Una historia sin grises

Luis Suárez deslumbra con su talento y es ídolo por su categoría, pero en ese recorrido lo acompaña una lista de abucheos a lo largo de su carrera

Tenía 18 años cuando Luis Suárez debutó en el plantel principal de Nacional. Había surgido de las juveniles promovido como una de las grandes esperanzas de los tricolores, por las decenas de goles que había convertido en su etapa de formación y porque era dueño de un talento único. Sin embargo, mientras los hinchas tricolores esperaban los tantos del salteño en el primer equipo, desde la tribuna le dirigían  insultos y silbidos. Luego de un año acumuló 12 goles en 35 partidos, dos títulos del Uruguayo y reproches por esa larga racha sin inflar la red entre su debut en mayo de 2005 y el primer tanto en setiembre.

De ahí en adelante todo transcurrió por un carril similar, porque esa parece ser su esencia. En la que se destaca por ser guapo, aguerrido, provocador –aunque no quiera y lo evite– y dueño de un carácter que solo admite ganar, el salteño forja en el fútbol una historia sin grises, y escribe su propio camino entre el amor y el rechazo.

Máximo ídolo de la selección uruguaya actual, referente futbolístico y el receptor de los mayores elogios, en el debut de Uruguay en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se fue aplaudido y silbado.

Está bien, es necesario admitir que el partido del jueves no se desarrolló en el escenario más favorable para el jugador de Liverpool. Volvió a la cancha de Manchester United, Old Trafford, donde el 12 de febrero pasado fue protagonista de uno de los episodios más comentados de la última década, cuando no saludó a Patrice Evrá, previo al comienzo del partido, porque el francés le retiró la mano.

El pasado reciente, jugar en el lugar menos indicado pero que fue el que marcó el calendario olímpico, lo expusieron al abucheo permanente de los hinchas locales. Hasta ahí el rechazo.

También hubo amor y reconocimiento en un partido en el que se transformó en una de las piezas claves de Uruguay: la figura de Emiratos Árabes, el volante que jugó con el número 15 (Omar Abdulraham), se paseó por la zona mixta luciendo con orgullo la blusa del 9 uruguayo como si fuera propia, porque no la había dado vuelta ni la llevaba colgada al hombro, por respeto a su país, la tenía pegada al cuerpo como si fuera su piel.

La corta pero intensa carrera de Suárez, también destaca que en el partido ante Ghana por cuartos de final del Mundial de Sudáfrica salvó con la mano un gol en el último minuto del alargue, que evitó la caída de los celestes y luego eso promovió la clasificación a las semifinales.

Eso forma parte del juego. No hizo trampa, simplemente recurrió a un recurso válido, que fue sancionado por el árbitro. Sin embargo, para los ingleses esa actitud fue catalogada de juego sucio y comenzó a ganarse el rechazo del público inglés.

En ese mismo 2010, en un partido entre Ajax y PSV Eindhoven por la liga holandesa mordió a un rival, Otman Bakkal, situación que fue duramente cuestionada por los medios y el público de ese país.

El historial también cuenta un largo episodio de varios capítulos con el francés Patrice Evra, en el que fue indisimulable una persecución hacia el futbolista uruguayo, porque frente a casos similares fueron diferentes los dictámenes de la Justicia.

El mismo incluyó acusación de racismo, suspensiones y la polémica situación que se planteó cuando el 12 de febrero de este año previo al partido de Manchester United y Liverpool, Suárez no saludó a Evra, después que el francés le retirara la mano cuando el uruguayo se enfrentaba a él en la fila.

El jueves otra vez se repartió entre amores y abucheos.

“Es un partido más, otro estadio que me chifla, estoy acostumbrado y no me preocupa para nada”, dijo primero y luego subrayó: “Me chiflan en casi todos los estadios, estoy acostumbrado y eso no me preocupa para nada. Que en un estadio me chiflen por estar defendiendo a la selección no me molesta para nada”.


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