Una operación al triunfalismo

La lesión de Suárez fustigó la ilusión de los hinchas que no recuerdan buenos antecedentes. A menos de 20 días del Mundial, llegó la hora de confiar en el resto del equipo

La operación de Luis Alberto Suárez encendió las alarmas, disparó las susceptibilidades y se convirtió en tema nacional a 18 días del Mundial.

¿Víctima de qué gualicho cedió la rodilla del salteño? Las hipótesis de cafetín que hablan de conspiraciones británicas, de la supuesta mala intención de un galés anónimo y de la magia de brujos ghaneses, son tan infundadas como rídiculas.

El ciclotímico hincha de la selección sufrió un golpe anímico brutal a su ilusión. La esperanza de algunos se desplomó como el propio Suárez ante la infracción del “conspirador” de Newcastle.

Más allá de la dureza de la entrada, pensar en una treta para que Suárez no pise la cancha es un insulto a la inteligencia del hincha. Suárez va a jugar el Mundial. Ese es su deseo y el carácter de superación constante, marca registrada del futbolista, ya demostró que, a mayor dificultad, mejor rendimiento.

¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Acaso el resto de las selecciones no sufrieron el mismo vía crucis?

La preparación de Uruguay era, hasta ahora, perfecta. Jugadores campeones, un goleador que ganó la Bota de Oro y ningún lesionado que lamentar. Pero el fútbol demostró no ser la Suprema Corte de Justicia y asestó un gran golpe al inusitado triunfalismo.

“Ahora el problema de Tabárez va a ser si pone o no a Suárez en la final”, dijo un hincha en la puerta del sanatorio.

En el peor de los escenarios, el técnico deberá buscar un jugador que ocupe el vacío de Suárez. Material hay de sobra. Los logros alcanzados por el proceso del DT jamás dependieron del talento de una figura por sobre el resto. Cuando Cavani o Forlán faltaron, Suárez sacó la cara y viceversa. Lo fuerte es el plantel y el drama de no tener a Suárez al 100% deberá ser un incentivo para que sus compañeros se multipliquen con el objetivo de llenar la falta del Pistolero. Este equipo regaló demasiados éxitos como para poner cara larga.

En la historia de la selección, muchos jugadores se pusieron el traje que hoy viste el salteño.

A semanas del Mundial de 1970, Julio César Morales se sometió a un artroscopía de rodilla. Pese a los rumores, Cascarilla llegó en perfecto estado.

En el mismo Mundial, Pedro Rocha sufrió una lesión que lo marginó del torneo. En el debut ante Israel (ganó Uruguay 2-0 con goles de Maneiro y Mugica), quedó tendido a los 13 minutos por una lesión en los aductores. A pesar del luto anticipado, sus compañeros terminaron en cuarto lugar. 

Pero el dolor de Suárez solo se compara con la fractura de Fernando Morena ante Venezuela por la Copa América de 1983. Con Morena en el hospital, Uruguay no tendría chances de nada, pero sus compañeros le ganaron a Brasil la final en Bahía.

La definición ante Brasil por Copa América se repitió en 1995, con otro fracturado: Tabaré Silva. Con la visita ganando 1-0 el estadio se enmudeció hasta la mágica ejecución de Pablo Bengoechea que revivió las esperanzas para el posterior triunfo por penales.

Los tragos amargos corrieron por cuenta de Rodolfo Rodríguez en 1986, Fabián O’Neill y Daniel Fonseca en 2002, que le quitaron potencial deportivo a dos selecciones que tampoco ilusionaban como la actual.

Suárez demostró ser indomable y quiere más que nadie jugar por Uruguay, pero no es más que un simple mortal. Hay que confiar en el grupo.


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