Uruguay invita a la fiesta

En un rato, los celestes resolvieron el partido ante Jordania y aseguraron ir a Brasil 2014; la revancha en Montevideo servirá para celebrar la clasificación

El Cebolla Rodríguez mira al cielo. Allá atrás, en el fondo de la cancha, Lugano se abraza con Godín y esperan a Martín Silva. El Matador Cavani implora a Dios. Tabárez se saluda con sus compañeros. Bauzá se confunde en un interminable abrazo con su compañero de Ejecutivo, Donato Rivas. Lloran emocionados. Y allá van los jugadores a dedicar el triunfo y el sellado del pasaje al Mundial al grupo de uruguayos que viajó desde los países cercanos, pasando complejas fronteras, por el orgullo de estar unos días cerca de su tierra.

Cuántas sensaciones en una noche. Cuántos años de sufrimiento. Son esos instantes donde el protagonista mira para atrás y repasa todo lo que le tocó vivir.

Los jugadores que tenían una espina clavada luego de aquel trimestre donde todo se venía abajo y empezaron los cuestionamientos y se elevaron algunas voces diciendo que algunos estaban acabados.

El técnico que cuando vino la mala fue golpeado y maltratado. Explotaron granadas por todos lados. Que se había casado con los jugadores, que no sabía plantear los partidos de local.

El presidente de la AUF y sus compañeros, atacados con una y mil asambleas pidiendo cambios y poco menos que su cabeza. En un momento todo estaba mal.
Son tan extrañas las sensaciones. Porque por un lado está el partido y por el otro lo insignificante del rival. Mire como habría sido de extraño este mundo desconocido de Jordania que casi lo embocan de entrada a Uruguay y de pronto otro gallo cantaría. Fue cuando a los 17 minutos Martín Silva sacó una pelota con destino de centro que casi se mete en el arco.

Pero después de ese inicio entonado del rival que empujado por su gente amagó algo, Uruguay puso las cosas en su lugar. El equipo de Tabárez estaba jugando con un 4-1-3-2. Es que Lodeiro no se pegó al lado de Arévalo. Se paró adelante. Entonces quedó con dos volantes por afuera y Lodeiro lanzando por el medio. Estos tres hombres fueron los encargados de salir a presionar.
El planteo de Uruguay brindó sus frutos a los 21 minutos cuando Stuani encaró por derecha, tiró un centro al segundo palo que conectó de cabeza Cavani y el rebote del golero lo tomó Maxi Pereira para decretar la apertura.

Y se terminó el partido. Jordania se derrumbó anímicamente. Fue un clic. El estadio quedó inmerso en un silencio increíble. Se terminó la fiesta. Y de partido pasó a entrenamiento. Uruguay bajó las revoluciones. Sobre la hora del primer tiempo llegó el segundo gol luego de un gran pase de Lodeiro a Stuani.

El segundo tiempo estuvo de más. Tabárez no movió el equipo. Y creció el Cebolla, que fue imparable por la banda. Y al margen de que los jordanos casi descuentan, a los 68 minutos Suárez puso en carrera a Cavani que eludió al golero y tocó a Lodeiro que definió de manera magistral.

Tabárez había logrado su cometido. Entrenó con la intención de sentenciar la historia del repechaje en el primer partido. Paró un equipo con neto corte ofensivo. Y volvió a ganar la batalla. Mire, de Tabárez se podrá decir que demora los cambios, que responde mal en alguna oportunidad, pero en lo suyo nunca falla.

A esta altura del partido la gente estaba más para ovacionar a los uruguayos que para esperar una reacción. A los 77’ el Cebolla, que fue el mejor de la cancha, marcó el tercero y la historia se sentenció con un golazo de tiro libre de Cavani.

Uruguay liquidó el repechaje. Fueron suficientes 90 minutos para sellar el boleto al Mundial de Brasil. Los protagonistas lo festejaron como tal, pese a que algunos no venden la piel del oso antes de cazarla. La historia, que empezó como partido, terminó a ritmo de práctica. Y ahora la revancha queda abierta para la fiesta del pueblo.


Fuente: Jorge Señorans, enviado a Amán

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