Un mercado que se expande

Alejandra Scarrone de Goes y Fernanda Marrochi de Scuola se van a jugar a Italia en un deporte que cada vez coloca más jugadores en el extranjero

Juntar unos euros en lugar de pagar para jugar. Dedicarse a pleno a una pasión donde en Uruguay solo se entrena un par de veces por semana y a los saltos entre el estudio o el trabajo. Alejandra Scarrone se embarcará en un par de semanas en una aventura europea, siguiendo una tendencia creciente entre los jugadores uruguayos de hándbol.   

Armadora de Goes, campeona Federal y goleadora en las finales del año pasado donde su equipo fue campeón por primera vez, Scarrone, de 20 años, fue contratada por Salerno, tetracampeón de Italia.

“Hace dos años tuve ofertas para ir a jugar a Brasil e Italia y también para ir a escuelas de Noruega, Alemania y Dinamarca. Pero no me veía a los 18 años viviendo sola. Ahora no quiero dejar pasar la oportunidad porque si no es algo de lo que me voy a arrepentir”, contó a El Observador.

Italia es un mercado menor para el hándbol europeo. Pero se paga en euros. Sin embargo, Alejandra afirma que lo que la sedujo para irse es lo que vivirá como experiencia deportiva: “Dedicarme a jugar, entrenar en doble horario y subir el nivel de competencia es lo que me gustó”.

Otra jugadora que se va a Italia para el arranque de la próxima temporada, la 2014-2015, es Fernanda Marrochi, armadora de Scuola Italiana.

“Tener la posibilidad de ir a jugar a otro medio deportivo es importante y más a nivel profesional. Es el sueño de muchos deportistas y de muchos jugadores de hándbol poder llegar a realizarlo. Es todo un desafío, algo completamente nuevo y diferente en todo sentido: en lo técnico, deportivo, en las competencias y entrenamientos. Se convierte en trabajo y para mí un trabajo de vocación”, comentó a El Observador.

También fue lo deportivo y lo económico lo que la movió a irse: “Lo económico para mí, hasta ahora, siempre fue totalmente desconocido”. Jugará en Ferrara donde está la arquera Paula Gambera desde 2010.

Fernanda es hermana de Pablo Marrochi, el mejor jugador uruguayo que desde este año defiende a la selección de Italia.

En 2007, tras un pasaje por Maringá de Brasil, llegó a Conversano donde ganó un montón de títulos. La temporada pasada pasó a Carpi y la venidera se va a jugar a Luxemburgo, en HB Kaerjeng.

Marrochi contó que la recesión europea de 2011 le quitó fuerza económica al mercado italiano.

Pero él ya se hizo un lugar y tiene un talento de elite como para pelear buenos contratos.

Nicolás Fabra lo confirmó: “Cuando me volví en 2012, el mercado había decaído mucho por la crisis y por lo que tengo entendido hasta ahora no ha mejorado mucho. Difícilmente vuelva, la diferencia tendría que ser mucha”, contó el armador de Scuola.

La primera jugadora en irse al extranjero fue Jussara Castro, quien se retiró este año. En 2001 se fue tras meses a Ulbra de Brasil y en 2006 a Conversano, de Italia.

Ese año llegó a Ancona el arquero Mario Sánchez. “Al principio cuando era profesional tenía mi casa y ganaba un sueldo y tenía todo pago, entonces te daba para ahorrar. Ahora  tengo trabajo y lo hago como un extra”, contó.  

El puntero Hermann Wenzel jugó en 2009 cinco meses en Montepradone: “Me traje € 7.000, me dieron casa y comida. Solo gastaba en el almuerzo. Deportivamente es otro mundo, vivís para eso”, recordó.

Pablo Poggio jugó en Cingoli (2007) y Guardiagrele (2007-2008). “Lo que más te sirve es en lo deportivo, por la dedicación a tiempo completo. Lo económico no tanto porque pagaban entre
€ 1.000 a € 2.000”.

Los últimos aventureros fueron los jóvenes Alejandro Velazco y Diego Morandeira.

“En Italia hay muchos jugadores que viven de esto, pero yo fui para mejorar. Me pagaban la casa y la comida más un sueldo que servía para ahorar y darme algunos gustos, pero que no hacían una diferencia económica”, contó a El Observador Velazco.

Morandeira aportó en sintonía: “Es otro tipo de roce deportivo”. A sumar esa experiencia se marchan ahora los talentos de Scarrone y de Marrochi.


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