Un sueño gestado con túnica

Diego Rolan, la nueva joya de la viola viajaba de escolar para no pagar boleto y poder comprarse una hamburguesa

"Cuando el jugador es bandido usted lo nota en la cara. No miente. Y en la cancha juegan como sienten el fútbol. Los botijas que juegan bien a esa edad son difíciles porque agarran la pelota y no se la prestan a nadie. Entonces hay que hacerles entender las reglas, lo que es integrar un grupo, jugar en equipo. Y todo eso se inculca en la escuelita de Defensor que ya tiene 25 años”, decía el profesor César Santos para introducir a El Observador en la historia de uno de los tantos “bandidos” que surgen de la cantera.

Con el barrio a flor de piel, el botija en cuestión recibía la plata que le daban para el boleto y se la gastaba en la hamburguesa.

“Yo tenía problemas con el dinero para poder ir a entrenar dos días a la semana al Complejo Deportivo que está frente a Canal 5, entonces el profe Santos me daba plata. Al principio iba con la túnica de la escuela para no pagar boleto. Entonces me  quedaba con la plata y me compraba una hamburguesa”.

¿Quién no la hizo? En esa etapa de niño es como que todo está permitido. Como dijo el profe Santos: “usted lo nota en la cara”.

La anécdota forma parte de la historia de sacrificio de Diego Rolan, la nueva joya de Defensor Sporting.

“Cuando tenía 11 años, el técnico de la selección de baby fútbol de la Liga de La Teja me llevó a probarme a Defensor. En la primera práctica quedé. Yo vivía en Belvedere y se entrenaba dos días a la semana”, comenzó diciendo Rolan en contacto con El Observador.

El camino lo empezó de la mano de sus padres que lo llevaban a los primeros trabajos. “Después me fui  largando solo. Iba y volvía en ómnibus con un compañero. Pese a la distancia, nunca faltaba”.

Después de dos años en la Escuela, donde como dijo Santos, se le sacan los viejos vicios del baby a los niños, se da el salto a las divisiones formativas.

En la formación del jugador, en el moldeado de la joya, trabajaron varias manos: Santos, Chavo Díaz, Silva y hasta el coordinador Juan Ahuntchain “que me daba consejos, me ayudaba en mi carrera”, reveló Rolan, que no olvida su pasado.

“Nosotros proveníamos de una familia humilde, laburadora. Tengo dos hermanos. Mi padre siempre estuvo peleándola, era obrero de la construcción. Además, mi madre trabajaba en casas de familia, por lo que muchas veces nos quedábamos solos en casa con mis hermanos”, reveló Diego.

El primer salario llegó cuando tenía 16 años. Fue a la sede social a firmar su contrato de la mano de Daniel Fonseca, que en ese entonces era su representante. Hoy está con Gerardo Rabajda.

“La primera plata se la di a mis padres y ayudaba en casa cuando faltaba algo. El resto lo guardaba para comprarme algo de ropa”, rememoró Rolan.

Al poco tiempo se subió por primera vez a un avión. Y le tocó debutar con un viaje complejo. “Fui al Mundial sub 20 de Corea con la selección. ¡Fueron 32 horas! Era todo nuevo para mí. Mis compañeros me gastaban pero estaba tranquilo, no tenía miedo”.

Al regreso de ese campeonato lo citaron para empezar a entrenar con el primer equipo de Defensor Sporting, donde empezó a pelear por su chance. Y la chance llegó, de la mano del técnico Pablo Repetto.

“Tengo un apellido importante en el fútbol. No lo vi jugar pero todos me dicen que mi tío abuelo  era  un buen jugador. Pero yo hice mi camino, laburando desde chico y con la ayuda de mis padres”, comentó Rolan.

Sus condiciones en la viola lo llevaron a la preselección olímpica. Peleó por un lugar en los Juegos de Londres pero quedó afuera.

“Me ilusioné con ir a los Juegos, no lo voy a negar. Pero había buenos jugadores y no me tocó. No me pegó anímicamente porque no me dio tiempo ya que salí de ahí y me metí en la sub 20. Pero lo importante es que el Maestro (Tabárez) me tuviera en cuenta, eso ya es un reconocimiento”.

Lentamente Dieguito va cumpliendo sus sueños.  Llegó con túnica, pasó por la escuela y las formativas hasta desembarcar en el primer equipo. Tabárez lo tuvo en cuenta como hombre del proceso y ya se habla de su futura transferencia. Pero pocos conocen el verdadero sueño cumplido del goleador del domingo pasado: “Hoy mis padres no trabajan y eso me hace feliz”.


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