Una navegante solitaria y solidaria

La mexicana Galia Moss da la vuelta a América Latina sola en un velero, en una aventura con la que recauda fondos para obras en la educación de su país; en su paso por Uruguay contó sus increíbles experiencias

Pequeña de estatura, gigante de corazón. Fanática del deporte y emprendedora de alma. Basta conversar cinco minutos con la mexicana Galia Moss para obtener un nítido retrato de su persona.

El pasado 6 de noviembre, Galia, de 38 años, zarpó en el velero Más Mejor II desde Cancún con destino a Acapulco, para ser la primera mujer mexicana en dar la vuelta a América Latina en solitario.

El 13 de febrero llegó a Punta del Este tras navegar ocho días desde Río de Janeiro. Un día más tarde arribó a Montevideo, donde ayer dio una conferencia de prensa en la sede del Yacht Club Uruguayo.

La mayor parte de los presentes era gente del ambiente de la náutica. Galia charló con todos los que se le acercaron y se sacó fotos.

Cuando El Observador le preguntó si lo que hacía era una aventura, contestó que no: “Es una travesía, un reto y un proyecto”, dijo.

No es la primera vez que la navegante se lanza a desafiar el mar y sus insondables misterios.

“En 2006 crucé de Vigo a México en 41 días”, contó.

“Ese cruce del Atlántico es el más fácil porque el viento siempre sopla igual”, contó como si se tratara de cruzar 18 de Julio con luz verde.

“Por eso en 2010 intenté llegar a Israel partiendo de México. No fue posible. Tuve muchos problemas técnicos con el barco y me quedé en Azores”, unas islas portuguesas ubicadas a 1.500 kilómetros de Lisboa.

El impulso definitivo de las travesías lo sacó de su vocación solidaria. “Para la primera travesía acordé que por cada ocho millas navegadas se construyeran casas para familias mexicanas de bajos recursos”. Así se levantaron 644 construcciones.

En su segundo viaje consiguió paquetes nutricionales para 708 niños de su país.

Y ahora está logrando que niños mexicanos que concurren a la escuela pública sean apadrinados y obtengan una mensualidad en dinero, además de útiles, uniformes y libros.

“El deporte es mi vicio”, dijo quien empezó a los cinco años con gimnasia artística hasta que su madre le habló del futuro y de los libros. “Estudié composición musical pero también practiqué atletismo; hacía 100 metros llanos y 400 vallas”.

“A los 24 años, en Boston, navegué por primera vez en mi vida y no me bajé más”.  

Y un buen día se le ocurrió atravesar las Américas. Salió de Cancún, paró de apuro en la isla caribeña de San Martín a hacer una reparación y bajó a Brasil para entrar en Salvador de Bahía y posteriormente en Río de Janeiro.

“En el último trayecto me lesioné el hombro y tuve que venir acompañada. Ahora estoy esperando a que el médico me permita hacer la parte más difícil: el Cabo de Hornos”.

Es ahí donde se encuentran las aguas del Océano Atlántico con las del Pacífico. “Estoy un poco atrasada, lo mejor es cruzar en febrero porque en abril ya es otoño y es muy peligroso”, afirmó.

Con respecto a la inmensidad del mar, Galia se expresa desde esa franja invisible que separa al miedo del respeto: “En las Azores soporté vientos de 45 nudos por dos horas. Esos recuerdos vienen a la cabeza”. 

La esperan Chile, Lima, islas Galápagos y la llegada a Acapulco, prevista para mayo. Unos 29 mil kilómetros. Y una nueva causa solidaria para ayudar a su país. 


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