurrente de los locales cuando se dan cuenta de que hablan con un uruguayo. Están entusiasmados con los goles de Radamel Falcao en Atlético de Madrid y con la convocatoria de dos barranquilleros para este partido: Teófilo Gutiérrez y Macnelly Torres. Se sienten identificados con ellos porque “sienten en la piel la idioscincracia local”, expresa un periodista.

Pekerman decidió entrenar a puertas cerradas y ese es uno de los lunares que tiene esta semana. Un día, frente a tanta gente agolpada en las puertas del estadio, el argentino decidió dejarlos pasar un momento para refrescarles la ilusión. Después continuó con el régimen antipático, pero que surte efecto porque nadie sabe con certeza cuál será la formación de mañana.

Los periodistas tiran nombres, especulan puestos, pero es escasa la información.

Los antecedentes en esta ciudad acompañan a los colombianos. Las dos veces que Uruguay jugó en el estadio Metropolitano, cayó estrepitosamente: 3-1 y 5-0. De todas formas, está fresco en las calles (lo único fresco que existe por estas latitudes) el partido en que Argentina les ganó 2-1 de atrás en noviembre pasado.

“Esta selección de Colombia no es la de antes, el único jugador clase A es Falcao, los otros acompañan. Y con eso no alcanza para el nivel mundial”, opina el periodista Rosember Anaya, del diario El Heraldo.

Los celestes llegan esta tarde a Barranquilla, tras los trabajos que durante cuatro días realizaron en Panamá, y sentirán el horno en carne propia. Notarán la temperatura de una ciudad que vibra en tres colores y que hará sentir a los celestes que llegan al infierno.




Fuente: Juan José Díaz, enviado a Barranquilla

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