Un triunfo que dejó extrañas sensaciones

Los hinchas de Defensor Sporting se fueron con el sabor de seguir al tope de las dos tablas, pero con la amargura de la lesión de Nicolás Olivera

Pocas veces la gente se retiró del Franzini con la extraña sensación del doble sabor. El triunfo devolvió la entrada. La tranquilidad de ni siquiera tener que sentarse frente al televisor a ver el clásico. Ese lujo de poder decir: “Que se arreglen como puedan”.

Y pese a la felicidad del fin de semana, allá en el fondo había una herida difícil de disimular. La nueva lesión de Nicolás Olivera pegó duro. Ya ni siquiera mirada desde el punto de vista deportivo. El tema era más humano. Es la segunda en cuestión de pocos meses. Primero fractura de clavícula y ahora fractura de malar.

 El triunfo ante Fénix significó mantener la condición de puntero absoluto en todas las tablas. Pero el saldo final fue altamente amargo, por la lesión de Olivera, y preocupante, por la rodilla de Ramón Arias que terminó en una pierna.

Defensor demoró más de la cuenta para encontrarle la vuelta al partido. Es más, si me apura, jugó un mal primer tiempo. Enredado, incómodo por la presión del rival, lejos del fútbol. El peligro llegó por juego aéreo. Un cabezazo de Arias a los 20 y una palomita de Hernández ocho minutos después. Todo se basaba en esfuerzos individuales y pelotas aéreas a Risso que era controlado en el duelo de las nubes por Pallas.

Pero después que Campaña salvó el arco ante remate de Puglia, llegó el alivio al Franzini.

Un dudoso penal sancionado por Cunha determinó el gol de la viola. ¿Por qué dudoso? En la cancha quedó la sensación de que Olivera exageró la caída. Poco le importó al símbolo de la viola que no perdonó.

El segundo tiempo cambió porque Fénix fue. No le queda otra. Está en zona de descenso y debe arriesgar. Entonces dejó espacios que fueron aprovechados por De Arrascaeta y por Olivera que se liberó más.

Y si bien el equipo de Capurro incomodó, fue apenas eso. Es que Hernán Novick no puede hacer todo. Es un jugador exquisito, pero no tiene compañía. Así y todo a los 8 puso de cara al gol a Franco que no supo resolver.

Y dos minutos más tarde Defensor devolvió la gentileza, pero con la diferencia de que Nacho Risso en el área es letal. Pase de Olivera, recepción, giro, y remate violento imposible para Mejía.

Partido liquidado. Al margen de los cambios era imposible que Fénix lo diera vuelta. Y si bien la viola se dejó meter en su zona, no pasó más allá de algún sustito.

Defensor ganó y sigue a pie firme en las dos tablas. Pero la gente se fue con la extraña sensación del doble sabor.


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