Un final muy abierto

San Antonio y Miami están 2-2 en una serie con estados de ánimo bien cambiantes

La sensación en los equipos de la NBA que han enfrentado a Miami en las instancias decisivas de los playoffs se debe parecer a ese viejo gag en el que una persona se encuentra un billete de US$ 100 en el piso y, cuando lo va a tomar, se da cuenta de que está pegado con cemento. Le pasó hace un año a Boston en la semifinal cuando perdió tras tener la serie 3-2 y a Oklahoma en la final: luego de ganar el primero de siete partidos, Miami barrió para llevarse el trofeo. Esta temporada, Indiana tuvo la serie a su favor y logró arrancarle tres partidos al equipazo de Dwyane Wade, LeBron James y Chris Bosh. Pero el decisivo fue ganado con autoridad por los comandados por el número 6 del Heat.

Hace dos semanas comenzó la serie contra San Antonio Spurs de Tony Parker, Manu Ginóbili y Tim Duncan. Ganaron el primero y llegaron a ganar el tercer partido por 36 puntos, pero haciendo honor a la estadística (ver recuadro), Miami empató la serie de visitante y por cifras dobles con un Wade que llegó con una férula en la rodilla y se fue con 32 puntos, seis rebotes y cuatro asistencias. Da la sensación de que ganarle cuatro partidos a Miami es virtualmente imposible.

Pero todo puede ser. Con la serie a siete partidos en 2-2, ahora Miami parece tener la ventaja psicológica. Las claves de esta final pasan tanto por las estrellas de cada equipo como por el reparto de jugadores de otras castas menores. Teniendo ya claro que en ese sentido San Antonio le va a hacer mucho más fuerza a Miami que Oklahoma, queda ver qué tanto pueden dar sus actores de reparto. Recién en este cuarto partido LeBron pudo pasar los 20 puntos y Bosh se volvió algo menos descartable en defensa, aunque su aporte principal fue un tremendo flop (simulación de falta) que sacó de quicio a los Spurs. La serie viene intensa, abierta y picada, ideal para cualquier espectador. l


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