Un punto, dos muecas

Nacional disfrutó el empate porque salió a buscarlo, lo defendió con intensidad, Bava fue la figura y los palos jugaron de blanco; Peñarol lo sufrió

Así son los clásicos, ajenos a la realidad del torneo y capaces de generar su propio mundo. Y solo de esa forma se pueden explicar las sensaciones que dejó el empate 0-0 del domingo entre Peñarol y Nacional. Porque, a pesar de que sufrió el punto que rescató en el partido de la undécima fecha ante un Estadio repleto, el aurinegro se mantuvo primero en la tabla y bien ubicado como para quedarse con el título del Apertura, porque a falta de 12 puntos le lleva dos a sus escoltas. En tanto, el tricolor, que prácticamente se alejó de la lucha por el título, disfrutó el empate casi como un triunfo.

Es que el clásico tuvo su propia historia. Como siempre. Con Peñarol que llegaba tras avanzar a ritmo arrollador por el torneo, con casi cuatro goles de promedio y triunfos que conducían al hincha a imaginar el corte de una racha adversa ante Nacional. Tenía razones de sobra para imaginar más de eso, por el desempeñó de los mirasoles, y por las carencias con las que llegó el tricolor, sin Facundo Píriz, lesionado, ni Gonzalo Bueno, el mejor socio que tiene Álvaro Recoba, suspendido.

Era, sin duda, mucho hándicap el que daba Nacional. Sin embargo, la propuesta del técnico Gustavo Díaz, que salió a defender el punto sin importar lo que pudieran decir, por lo amarrete del fútbol albo, resultó una fórmula casi perfecta, si en el segundo tiempo Adrián Luna hubiera convertido cuando le robó una pelota al golero Danilo Lerda, o el penal sobre el delantero que el árbitro Daniel Fedorczuk no advirtió.

Nacional salió a jugar conciente de todas sus limitaciones y el técnico puso siete hombres para defender, los cuatro del fondo y los tres del medio. Por esa razón, el partido tuvo en el primer tiempo un solo destino, el arco de Nacional, donde las manos de Bava, la actitud de los defensas y la suerte, que le acompañó todo el partido (dos pelotas pegaron en los palos), evitaron la caída.

Los aurinegros salieron a buscar la victoria apenas comenzó el encuentro y plantearon el partido en el área de Nacional, donde en los primeros 45 minutos generaron cinco situaciones de gol: una de Zalayeta, dos de Olivera –que no tuvo un buen partido–, una de Estoyanoff y una de Zambrana, en tanto nunca llevó peligro al arco defendido por Danilo Lerda.

Nacional se refugió en su área y Recoba, Luna y Medina quedaron solos arriba.

No hubiera sorprendido si los aurinegros ganaban por dos goles en ese primer período, pero así son los clásicos, y la actitud de los albos pudo más que el empeño de los mirasoles.

En el complemento cambió el partido, porque Peñarol se quedó sin fútbol ni fuerzas para llegar al arco de Nacional y Jorge Da Silva se quedó esperando por sus titulares sin cambiar su propuesta hasta cuando faltaban 13 minutos y porque, inteligentemente, los tricolores empezaron a aprovechar los espacios que generaba el aurinegro en su cancha, con los pases profundos de Recoba y las corridas de Luna. Recoba se retrasó unos metros y asistió. Solo con eso le alcanzó al tricolor para dañar al equipo mirasol. Entonces, a partir de los 55 minutos aprovecharon las fallas de la defensa de Peñarol. A los 67 minutos, en una pelota intrascendente, Lerda perdió el balón ante la presión de Luna, el delantero se demoró en definir y cuando buscó el remate, un gran cierre de Darío Rodríguez evitó la caída. A los 74 minutos estuvo cerca del gol en dos ocasiones, primero cuando Recoba sacó un disparo desde afuera del área, que desvió Lerda tras gran acción, y en el rebote Luna remató afuera.

También el tricolor estuvo cerca del gol, pero lo impidió el árbitro cuando no pitó un penal a Luna, cuando fue derribado dentro del área. Fedorczuk, que merece un capítulo aparte, amonestó al delantero porque entendió que simuló la falta.

El juez fue muy flexible con las acciones violentas en el primer tiempo: una falta de Lembo sobre Zambrana al minuto de juego, que debió sancionar con amarilla, le hubiera costado la roja al zaguero en el segundo tiempo, y porque debió expulsar a Macaluso a los 8 minutos y a Novick por doble amonestación, y solo le sacó una amarilla a ambos.

En los últimos minutos, Peñarol asumió otra vez el papel protagónico que le imponía su mejor integración y en dos ocasiones se salvó el arco, en la primera, a los 84 minutos, cuando Bava le sacó un gol a Estoyanoff y, en la segunda a los 87, Zalayeta estrelló una pelota en el palo.

El técnico tricolor hizo correr el reloj, como sus futbolistas a lo largo de todo el partido, en los últimos minutos (a partir de los 85 hizo un cambio cada 60 segundos). De esa forma consiguieron un empate de valor superlativo por las circunstancias en las que jugó, pero que resta más de lo que suma en la tabla.

El gran perdedor del clásico fue Peñarol y el técnico Jorge Da Silva, porque no supieron aprovechar el envión futbolístico con el que llegaban para cortar la racha de Nacional. Y ese no es un detalle menor en estos duelos que tienen su propia historia, y que marcan en su historia reciente una clara superioridad alba.

Eso sí, más allá del mundo aparte que es el clásico, el título del Apertura no debería tener otro color que amarillo y negro.


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