Un salto a la historia

Néstor Nielsen compró a Prince Royal Z de la Luz en una subasta y el año pasado lo metió en Río 2016 exhibiendo un gran nivel
"Mi caballo es especial, es muy sensible y es un poco complicado a la hora de manejarlo", cuenta Néstor Nielsen. No se trata de un animal cualquiera. Es Prince Royal Z de la Luz, de la raza Zangersheide y que trae el salto metido en los genes. Es el caballo que volvió a meter a la equitación uruguaya en un Juego Olímpico.

"Lo compré potro con tres años, en una subasta en Argentina en sociedad con Raúl Calvelo, y lo domé. Al principio no saltaba mucho, pero fue mejorando", explica.

Por una cuestión de edad no pudo competir en los Juegos Odesur de Santiago 2014 donde Marcelo Chirico y Martín Rodríguez lograron para Uruguay la clasificación a los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.

Y ahí, con ocho años, apareció Prince Royal Z de la Luz con Nielsen como jinete.

"Me clasifiqué en el torneo de Sol de Mayo, en Argentina", recuerda. Ahí obtuvo el cuarto puesto saltando en 1,60 metros, el máximo de exigencia y la categoría en la que se competirá en Río de Janeiro: "Estaba haciendo sus primeras armas en 1,60 m y todavía era muy inexperiente".

"A Toronto llegamos con 20 días de anticipación y participamos de dos grandes premios. En el primero, pese a su inexperiencia, hicimos cero falta y ganamos en desempate. En el segundo, ya un poco más maduro, tuvo un excelente recorrido y en un desempate extraordinario pudimos ganar", rememora.

Esa fue la antesala a su noveno puesto logrado en Toronto 2015 con el cual aseguró su clasificación a los Juegos.

Uruguay no compite en saltos ecuestres desde Roma 1960. En Sídney 2000 participó en otra modalidad ecuestre, la prueba completa.

"Por haber derribado la valla 1 no pudimos ir al desempate, pero me quedé muy contento con su rendimiento, sobre todo por la edad que tiene que es la mínima para competir en un Juego Olímpico", dice. Prince Royal Z de la Luz tiene nueve años.

"La clasificación no fue una casualidad sino que fue fruto de un proceso que arrancó en los Odesur con la clasificación que lograron Chirico y Rodríguez. Tanto ellos como Nielsen hicieron el registro mínimo olímpico", dice orgulloso Rodolfo Rodríguez, presidente de la Federación Uruguaya de Deportes Ecuestres.

Oferta tentadora

"En Canadá, cuando vieron competir a mi caballo, me llegaron a ofrecer € 2 millones. Lo pensé, pero mi padre me dijo que un caballo como este no vamos a tener más y que iba a ser competitivo para los Juegos Olímpicos", cuenta Nielsen.

Herrajes cada 30 días, ración Presence, buen pasto, alfalfa y grano forman parte de su dieta diaria. Un cuidador y un veterinario están permanentemente encima suyo. "Todas las mañanas sale a caminar con el cuidador y todas las tardes trabaja conmigo".

No hay sábados ni domingos libres en esto de la equitación: "Monto 14 caballos al día", dice Nielsen que divide su tiempo entre el Carrasco Polo y en Haras Notre Tual donde hace dos años montó su propio club, en El Pinar.

Una vida a caballo

Nielsen se involucró naturalmente con el deporte que practicaban sus padres y a los cinco años, Néstor, su padre, le regaló el primer caballo.

Con el tiempo, Fidel Segovia, amigo de su padre, lo invitó a ir a Argentina a perfeccionarse en el mundo ecuestre.

"Estuve tres años, me fui haciendo más profesional y al final dejé los estudios de veterinaria, hice el curso de entrenador y me puse a dar clases de equitación", cuenta el jinete.

"Hace 12 años que doy clases, esto es mi vida", afirma.

La recta final

Después de abrochar la clasificación a Río en los Juegos Panamericanos de Toronto, Nielsen volvió a competir en Argentina: "Se puso en juego una triple corona para el que ganara en El Capricho, San Jorge y el Gran Premio de la República. Ganamos los dos primeros, pero en el último terminé segundo en desempate".

El mercado argentino es muy superior al uruguayo: "Allá en la categoría máxima hay entre 40 y 48 participantes y te obliga a ir a desempate para poder ganar; además, los premios en efectivo son muy superiores. Acá en la categoría máxima somos tres", revela.

Este año, Nielsen se preparó en Argentina ganando en Sol de Mayo hasta que el mes pasado volvió a los pagos. Su hermano, que es transportista, se encargó de traerle el caballo.

El viaje en avión a Río es todo un tema: "Toronto fue su primer viaje en avión y pasó bien a la ida, pero la vuelta fue sufrida ya que sufrió alguna quemadura", dice con preocupación.

"En Río me voy a enfrentar con países muy poderosos, caballos por los que se han llegado a pagar € 6 millones. Acá somos muy chiquitos y todo se hace en base a sacrificio. Por eso digo que va a ser muy difícil poder retener a mi caballo para después de los Juegos", cuenta.

Sin embargo, Nielsen se tiene fe: "Si bien todos los caballos son de primer nivel y están criados para el deporte, cada obstáculo es el mismo para todos. Mi objetivo más grande es poder entrar en la final, poder quedar entre el 25% ya sería muy bueno, pero no descarto obtener algo más grande, voy con toda la ilusión para poder pelear una medallita".

Nielsen se anima a soñar. Porque Prince Royal Z de la Luz le ha dado muchos motivos para hacerlo.

La ficha

Fecha de nacimiento: 13 de noviembre de 1972
Club: Carrasco Polo
Profesión: Profesor de equitación
Entrenador: Néstor "Tito" Nielsen
Caballo: Prince Royal Z de la Luz
Caballerizo: Walter Velázquez
Veterinario: Federico Pita
Entrenador en Río: Martín Mallo
Logros:
* Noveno en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015
* Campeón en Haras El Capricho 2015
* Campeón en San Jorge 2015
* Campeón en Sol de Mayo 2016
* Campeón nacional 2014 y 2015

Bajo la lupa: el deporte de los millonarios

Athina Onassis, la heredera de la fortuna que amasó su abuelo Aristóteles, creció en Bélgica en un establo repleto de caballos y su pasión siempre fueron los deportes ecuestres. Tanto que en 2005 se casó con el brasileño Álvaro de Miranda Neto, oro en saltos en Winnipeg 1999 y bronce en la prueba por equipos de Atlanta 1996 y Sídney 2000. La pareja, que se acaba de divorciar, es un ejemplo extremo del dinero que se mueve en torno a este deporte donde los caballos pueden valer millones y los costos de preparación, competición y traslados son enormes. Que un uruguayo esté compitiendo a ese nivel ya es digno del mejor destaque y que se tenga fe para pelear una medalla es increíble. Las chances, teniendo en cuenta el poderío de alemanes, estadounidenses o canadienses, es reducida. Pero Nielsen saltará por un sueño.

Uruguayos retro

Roma 1960
Germán Mailhos, 20º puesto
Rafael Paullier, 27º puesto