Un líder con marcha irregular

Ante el estudio de los rivales y los esquemas defensivas, Munúa prueba con éxito dispar
Nacional dejó una puerta abierta con su empate (1-1) ante El Tanque Sisley el pasado sábado. Pero ni Defensor Sporting ni Peñarol supieron aprovecharlo. El equipo de Gustavo Munúa sigue siendo el líder del torneo. Pero en materia de funcionamiento el equipo tiene una marcha irregular.

Después de conseguir tres triunfos al hilo (Plaza Colonia, Juventud, Cerro), tras la caída ante Wanderers, Nacional volvió a dejar puntos.

Es cierto que salir del confort del Parque Central o del Centenario lo afectó. Con el bohemio perdió en el Viera (1-2) y con El Tanque empató en el Campeones Olímpicos de Florida.

Pero hay razones más profundas que determinan que este equipo aún no ha llegado a su máxima expresión.

La primera razón es que Munúa arrancó con premisas muy claras de juego y que los rivales lo han estudiado y le han planteado esquemas defensivos para contrarrestar sus fortalezas.

El arquero devenido en entrenador apuesta por una fórmula ofensiva de mucho respeto a la pelota, de salida prolija y por abajo, de transiciones rápidas, de mucha circulación y rotación en posiciones de ataque.

Pero en el fútbol uruguayo la máxima de que destruir es más fácil que construir se ve fin de semana tras fin de semana.

Y el Nacional de Munúa se ha encontrado con rivales que le cierran los caminos en defensa y al mismo tiempo lo presionan bien arriba en la salida para hacerlo jugar incómodo.

El que mostró el camino fue River Plate, luego de que el tricolor se floreara en Bolivia en el arranque de la Copa Sudamericana (3-0 a Oriente Petrolero) y en el Apertura (4-1 a Villa Teresa) con un fútbol de alto vuelo.

La presión alta ha complicado a Nacional. Porque a veces lo obliga a tirar pelotazos, un arma que el equipo manejaba a la perfección bajo la batuta de Álvaro Gutiérrez pero que ahora lo hace jugar fuera de su nueva ideología.

En segundo lugar, la referencia sobre Gonzalo Porras se ha ejercido a veces determinando que el equipo juegue sin su cerebro.

Porque Porras es el hombre que organiza, distribuye y pasa al compañero ubicado en mejor posición. Es el que inicia los ataques y el que le da sentido al juego.

Robert Flores (River) y sobre todo Matías Santos (Wanderers) lograron reducir su grado de influencia. Y Nacional lo sintió.

Su ladero ha sido Santiago Romero hasta el sábado pasado cuando el Colo pasó al lateral y Sebastián Eguren conformó el doble cinco.

Cuando el Colo debe cargar con la responsabilidad de lanzar y asistir su nivel decrece.

Y el experimento del sábado de Eguren-Porras no dio resultados. El primero fue el que se encargó de bajar a iniciar el armado. Pero Nacional no fue el mismo. Y eso que El Tanque no le mandó encima una referencia a Porras.

Otro problema es que el equipo no tiene la misma capacidad de sorpresa cuando suelta a sus laterales en ataque.

Alfonso Espino, por izquierda, tiene una mejor sincronía con Alejandro Barbaro que la que se logra por derecha donde han jugado como laterales Jorge Fucile, Damián Eroza, Sebastián Gorga y el propio Romero mientras que como extremo arrancó Leandro Barcia y ahora juega Rodrigo Amaral que se ganó la titularidad.

Munúa supo desbalancear ofensivamente el equipo con éxito transformando la idea madre del 4-2-3-1 en un 4-1-4-1 contra River pero no así contra Wanderers.

Y también apostó en el decurso de dos partidos por dos delanteros de área con Iván Alonso y Sebastián Abreu (ante Plaza y El Tanque) pero el equipo se reiteró en pelotazos y renunció a su idea madre de juego.

Ante Cerro, Sebastián Fernández (clave con dos goles en el triunfo ante Juventud) se ganó un lugar entre los titulares y jugó como referencia neta de ataque junto a Alonso.

También trastocó un poco al equipo la salida por lesión de Ignacio González que recién volvió contra El Tanque y su ausencia privó al equipo de la aceitada circulación de juego del enganche.

Así y todo Nacional es líder. Pero Munúa busca regularidad.


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