Una pifia salvó el debut de Da Silva

Peñarol arrancó bien, se quedó y se veía superado por Cerro cuando alcanzó un triunfo agónico
Que Ifrán no sirve. Que Palacios no debía haber salido. Que los de atrás no paran a nadie. Se termina el partido ante Cerro en el Parque Viera y para el hincha de Peñarol nada ha cambiado. La bronca se entremezcla con el sufrimiento hasta que Lucas Hernández se mete en contra el último centro de Diego Forlán. Como por arte de magia, aquella bronca se transforma en delirio. El aurinegro larga el Torneo Clausura con triunfo (2-1) y se mantiene arriba en la Tabla Anual.

Puede que para el hincha los tres puntos tengan un valor absoluto. Pero son las formas sobre las que se forjan los triunfos o las derrotas las que terminan determinando las campañas.

Y lo de Peñarol este domingo fue triunfo y poco más.

Poco pero bueno si se toman en cuenta los primeros 35 minutos de juego. Pero preocupante si se hace un balance global del encuentro.

Arrancó embalado el aurinegro porque a los 55 segundos, Tomás Costa empalmó de volea un córner que Diego Forlán le sirvió a la media luna y clavó un golazo para estampar el 1 a 0.

Y con ese impulso de confianza el equipo mostró señales de cambio con respecto a lo que venía demostrando bajo el mando de Pablo Bengoechea.

El equipo ahora dirigido por Jorge Da Silva plantó un doble cinco firme y confiable a la hora de hacer circular la pelota.

Nahitan Nandez, antes aquejado por la soledad en el puesto, se vio acompañado por un hombre de presencia física, firmeza áerea, capacidad de recuperación y gran lectura de juego como lo es Costa.

Maximiliano Rodríguez le puso técnica y chispa al armado como volante externo por derecha, Forlán desplegó una alta cuota de sacrificio para darle ida y vuelta a su recorrido por la banda izquierda, mientras que Cristian Palacios y Diego Ifrán –este último muy entreverado– se mostraron movedizos para abrir espacios en la zona de avanzada.

Sin arriesgar saliendo por abajo del fondo, Peñarol tuvo una administración del balón y generó otras tres chances claras de gol llevando a Sebastián Fuentes a convertirse en figura de Cerro.

Tardó mucho en reaccionar el rival. Primero porque no lo dejó Peñarol y después porque demoró demasiado en descubrir las falencias de los aurinegros.

Pero no más Agustín Sant'Anna pasó por primera vez al ataque y se juntó con Luis Urruti los viejos fantasmas del martirio de los laterales de Peñarol se reavivaron.

Gianni Rodríguez no le pudo dar nunca firmeza a la zona y Cerro se fue al vestuario con dos noticias positivas en el medio de una derrota: seguía 1 a 0 por las manos de Fuentes y ya sabía por dónde atacar a Peñarol.


Embed

Le alcanzaron 13 minutos del complemento para empatarlo. Sant'Anna volvía a superar a Rodríguez por izquierda y tras un centro rasante, Hugo Silveira –que había peinado el pelotazo que cayó en la punta para después mandarse al área en diagonal– tuvo tiempo y espacio suficientes para definir dos veces. Guruceaga salvó en la primera pero nada pudo hacer en la segunda.

La defensa aurinegra hacía agua por los costados y los centrales no pudieron resolver todas las acciones a carpeta. Cinco minutos antes Guillermo Rodríguez se había vestido de héroe para salvar de chilena un gol hecho sobre la línea. Pero en la acción del gol se mostró lento de reacción.

El ingreso de Bruno Piñatares en el entretiempo le permitió a Richard Pellejero hacer el trabajo de distribución que tan bien había hecho Costa en el primer tiempo en Peñarol. A eso Nano Ramos sumó su movilidad y Lucas Hernández su proyección por izquierda.

De ser un equipo que solo sabía ir por derecha, Cerro pasó a ser un conjunto con tenencia de balón y profundidad por todo el frente de ataque.

El partido estaba para el triunfo albiceleste. Pero Guruceaga sacó la cara en una doble atajada formidable.

Y en la recta final, el aurinegro –poblando el campo con volantes creativos a falta de delanteros– terminó generando a través de remates de distancia donde Fuentes se volvió a lucir, sobre todo ante dos taponazos de Forlán.

El que mejor ingresó fue el juvenil Federico Valverde quien le aportó frescura al ataque.

Pero fue la pelota quieta la que volvió a salvar a Peñarol. Como tantas veces lo había hecho en el ciclo de Bengoechea. Hernán Novick puso un centro tan perfecto que hasta uno de Cerro, Hernández, la terminó metiendo. Esa pifia terminó salvando el reestreno de Da Silva.

Populares de la sección

Acerca del autor