Un soplo de identidad

Eliminado y tras un pésimo arranque, el aurinegro apeló a su casta para ganar en su estadio
Tras dejar una pobre imagen en una Copa Libertadores para el olvido, Peñarol maquilló ayer su actuación en el certamen despidiéndose con un vibrante triunfo de atrás mucho más acorde a su camiseta y a la ocasión: el estreno internacional de su estadio Campeón del Siglo.

El equipo alternativo que paró anoche Jorge Da Silva estuvo dos veces dos goles abajo en el marcador ante Sporting Cristal que necesitaba un triunfo para alimentar la esperanza de una clasificación que dependía del resultado de Huracán ante Atlético Nacional en Medellín.

Y fue movido por esa necesidad –pero también por su filosofía de juego– que la visita se plantó en el Campeón del Siglo a manejarle la pelota a Peñarol.

Josepmir Ballón, el volante central, se ofreció para cada salida del fondo y Cristal manejó más y mejor la pelota llevando el partido al escenario que le quedaba más cómodo.

Al no optar por ejercer una presión alta sobre esa salida, Peñarol permitió que los peruanos posicionaran su bloque (4-1-2-3) en campo enemigo con mayor ambición ofensiva.

Fruto de esa postura llegaron un par de tiros de esquina seguidos (a los 17' y 23') en los que el zaguero Alberto Rodríguez puso a la visita 2 a 0 superando en ambas ocasiones a un remiso Fabrizio Buschiazzo.

La hinchada reclamó, más temprano de lo habitual, un cambio de actitud. Y el mismo lo lideró el botija Federico Valverde con calibrados pases al pie como el que derivó en el descuento de Luis Aguiar.

Peñarol buscó seguir de largo de arremetida. Pero dejó espacios e Irven Ávila señaló el 3-1 tras gran asistencia de Gabriel Costa.

En el complemento, los peruanos se quedaron pretendiendo manejar los tiempos con una solvencia defensiva que fue jaqueada por el ingreso de Cristian Palacios en lugar de un deslucido Miguel Murillo.

Los otros dos cambios terminaron de tonificar la reacción. Hernán Novick anotó los goles para el empate y Albarracín la empujó para el tanto de la victoria.

El triunfo solo arrojó una tímida luz para la oscura copa que hizo el equipo de Da Silva. Pero también le dio un soplo de identidad: así se gana a lo Peñarol.
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