Uruguay: ¿No habrá llegado el momento de ser un poco más audaz?

Tras la versión ultradefensiva de la Copa América, Tabárez deberá retransformar su propuesta, y tener, desde la táctica, la misma valentía que tuvo para reordenar el proceso de selecciones
En el campito, de niños, nos enseñaron a correr detrás de la pelota. También a pegarle con el borde interno, de puntín o con el empeine, según se necesitara. Nos enseñaron a meter goles. Pero había algo innegociable, se fuera un proyecto de estrella o –como yo o tantos de ustedes– un mediocre jugador que solo tenía su entusiasmo como carta de presentación: la entrega, esa por la que, muchos eslabones más arriba, se reconoce a Uruguay en el mundo y que genera una mística como en pocos otros países del planeta.

En el campito o en el equipo del barrio o de la escuela, los hermanos mayores o los entrenadores también nos enseñaron a respetar al rival. A que, si se tiran caños, se hace con el partido 0-0 y cuando todo está por verse, pero no cuando se gana 5-0 y el rival está de rodillas.

En el campito, en la escuela, en las divisiones juveniles o en las selecciones nacionales se enseña que no se llora. Que lo que pasa dentro de la cancha queda dentro de la cancha. Que salir a protestar luego por el juez, por lo que hizo un rival o por los goles que se erraron es de mal perdedor. Estará bien o mal ese principio, pero era parte de la escala de valores del fútbol uruguayo.

El miércoles, como siempre, la selección uruguaya respetó lo primero y quizá lo segundo. Pero no lo tercero. Jugadores, entrenadores, buena parte de los periodistas, la mayoría de los hinchas, dejó ese precepto de lado para llorar por una mala decisión del juez, para justificar una derrota en un partido en el que se había hecho poco por ganar, y para consolarse en viejas y renovadas teorías conspirativas.

No son antojadizos aquellos valores del campito. Reflejan principios del deporte, por los cuales periodistas, políticos e hinchas nos cansamos de decir que el deporte es formativo y una buena manera de alejar a los jóvenes de malas costumbres. En particular, aquel del "no se llora", habla ante todo de saber manejar las frustraciones, y tener la autocrítica suficiente para detenerse en los errores propios antes que patalear por los ajenos, sean del tamaño que sean e influyan mucho o poco en el desarrollo de un partido.

Y si hablamos de errores, habría que reconocer primero que Uruguay jugó muy poco en esta Copa América. Y eso partiendo del concepto que ha manejado Tabárez: el cuestionamiento de que "no existe un manual" sobre qué significa jugar bien o mal.

Jugar a defender puede significar jugar bien. Y este mismo equipo de Uruguay lo demostró en muchísimas ocasiones, incluso en algunos buenos pasajes de este torneo, cuando logró anular a Messi o al juego ofensivo de Chile en algunos tramos del partido del miércoles.

Pero la de Uruguay fue una versión ultradefensiva. Y eso, en definitiva, ayuda al rival. "Hay pocos equipos que condicionen tanto los ataques ni que defiendan tan bien dentro del área como Uruguay. Una pena que el plan acabe ahí", lo dijo más claramente que nadie Diego Latorre, un gurú conceptual del fútbol moderno.

Tabárez no fue siempre tan defensivo. Basta recordar el inicio de su proceso, cuando con jugadores similares a los de ahora –no habían estallado Cavani o Suárez– arrancó la Copa América 2007 con tres puntas. Incluso en el Mundial de 2010 jugaba con dos puntas y medio, y era Cavani, el tercer punta, el que hacía el sacrificio de bajar. En Esta Copa América jugó con uno solo, y de momentos con ninguno.

Coincido con Tabárez en que Uruguay no debe cambiar ataque por ataque. Y sí que si se tiene una de las mejores defensas del mundo, hay que aprovecharlo. En lo que no coincido es en escudarse en eso como única arma, porque favorece la estrategia del rival. Y porque tampoco se le puede pedir magia a los jugadores: pedirles circuitos ofensivos aceitados de un momento para otro, cuando la apuesta nunca es esa, no parece lo más lógico. Si Chile tiene ese rendimiento ofensivo no es ni más ni menos que por un trabajo de largo plazo. No es por nombres fuera de serie, algo que sí tiene Argentina, sino por trabajo en conjunto. Que en definitiva es lo mismo que ha hecho Uruguay con su defensa.

¿Uruguay tiene tantos menos nombres que Chile para crear juego? No parece. Quizá Vidal esté por encima de cualquier jugador de creación de Uruguay, pero de la misma manera en el área Suárez por encima de Vargas, Lodeiro por encima de Valdivia –que en estos días emigra al débil torneo de Arabia Saudita– o Cavani al mismo nivel que Alexis Sánchez.

Parece un tema de prioridades. Y Uruguay ha priorizado mucho tiempo defender. Lo que no está mal: el pecado es que se ha olvidado de atacar.

Se está a tiempo de mejorar, y ese será el gran desafío de Tabárez en las próximas Eliminatorias. Retransformarse, y tener la misma valentía que tuvo para reordenar el proceso de selecciones, y limpiar la casa de intereses externos tóxicos. En este caso será para renovar su idea táctica, aunque falten los mejores de los mejores.

Porque sin juego, y aferrados únicamente a la defensa, a la mística, al "fuego", se pueden ganar partidos, pero es probable que se pierdan muchos. Le pasó a Uruguay ante Colombia en el Mundial, y ahora ante Chile en la Copa América. Y se queda a expensas que cualquier error de un juez termine siendo el detonante. Porque, seguramente, Chile, Argentina o Brasil hoy tengan mucho más argumentos que Uruguay para reponerse de una mala decisión arbitral.

En definitiva es aquello del juego, y no la mano negra de un juez, lo que dejó a Uruguay sin Copa América. Y lo que nos hizo violar los principios del campito. l

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