Un rey que dice adiós sin corona

A los 31 años David Nalbandian anunció su retiro tras una carrera que lo deja entre los mejores tenistas argentinos, pese a que no conquistó ningún Grand Slam ni coronó su gran obsesión: ganar la Davis

David Nalbandian cuelga la raqueta. A los 31 años y acosado por lesiones de hombro y cadera, el líder de una talentosa generación de tenistas argentinos anunció su retiro.

El 21 de noviembre en Córdoba y dos días más tarde en Buenos Aires, el cordobés jugará dos partidos de exhibición ante su amigo Rafael Nadal para ponerle así punto final a su carrera.

Tal vez no sea recordado como el mejor tenista argentino de su época.

Con seis años menos de edad, Juan Martín Del Potro lo supera en títulos ATP (15 a 11), además de haber ganado un Grand Slam (US Open 2009), tal como lo hizo Gastón Gaudio (Roland Garros 2004).

Pero Nalbandian sí fue el corazón de lo que el mundo del tenis conoció como la “legión” argentina y el alma del equipo en la Copa Davis.

La conquista de la Copa Master en 2005 ante Roger Federer y la final de Wimbledon en 2002 fueron los mayores hitos de una carrera de 383 triunfos y 192 derrotas. 

Aquel Wimbledon fue el torneo que le cambió la vida. Tenía 20 años y dos como profesional. Era debutante en el Grand Slam inglés y llegó a la final sin haber pisado antes la cancha central ni haber jugado con anterioridad un torneo sobre césped.

Perdió claramente ante  Lleyton Hewitt 6-1, 6-3, 6-2, sí. Pero revitalizó al tenis de su país. Lo reposicionó. Abrió una puerta para hacer de Argentina una potencia mundial.

Habían pasado 20 años sin que un hombre argentino llegara a una final de Grand Slam desde que Guillermo Vilas perdió con Mats Wilander en Roland Garros 1982.

Un año más tarde, Nalbandian volvió a inscribir a su país dentro del top 10 del ranking ATP.

El último que había estado entre los diez mejores fue Martín Jaite –actual capitán del equipo de Copa Davis–, décimo en julio de 1990. Antes, Alberto “Luli” Mancini había sido octavo en 1989.

Lo de Nalbandian, entonces, fue un sacudón. Y atrás de él llegaron Gaudio, Coria, Puerta, Cañas, Chela, Zabaleta, Acassuso, Del Potro, Mónaco, Zeballos...

Las lesiones fueron convirtiéndolo más en un jugador de Copa Davis que de circuito. En 2009 se operó la cadera y en mayo de este año repitió la intervención, además de operarse el hombro.

La Davis se transformó en una especie de obsesión. Llegó a jugar lesionado, como en 2008 ante Suecia donde ganó los dos puntos de singles y el dobles, mientras otros –como Del Potro– se bajaron este año del equipo para priorizar su ranking personal.

En 2006, con Rusia, y en 2008 y 2011, frente a España, alcanzó la final sin éxito.

Nalbandian también será recordado por su irascible carácter.

En 2009 se lo confesó a La Nación: “Soy bastante difícil, por carácter, personalidad, temperamento, ponele como quieras”.

Más de una vez fue castigado por los jueces por destratos personales: “Tenés que ir a arbitrar Futures, por malo”, era una de sus frases de cabecera.

El año pasado llegó a la agresión contra un juez de línea en la final de Queen’s. Con la prensa tuvo reiterados encontronazos. Sin embargo, para el hincha argentino, rey hay uno solo.


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