Una Copa que se complica

Peñarol se regaló de entrada y no supo cómo ganarle a un rival diezmado; el equipo mostró alarmantes problemas defensivos

Van apenas dos partidos y la ilusión copera de Peñarol está marchita. Perdió dos puntos ganables en Lima ante Sporting Cristal y anoche cayó de local ante un equipo alternativo de Huracán. Sí, un equipo que hace dos años estaba en el ascenso, y que se presentó con muchas bajas.

El Globo no contó por suspensión con su mejor defensor, Federico Mancinelli, tampoco con su eje de equlibrio, Matías Fritzler, mientras otres tres jugadores están al margen por el accidente de ómnibus sufrido en Venezuela: Martín Nervo, Patricio Toranzo y Diego Mendoza.

A eso, el entrenador Eduardo Domínguez le sumó un toque de rotación sacando del equipo a dos piezas claves: el armador Daniel Montenegro y Ramón Ábila.

Es decir que Peñarol tenía servido un partido para ganarlo. Y sin demasiadas complicaciones.

Pero solito se empezó a complicar la vida cuando a los 7' Tomás Costa quiso abrir la cancha desde el eje central y le dejó la pelota corta al Vasquito Aguirregaray. Alejandro Romero Gamarra aceptó la gentileza y de sobrepique clavó un zurdazo en el ángulo.

Sin mérito ni anuncio previo, la vista quedó arriba en el marcador.

Después Peñarol intentó jugar. Desechó el pelotazo largo por el intento de salida prolija y cuando logró hacerlo con éxito fue peligroso. Mucho más que cuando recurrió al argumento predecible y arcaico del pelotazo largo donde el 1,93 m de Mario Risso se vio favorecido.

Jorge Da Silva apostó por un 4-3-3 donde el mediocampo fue un triángulo donde Costa soltó a sus costados a Nandez por derecha y a Aguiar, arrancando desde la izquierda y metiendo diagonales para asociar juego.

Adelante, los tres delanteros rotaron en forma constante y Maxi Rodríguez retrocedía en busca de espacios a espaldas del doble cinco rival.

Peñarol generó con su propuesta tres chances claras para empatar. Un tiro libre de Diego Forlán se fue apenas afuera, una triangulación entre Aguiar-Forlán-Nandez terminó en un mano a mano en el que el juvenil no pudo con las seguras manos de Marcos Díaz, y otro remate de Forlán, de zurda, se perdió apenas afuera. Todo eso en apenas cuatro minutos.

Ese ímpetu –porque Peñarol no fue más que eso en ofensiva–fue rápidamente traicionado por los propios errores que mostró el equipo en su faceta defensiva, un drama que sufren los aurinegros de un buen tiempo a esta parte: Gastón Guruceaga regaló una pelota y Ezequiel Miralles tuvo espacio de sobra para encarar y rematar (apenas afuera).

Después se lesionó Valdez y Lucas Chacana se fue derechito al gol pero falló y al rato, Guruceaga salió a asistir a un rival caído con la pelota en juego, dejó el arco vacío y un argentino tiró al arco. Cuando la pelota entraba el juez evitó el gol para que atendieran al lesionado. ¡Insólito! Así de desconcertado estuvieron el golero de Peñarol y sus defensas.

En el complemento Huracán se replegó y cerró filas. Y a Peñarol no se le cayó una idea, amén de que demostró enormes falencias para sacar la pelota limpia de atrás y para moverse como un bloque.

Un cabezazo de Murillo tras centro de Aguiar y un zurdazo de afuera del área de Forlán fue todo lo que el equipo pudo sacar en limpio en el segundo tiempo. Muy poco. Muy pobre.

Así Huracán voló a casa con tres puntos. Y con la ilusión de Peñarol en sus valijas.

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