Una victoria para acallar voces

Peñarol consiguió tres puntos trascendentes ante Emelec con otro gol de Olivera, en un día muy espeso por las denuncias de dirigentes y el técnico rival

Los partidos se ganan dentro de la cancha. Eso quedó una vez más demostrado anoche. Por más que se trató de ensuciar el encuentro en el mismo día con supuestos “problemas” que sufrieron algunos futbolistas de Emelec en el hotel (algo que las propias autoridades del mismo negaron) –algo que ocurría asiduamente en las Copas Libertadores de la década de 1960 a la de 1980–, Peñarol se quedó con tres puntos de oro ante un rival que se plantó muy bien en la cancha y que lo complicó bastante.

Por eso seguramente tanto el Polilla Da Silva como sus jugadores saborearán más estos tres puntos que lo dejan solo arriba en las posiciones a la espera de Vélez el martes que viene a estadio repleto.

El técnico aurinegro lo sabía mejor que nadie. Tenía muy claro que Emelec iba a ser un adversario de temer –por algo le ganó al supuesto favorito del grupo, Vélez el otro día en Guayaquil– y además venía de cuatro triunfos consecutivos en el torneo local que lo mantienen solo en la punta con varios puntos de ventaja sobre sus perseguidores.

Entonces estos tres puntos son de oro para Peñarol. Porque fue –como se esperaba– un encuentro muy táctico, muy friccionado, con escaso fútbol y en el que faltó quién hiciera la pausa.

Ninguno de los dos jugó mal, pero tampoco mostraron un juego lindo para los ojos.

El técnico argentino de Emelec, Gustavo Quinteros, planteó muy bien el encuentro desde la defensa. Mostró claramente a un equipo con gran vocación defensiva y entonces en la línea de cuatro del fondo hubo marcas fijas.

Por un lado, Bagüí fue sobre el Lolo Estoyanoff que había estado encendido en Iquique. Por otro, el enorme Achilier marcó a Zalayeta por todos lados y el argentino Nasuti lo hizo sobre Olivera.

Así las cosas, a Peñarol lo maniataron bastante en sus movimientos.

Sin embargo, los primeros minutos fueron todos del manya. Una pared entre Zalayeta y Estoyanoff estuvo cerca del gol a los 9 minutos. Un tiro de Torres tras un genial pase del Vasquito Aguirregaray –otra vez gigante en la cancha– también pasó cerca y a los 19 minutos, Dreer le sacó el 1-0 a Estoyanoff.

Emelec se defendía bien, pero Mondaini no aparecía y el juego tampoco. No obstante, la jugada más clara de gol estuvo en los pies de Caicedo a los 35 minutos, pero el palo se lo negó.

En el segundo tiempo se pudo ver más de lo mismo. Peñarol con la pelota, Emelec defendiéndose.

Sin embargo, tanto Caicedo como De Jesús se soltaron más y llevaron peligro al arco mirasol.

Pero cuando los ecuatorianos más querían, llegó un gran desborde de Alejandro González –quien no anduvo bien en la primera mitad– y la pelota derivó una vez más para Estoyanoff. El centro atrás fue decisivo para que Juan Manuel Olivera estampara el gol.

Era un partido para que terminara 1-0 y fue así. Por eso la importancia enorme que tuvo ese tanto ante un rival tan duro.

Y Olivera tiene eso. Eso que tienen los goleadores. Tocó tres pelotas en todo el partido, solo tres, pero una fue gol y tres puntos.

Quinteros le dio ingreso inmediatamente a Valencia que fue realmente imparable y llevó mucho peligro a la valla de Bologna, pero esta vez, el argentino logró sacar al córner el empate tras un tiro de larga distancia de su compatriota Mondaini.

Fue un triunfo decisivo de Peñarol en su ambición de seguir a los octavos de final de la Copa. Pero más allá de todo, quizás sirvió para acallar algunas voces ecuatorianas que pusieron en tela de juicio lo que había sucedido en el hotel. Entonces le tocó sonreír a Peñarol.


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