Una cuesta abajo sin fin

La cruel actualidad deportiva de Nacional se inició a mitad de 2012: desde ese momento pasaron cuatro entrenadores y serán seis en junio; se trajeron 24 jugadores y la mayoría fracasó


Nacional fue campeón Uruguayo por última vez en la temporada 2011-2012 con la conducción del argentino Marcelo Gallardo, un experimento (nunca había dirigido) que le salió bien al presidente Ricardo Alarcón. El Muñeco terminó su contrato en junio de 2012 pese a que pasó momentos difíciles, pero desde entonces se inició un camino de inestabilidad, con la interrupción del trabajo de cuatro entrenadores y la contratación de 24 futbolistas, de los cuales la mayoría estuvo lejos del nivel necesario.

Desde entonces, ningún técnico de Nacional pudo terminar su contrato. Pasaron cuatro técnicos –contando el interinato de Cacho Blanco–, ahora asumió Álvaro Gutiérrez y en junio llegará un sexto entrenador, graficando la gigantesca inestabilidad que ha vivido el club en los últimos tiempos, de la mano con una política de contrataciones que ha tenido mucho más sombras que luces.

La era del Chavo.
Después de Gallardo llegó Gustavo Díaz, apuesta arriesgada y polémica de Alarcón para sus últimos seis meses de mandato. Arriesgada por la poca experiencia del profesional y polémica porque el Chavo tenía contrato vigente con Defensor, lo que provocó resquemor entre los dos clubes. La jugada no le salió bien porque Nacional fue eliminado rápidamente de la Copa Sudamericana y terminó tercero en el Apertura.

Al cabo de ese torneo Eduardo Ache ganó las elecciones, y decidió respetar el acuerdo del entrenador contratado por la administración anterior. Lo hizo porque no convenció a Hugo De León, su candidato. Pero con tan escasa convicción que al cuarto partido Díaz fue cesado, tras una victoria, dos empates y una derrota.

El interinado de cacho.
Asumió interinamente Juan Carlos Blanco, entonces gerente deportivo, junto al técnico de Tercera división Gustavo Bueno. Nacional le ganó a Boca Juniors en la Bombonera, se clasificó a octavos de final de la Libertadores con una goleada 4-0 a Toluca y en el Clausura disputó cuatro partidos con dos triunfos y dos empates. Aún así, después un mes y con aceptables resultados, la directiva contrató al argentino Rodolfo Arruabarrena, cuyo principal mérito había sido salvar del descenso a Tigre.

El bolso fue rápidamente eliminado de la Copa por Real Garcilaso de Perú y terminó cuarto en el Clausura. Pero, ya con cierto conocimiento del plantel y algunos retoques, la suposición de la directiva era que el rendimiento iba a mejorar en el segundo semestre de 2013. Sin embargo, Nacional perdió el clásico y el Apertura en la última fecha con una derrota ante Fénix en el Parque Central, y chau Arruabarrena.

Pelusso, viejo conocido.
Llegó Gerardo Pelusso, un técnico de la casa, un hombre que en 2009 había partido con las llaves de la sede, para volver cuando quisiera. El día que fue presentado en la sede, Ache le dijo: “Es la primera vez en la historia que un técnico consigue 22 votos en la directiva, porque los 11 lo votamos con las dos manos”.

El floridense hizo algunas correcciones al plantel, ganó los clásicos de verano, clasificó a la fase de grupos de la Libertadores y empezó el Clausura con tres victorias. Pero, todo se derrumbó. Nacional terminó haciendo su peor campaña a nivel continental y sucumbió en el clásico con un 0-5 histórico. Pelusso puso el cargo a disposición de la directiva esperando el respaldo y le respondieron con el despido.

Al floridense le sigue Álvaro Gutiérrez, quien dirigirá tres partidos, hasta el final del Clausura. Después llegará otro, el sexto técnico en dos años.

Los refuerzos
La inestabilidad de los técnicos, sumado a la partida del gerente deportivo Daniel Enriquez después de 13 años y al nombramiento del exfutbolista Alejandro Lembo para que ocupara su lugar y aprendiera sobre la marcha, generó la contratación de una extensa lista de jugadores que en muchos casos no tenían los pergaminos como para llegar a Nacional.

Hubo dos, Juan Ramón Curbelo y Caué Fernandes, que no jugaron ni un minuto. Sebastián Abreu, que llegó junto a Ache como un gran golpe de marketing, al poco tiempo fue separado del plantel por Arruabarrena y se marchó a préstamo a Rosario Central, aunque los tricolores siguen pagándole parte del sueldo. Sebastián Taborda llegó como la gran esperanza goleadora del equipo que preparaba el Chavo Díaz, pero seis meses después el club contrató a Abreu y a Iván Alonso, superponiendo centrodelanteros. Taborda pidió la rescisión del contrato y se marchó.

Alonso, que llegó después de seis meses sin actividad por un problema cardíaco, terminó siendo el mejor delantero del equipo con 24 goles en una temporada y media. Sin embargo, los hinchas le reprochan que faltó a partidos importantes como dos clásicos y al decisivo ante Fénix del Apertura 2013 porque fue expulsado en el minuto 84 de un partido que Nacional ganó 4-1 ante Miramar.

Tantos yerros y los resultados negativos ocultan las buenas decisiones que también ha tenido la actual directiva, como la contratación de Gustavo Munúa y la de Sebastián Coates. Pero el camino de los últimos dos años (incluido el último semestre de Alarcón) es un interminable cuesta abajo.


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