Un atleta de Youtube

En Kenia, un país donde los deportistas se destacan por correr, Julius Yego aprendió a lanzar jabalina por la web

Antes del arranque de los Juegos de Londres, Kenia tenía ganadas 75 medallas en su historial olímpico que comenzó en Melbourne 1956: 68 en pruebas atléticas de mediana y larga distancia, y siete en boxeo. 

Por eso, una de las mayores sorpresas que presentó en su delegación es un lanzador de jabalina: Julius Yego quien superó el miércoles las clasificatorias y hoy disputará la final.

Pero lo más curioso de la historia de Yego no es su postura rebelde a la hora de elegir su disciplina deportiva sino la metodología que utilizó para aprenderla: Youtube.

Sí. En Kenia no hay entrenadores especializados en lanzamientos. Todo se reduce a correr largas y medianas distancias aprovechando factores genéticos, geográficos (la altura) y de tradición deportiva.

Es que Kenia ganó su primera medalla en Tokio 1964 en la prueba de 800 metros cuando Wilson Kiprugut obtuvo el bronce. En esa misma prueba David Lekuta Rudisha, se convirtió en uno de los héroes de Londres al rebajar su récord mundial llevándolo a 1.40.91.

En otras pruebas, como los 3.000 con obstáculos, el dominio keniata es mucho más ostensible mientras que en 2008 rompieron la maldición en la maratón masculina.

Yego aprendió imitando al checo Jan Zelezny, tricampeón olímpico en 1996, 2000 y 2004.

Y también estudió a los dos mejores lanzadores de los últimos ocho años: el noruego Andreas Thorkildsen y el finés Tero Pitkamaki.

El primero de ellos es el vigente bicampeón olímpico. Pitkamaki fue bronce en Beijing y campeón mundial en Osaka 2007.  

A Yego, de 23 años, mal no le va. Es más, el pasado 1º de julio se proclamó en Porto Novo campeón de África con una marca de 76,68 metros, y en Londres se superó en las eliminatorias: 81,81 m, nuevo récord keniata.

En tres años, los que lleva practicando jabalina, mejoró en siete metros su marca personal.

Este sábado, a la hora 15.20, estará en el campo viéndose las caras ante los Thorkildsen y los Pitkamaki. 


Fuente: El Observador

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