Un desafío profesional

Los entrenadores se van fascinados a Oriente donde chocan con una realidad que los condiciona

"Hay seis jugadores que llevo dos días que no sé ni dónde están”, fue la sentencia con tono de resignación de Daniel Carreño. Y después agregó: “Es común que acá te digan, trabajá vos que sos extranjero”. Evidentemente hay algo contra lo que el profesionalismo no puede: la naturaleza del hombre.

El fútbol de Oriente se transformó en un mercado seductor para muchos entrenadores uruguayos. Otro mundo. Otra realidad. Otro fútbol. Pero claro, cuando desembarcan se encuentran con una realidad que condiciona su trabajo. El escaso profesionalismo de los futbolistas. ¿Motivos? La naturaleza del hombre.

En estos lugares los que se convierten en futbolistas no juegan con la obligación de tener que ganarse el dinero de cada día.

Para que tengan idea, Carreño reveló que “una vez llegué al parque automotor del club (Al-Nassr) y eran BMW, Porsche, Mercedes”. Y ahí se produce el choque cultural.

En las últimas horas se conoció que Jorge Da Silva volvió a Oriente. Fue presentado como nuevo DT de Baniyas de Dubái por un año con chance de renovar hasta 2016. Polilla ya tiene experiencia. Estuvo en 2009 y 2010 en Al Nassr de Arabia Saudita por lo que conoce de la historia, no se la cuentan.

Las historias
Polilla reveló en una nota con El Observador que “como los futbolistas tienen mucho dinero, no asumen responsabilidades”.

Dicen que el colombiano Francisco Maturana, cuando estuvo en Arabia, intentó implantar normas de conducta. Comenzó a multar a los jugadores por faltar a los entrenamientos. ¿Qué logró? Que los futbolistas perdieran el humor.

Cierta vez multó a un jugador que le respondió de una manera inesperada. Se fue a la casa del Príncipe, dueño del equipo, y este le dio US$ 300 y US$ 500 para que pagara la multa y no armara lío a través de la prensa”.

Carreño acotó en una nota con el programa Derechos exclusivos de CX 26 que “el tema de la disciplina es permanente. Convivimos con el desafío de hacerlo venir todos los días a entrenar al jugador. A mí me pasó, por ejemplo, que el médico del equipo saliera a jugar con su hijo a las dos de la mañana y al otro día te viene medio dormido”.

Es impensado imaginar las cifras de dinero que se manejan.

A modo de ejemplo, Jorge Fossati contó a El Observador en junio de 2008: “El presidente de la Federación es un jeque descendiente de familias reales. El jeque Yassim es la autoridad máxima del fútbol (en Catar) y su hermano es el príncipe heredero. Al jeque le apasiona el fútbol. De repente hay un lindo partido y quiere ir a ver a Chelsea, se sube a su avión y va a verlo”.

El preparador físico Alejandro Valenzuela acompañó a Fossati en aquella aventura y recordó: “Al príncipe lo ves de particular y no das dos pesos, es un flaco barbudo al que le piden la cédula, pero tiene todo el oro. Fuimos a su casamiento. El palacio es todo oro. Miren cómo será la cosa que para armar el fixture del campeonato contrataron a dos alemanes. ¡El fixture!”.

Pero el dinero no es la única pelea que deben  librar los entrenadores que asumen el desafío de irse a Oriente. La temperatura es todo un tema. El calor es infernal y se debe entrenar de noche y cenar de madrugada.

Y el aspecto religioso también se debe contemplar. La hora del rezo es sagrada y todo se debe fijar contemplando el tema. Entonces los horarios de entrenamiento se establecen de acuerdo a la religión. “Me pasaron cosas increíbles con el tema de la oración y el rezo. Estando una vez en un intervalo entre el primer y el segundo tiempo, cuando fui a dar la charla técnica, solo había cinco jugadores. Los otros se habían ido a rezar”, afirmó Fossati.

Y finalmente el tema cultural. Generalmente los profesionales que viajan lo hacen solos. Llevar a la familia es todo un tema. “Mi hijo era chico y no podía entender que su madre se tuviera que tapar la cara para salir a la calle y es un trauma”, contó Jorge Da Silva a El Observador.

“La mujer anda poco en la calle y anda tapada. No se puede mirar a una mujer”, reveló Daniel Carreño. Mientras que Fossati recordó que “una vez una señora catarí me pidió que me sacara una foto con su hijo; después le estiré la mano para saludarla y me dejó con la mano colgando”.

Da Silva vuelve a Oriente. Conoce las historias. Pero afronta el reto. El desafío es tolerar el sufrimiento de vivir en una cultura completamente diferente. La recompensa los petrodólares que pagan.


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