Un homenaje cargado de emociones

En un partido en el que los campeones de 1988 ingresaron con sus nietos como mascotas, el club y los hinchas rindieron tributo a los que lograron la Intercontinental de 1988

Hace 25 años entró con su hija como mascota. Anoche con sus nietos en brazos. Para Hugo De León fue una noche especial. Diferente. Igual que para cada uno de los integrantes del plantel campeón del mundo de Nacional de 1988, que ayer recibieron un reconocimiento muy particular en el Parque Central por parte de los hinchas que se reunieron para celebrar la última gesta de un equipo uruguayo en el torneo más importante a nivel de clubes.

En una ceremonia inédita para esta generación, porque por primera vez desde hace 25 años se encontraron para jugar otro partido de fútbol, fue una noche de recuerdos, para los que lo vivieron del otro lado del mundo la consagración, y para los que lo disfrutaron en la madrugada de Montevideo aquel 11 de diciembre de 1988.

“Aquella noche fui con mi padre al centro de Las Piedras a festejar”, recordó a El Observador cuando antes del partido llegó al Parque Central, Richard “Chengue” Morales que ayer formó parte del espectáculo como exfutbolista tricolor.

Y del otro lado del planeta, los jugadores también lo sufrieron. “Fue dificilísimo todo”, recordó Héctor Morán durante el partido. Y Mario López agregó: “Allá en Japón estábamos solos y no le dimos la dimensión que teníamos, por eso esto es impagable. No fue poca cosa, porque pasaron 25 años y no se repitió”.

A la ceremonia de anoche asisitieron cerca de 2.000 espectadores y el Parque Central lució sus mejores galas: en la tribuna Scarone se colocó una bandera gigante que cubrió casi totalmente el cemento y en la Atilio García una pantalla gigante, en la que se mostraron imágenes de la final en Tokio.

Desde temprano fueron llegando uno a uno los exfutbolistas y los actuales que se prestaron para firmar autógrafos, tomarse fotos y recordar alguna historia con los hinchas que les recibían como héroes. Como lo que fueron hace un cuarto de siglo.

Los campeones compartieron el vestuario con los actuales integrantes del plantel principal y allí se encontraron dos generaciones muy diferentes de futbolistas, una que se acostumbró a la gloria con las grandes conquistas, en la época en que la competencia local tenía un valor agregado y promovía equipos campeones, y la actual, que transcurre por un carril diferente.

El vesutario los reunió a todos y fue escenario de cuentos, charlas y anécdotas. De saludos, como el de Richard Porta con Juan Carlos de Lima.

Y después a la cancha. Los integrantes del plantel principal actual formaron una pasarela para recibir a los campeones. Con la conducción del Licenciado Orlando Petinatti, fueron desfilando uno a uno los campeones. Desde Jorge Seré hasta Héctor Morán. Uno a uno recorrió la pasarela, saludó a los futbolistas actuales hasta recibir un recuerdo de los 25 años por parte de los dirigentes.

El campeón más reconocido por el público fue De León, que con dos de sus nietos en brazos y otro tanto caminando, recorrió el césped del Parque Central bajo el más intenso aplauso y el grito de la hinchada que coreó su nombre.

Después el fútbol, más informal que formal. Con los que hicieron historia y los que escriben la escriben actualmente. Alguna corrida sin ninguna exigencia por parte de los integrantes del plantel actual, que el domingo pueden ser campeones del Apertura y poco más, como parte de un show que se cerró con la exhibición en una pantalla gigante de las imágenes de la final de hace 25 años. Al final y al cabo el partido solo era una excusa. Los abrazos, las emociones y el festejo. Luego los fuegos artificiales y las fotos con las copas que le brindan a los integrantes del equipo de 1988 un lugar de privilegio en la historia de Nacional y de Uruguay. l


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