Un verano incómodo

Al margen de los resultados, los partidos modifican el calendario y la preparación del equipo
A un día de otro clásico de verano, Peñarol entrenó en Los Aromos en base a ejercicios aeróbicos sin mayor resistencia, porque el partido ante Nacional está a la vuelta de la esquina y por la complejidad que genera jugar cada 48 horas en etapa de pretemporada.

Los únicos que trabajaron con intensidad fueron los arqueros Gastón Guruceaga, Damián Frascarelli, Thiago Cardozo, Dylan Núñez, Adriano Freitas y Renzo Rodríguez, quienes siguieron al pie de la letra todas las indicaciones de Óscar Ferro.

El resto de los jugadores rotaron trabajos físicos con el profesor Modesto Turrén. En el turno matutino, las pelotas estuvieron reservadas para el fútbol tenis en los intervalos y Bengoechea apenas paró en cancha ayer el equipo en el turno vespertino a puertas cerradas.

Pero la sensación es general: los partidos de verano molestan mucho más de lo que ayudan.

Las pretemporadas son claves para la construcción de los equipos, para fijar la idea que sostendrá el patrón de juego y son fundamentales porque, ante todo, ese tiempo no se recupera más en el resto del año.

Los dirigentes celebran la moda de los clásicos de verano, porque es una forma rentable de atravesar unos meses sin competencia oficial con la excusa de que el equipo tome ritmo.

¿Qué pasa en verano? Se juegan cada 48 horas con piernas trabadas y una cabeza que reclama descanso para poder asimilar ideas y nuevos compañeros al esquema.

Además, ante la impaciencia de los hinchas, se ve trunca la rotación de los jugadores y eso hace que los entrenadores no puedan apelar a consolidar una oncena titular antes de la competencia oficial.

Aguiar: "Hay pocos días"
"Creo que se le dan más valor a los partidos de pretemporada que el que realmente tienen. Si los clásicos de verano te toca perderlos se empiezan a hablar cosas que no sirven para nada y si ganás no pasa nada, así que hay que tomarlo como un trabajo, por más que todos quieren ganar clásicos. Ganar estos partidos motiva para seguir trabajando pero nada más que eso", declaró en conferencia Luis Aguiar, consultado sobre el valor de los clásicos amistosos.

Aguiar fue titular en los dos partidos de la Copa Bandes, ante Nacional y Cerro Porteño, situación que se explica por la acumulación de tarjetas amarillas en la recta final del Apertura que lo marginará del debut ante Cerro: "Lo había hablado con Bengoechea antes de terminar el otro torneo porque el primer partido no puedo jugar y voy a debutar recién en la segunda fecha. Me sentí bien físicamente además como para estar".

A la hora de hablar sobre la real complicación que generan estos partidos, el volante declaró: "Complican el trabajo que planifican los profes pero sirven para agarrar ritmo porque hay pocos días. Yo estoy conforme con lo que mostramos con apenas seis o siete días de trabajo".

Calendario apretado
La pretemporada para los grandes comenzó el 5 de enero y el 14 se jugó el primer clásico. Si se tiene en cuenta que los primeros dos días se pierden con evaluaciones físicas como el Yo-Yo Test y los análisis médicos, los días libres y que el último día antes del partido los jugadores solo hacen un repaso táctico de cara al juego, los equipos llegaron con cinco días de trabajos al clásico.

Tiempo perdido pre-competencia
Modesto Turren reconoció a Referí, en diciembre, que el ciclo de cargas físicas y de activaciones musculares que no se realizan en pretemporada no se recuperan, porque luego no hay tiempo por la doble competencia. Ahí se priorizan los trabajos con pelota y no la resistencia cardiopulmonar. Peñarol hizo trabajos de fuerza en las dos semanas posteriores al título.

Una rotación desmedida
Jugar dos partidos cada 48 horas cuando los jugadores tienen menos de 10 días de cargas físicas que respalden la exigencia, es una ruleta rusa de lesiones. Por eso los entrenadores están obligados a rotar los planteles de manera desmedida y en estos partidos se ven muchos juveniles que no tendrán minutos de protagonismo a lo largo del torneo. Además no se repite una oncena.

La necesidad de facturar
En enero y febrero, los clubes pierden el dinero que cobran durante todo el resto del año por concepto de entradas. Por eso los torneos de verano son aceptados de brazos abiertos por los dirigentes. Para cuerpo y técnico y jugadores caen en una fecha complicada, porque se interrumpen los ciclos de cargas y se debe hacer un trabajo mixto. No se gana ritmo de competencia y hay jugadores propensos a lesionarse porque les falta una base física.

Diego Forlán se apronta
Ayer Diego Forlán fue de los pocos jugadores que bajó a realizar los ejercicios durante el turno matutino. El delantero, en todos los trabajos aeróbicos cumplió en gran forma y fue de los más rápidos en los intervalos físicos de resistencia y velocidad. Forlán, reservado en el clásico por la Copa Bandes, hace méritos suficientes como para jugar mañana.

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