Uruguay, de controlado a controlador

Cuando la celeste le cedió el protagonismo a su rival lo destrozó; antes fue inofensivo


Uruguay no repitió lo demostrado ante Paraguay. Sin embargo volvió a ganar, dejó su arco en cero y terminó goleando. Casi un calco de lo que pasó hace un mes ante los guaraníes. No por el trámite, sino por el resultado.

Cuesta explicarlo desde lo contundente del mismo: 3 a 0 a Venezuela. Pero lo cierto es que la vinotinto se paró en el Centenario tras estudiar de memoria todo lo bueno que hizo Uruguay ante Paraguay el pasado 6 de setiembre.

Esa clara disposición a no dejar jugar a la celeste vino acompañada de una nítida intención de hacer daño en ofensiva.

Con armas típicamente uruguayas: respuesta a la propuesta del rival, escasa tenencia de balón y sentido vertical del contragolpe.

Si Paraguay se regaló ante Uruguay recostando dos líneas de cuatro sobre su área y dejó mucho espacio para que el equipo de Óscar Tabárez hiciera circular la pelota con facilidad para generar los ataques y ser profundo por afuera soltando a sus laterales, Rafael Dudamel fue inteligente al emplear un sistema distinto al 4-4-2.

El DT venezolano apostó por un 4-2-3-1 con el que presionó adecuadamente la salida celeste sin perder nunca firmeza defensiva ante los reiterados pelotazos largos a los que tuvo que recurrir Uruguay saliéndose del libreto que tenía que interpretar.

La vinotinto recuperó así la pelota rápidamente y buscó pasar velozmente al ataque para explotar las espaldas de Carlos Sánchez y Cristian Rodríguez.

A Egidio Arévalo Ríos le quedó demasiado espacio para cubrir ante los tres volantes ofensivos rivales, todos de buen pie: Juan Pablo Añor, Alejandro "Lobito" Guerra y fundamentalmente Adalberto Peñaranda.

El extremo que actualmente milita en Udinese fue una pesadilla para el fondo celeste, especialmente para Mathías Corujo.

Cuando los volantes no encaraban y causaban estragos, los envíos largos a Salomón Rondón también complicaron a los zagueros, especialmente a Sebastián Coates.

Pero tanto a Peñaranda como a Rondón les faltó la jerarquía necesaria para traducir en la red el claro dominio que exhibió la vinotinto en los primeros 30'.

Y Uruguay le pagó con una frase hecha: la de goles errados son goles en contra. Una bofetada de realidad típica de una Eliminatoria sudamericana.

Recuperar la pelota arriba y atacar rápido con Suárez moviéndose con libertad y un enganche pisando el área. Esa fue la única parte de lo realizado ante Paraguay que salió en el primer tiempo. Basta con recordar aquella pelota que le robó Corujo a Salustiano Candia para un desborde de Suárez por derecha y un gol de Cavani por el centro del ataque.

Esta vez el que recuperó fue Sánchez que le puso la única cuota de lectura de juego que tuvo la celeste en los primeros 45'. Y Suárez volvió a vestirse de asistidor. Esta vez por izquierda. El receptor no fue Cavani sino Lodeiro.

El zurdo de Seattle Sounders no fue un derroche de talento en el primer tiempo. No pudo jugar y hacer jugar al equipo. Pero su movilidad constante y su inquietud ofensiva lo hicieron artífice del cambio que tuvo el partido.

Dicho cambio se terminó de traducir en el arranque del segundo tiempo cuando Cavani se autogestionó un pase llovido de Sánchez y lo hizo gol ganándole en potencia a Wilker Ángel, el primer zaguero venezolano.

Ahí Tabárez terminó de darle el giro definitivo al partido modificando su estructura inicial de 4-3-1-2 a un 4-4-1-1 con Lodeiro recostado a la función de doble 5 y Cavani también replegado, jugando detrás de Suárez.

El 9 de Barcelona, como único punta terminó siendo un infierno.

¿Por qué? Porque Uruguay pasó de controlado a controlador. Porque la celeste terminó jugando el partido que Venezuela planteó inicialmente y nunca supo concretar.

Los roles se habían invertido drásticamente.

Uruguay le dio la pelota a Venezuela pero lejos estuvo de darle terreno. No, se defendió bien lejos del arco aún cuando la postura de sus volantes fue más cautelosa por el retroceso en el campo de juego.

Con un mediocampo mejor plantado y poblado, Uruguay recuperó lejos del arco y tuvo en Suárez la cuota de desequilibrio: hizo expulsar a Oswaldo Vizcarrondo y dio una asistencia imponente para el tercer gol, de Cavani. También tuvo una unipersonal notable que salvó el golero rival.

Y esa fue la explicación de todo: la jerarquía de su ataque en el momento más complejo y en el momento que tuvo el control del partido. A Venezuela le faltó el gol cuando lo tuvo todo a favor y cuando se vio maniatado jamás insinuó peligro. Gran diferencia. Como un 3 a 0.


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