Una despedida para el olvido

Nacional jugó uno de sus peores partidos en la era Gutiérrez, se despidió definitivamente del torneo y se llenó de dudas para la definición

La hinchada de Cerro aprieta los puños. El barrio ruge con una furiosa mezcla de triunfo y desahogo. Los jugadores de Nacional se van del Tróccoli cabizbajos. Totalmente desapercibidos. El Clausura se escapó hasta de la calculadora. Y al tricolor ahora solo queda pensar en la o las finales.

Nacional cayó en su visita a Cerro 1 a 0 jugando uno de los peores partidos de la era Álvaro Gutiérrez inaugurada justamente en esta cancha hace poco más de un año (4 de mayo de 2014) con un triunfo por 3 a 1.

Está bien que el equipo del Guti nunca practicó un juego vistoso, afin con el auténtico paladar del hincha tricolor. Pero lo que mostró ayer en el Tróccoli fue un triste remedo de sí mismo.

Nacional volvió a mostrar algunas falencias defensivas que ya fueron desnudadas en varios tramos de este Clausura y fue, al mismo tiempo, una insoportable máquina de tirar pelotazos para intentar generar acciones en ataque.

Con el retorno a la figura madre del 4-2-3-1, tras experimentar con un 4-4-2 en el clásico, Nacional volvió a recurrir al balón largo como su principal herramienta conceptual.

El primer tiempo fue un suplicio. La pelota vivió en el aire –porque Cerro se mostró complacido al intercambio de pelotazos– y pese a que solo se cometieron ocho faltas (cuatro por cada lado), el trámite se hizo lento y pesado como un aire viciado.

Con el mismo sistema (4-2-3-1) y las mismas ideas, Cerro se mostró más peligroso en el primer tiempo. ¿La razón? Hugo Silveira.

El 9 albiceleste complicó por su potencia a la lenta zaga tricolor –Valdés-Arismendi–, sembró terror en los envíos aéreos e hizo que toda la defensa alba jugara incómoda por su sola presencia.

Un centro de Regueiro que no pudo conectar en el área chica y un cabezazo donde le ganó con luz a Valdés por arriba pusieron a Jorge Bava contra las cuerdas.

¿Nacional? Mendigo de las segundas pelotas, solo generó una acción clara moviendo el balón de derecha a izquierda donde Alonso fue asistido por única vez en forma decente. Su cabezazo se fue apenas afuera.

Un hecho fortuito, la salida por lesión de Rodrigo De Oliveira, cambió el partido.

Porque el que ingresó fue un jugador hábil y talentoso, Matías Abisab, dispuesto a generar espacios en el uno contra uno y a abrir líneas con sus habilitaciones.

Cerro ganó en control y manejo porque el doble cinco quedó integrado por dos jugadores de buen pie (Gastón Martínez y Álvaro Brun).

A su vez, la labor defensiva de este último fue brillante por lo que el ingreso del Chino Recoba como armador pasó desapercibido. Como el mismo paso de Nacional por el Tróccoli.

Cerró apretó los dientes en el arranque del segundo tiempo. Forzó tres tiros de esquina consecutivos (en el primer tiempo solo dispuso de dos) y logró la apertura con una chilena espectacular de Silveira y gol hecho a medias entre Tancredi y Bava.

Fue un gol con el empuje de la hinchada. Uno de esos que solo pueden lograr los equipos que juegan con 12. Y en Uruguay, además de los grandes, Cerro es uno de esos cuadros.

El villero no volvió a tener un córner más en todo el partido. Cerró filas en el fondo y esperó.

Gutiérrez pasó a jugar 3-4-1-2 con Fucile como carrilero y dos centrodelanteros: Taborda y Alonso.

Si este último incita al pelotazo por su notable capacidad para el salto y el pivoteo, imaginen lo que pasa cuando Taborda se suma como faro del juego tricolor.

Los pelotazos, incontables, partieron a diestra y siniestra. Pero Nacional jamás tuvo claridad para generar una ocasión de gol.

En el tiempo agregado –ocho minutos por disturbios en la tribuna Argentina– llegó la única chance, turbia, de gol: centro, cóctel de rebotes y puntazo repelido por Rodrigo Canosa desde el piso.

El partido estuvo hecho a la medida del zaguero de uno noventa y pico metros. Nacional le pegó de punta y para arriba y el grandote las sacó todas. Desde el minuto cero al 98. El sueño de permanecer en Primera está más vivo que nunca en este lado de la Villa.

Así se despidió el tricolor de la chance de ganar el Clausura. Ahora debe enfocarse en la definición. ¿La podrá ganar jugando así? En el fútbol uruguayo, por supuesto.


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